MARÍA ANTONIA LÓ[email protected]
Se ha preguntado qué hacer con tanto papel de desecho que se utiliza a diario. Cuántos árboles se talan en el mundo para lograr que una simple hoja blanca llegue a nuestras manos.
Los ecologistas insistieron por muchos años en el daño causado mundialmente por la tala indiscriminada de bosques. Las campañas están surtiendo efecto. En Nicaragua el proceso apenas inicia, aunque a la inversa. Dos empresas se dedican al reciclaje de papel: IUCASA de capital nicaragüense ubicada en Granada y REMAR de origen salvadoreño establecida en Managua.
Esto ha dado lugar a la creación de pequeñas microempresas familiares informales de acopio en varios puntos de la capital. El más fuerte es en el sector conocido como “La Chureca”.
Marta Zamora, habitante del Barrio Santa Ana, ubicado al occidente de la capital, lleva el control de la “Microempresa Familiar” dedicada a recolectar papel y otro tipo de productos, como envases plásticos y vidrio para luego venderlos para ser reciclados.
“Vamos a los departamentos donde hay gente que vende el papel, trabajamos con el mismo dinero que logramos obtener de la venta a Industria Unida Centroamericana S.A. (IUCASA)”, explicó.
Dijo que sólo trabajan en familia, “porque estamos desempleados, tengo cuatro hijos varones y cuatro hijas mujeres, más una abuela, ahorita tenemos problemas, no sabemos cómo vamos a hacer porque los compradores nos acaban de decir que no se van a llevar el papel porque están llenos, y no quieren comprar papel periódico”, agregó.
Similar actividad registran unos cinco puestos más establecidos en el sector de Santa Ana y la entrada a “La Chureca”, quienes a diario se dedican a recolectar papel en la capital o en los departamentos, luego lo seleccionan y empacan en quintales de 100 libras para venderlos posteriormente.
Zamora dice que ella compra el quintal de papel a 30 córdobas y las recicladoras se los pagan en 40 córdobas el seleccionado y 50 el blanco bond.
Por su parte Mauricio Antonio Reyes, gerente administrativo de la Recolectora de Materiales Reciclables (REMAR), explicó que seleccionan el producto para luego embalarlo para llevarlo a El Salvador, donde se echa en molinos para hacerlo pulpa de papel.
Con el papel blanco bond, se elaboran papel higiénico, toallas sanitarias, servilletas, así como papelería en general.
Mientras con el papel periódico se fabrican cajillas de huevo y techos fibrolit.
REMAR, de origen salvadoreño, tiene un año de establecida en Nicaragua, aunque su presencia en Honduras data desde hace 20 años.
“Estamos mandando en cada furgón 500 quintales de papel, por lo general son cuatro furgones mensuales desde Nicaragua, aunque de Honduras salen hasta ocho furgones. Proporcionamos el consumo de una semana a El Salvador”.
Un furgón cargado de papel bond hacia El Salvador tiene un precio aproximado de 42,500 córdobas y el papel a color unos 30,000 córdobas.