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Francamente que no sé qué está pasando con la FENIBA y el béisbol nacional.
El año pasado, Carlos García, presidente de la federación nacional, quedó desilusionado por el rumbo que llevó el campeonato, y prometió que para el torneo 2000-2001 las cosas serían diferentes.
Se acabaría el caos, el cambio de reglas cada semana, y lo que más señaló Carlos fue que los directivos de los equipos tendrían que obedecer las reglas de FENIBA y no imponerlas.
¿Recuerdan que si era “por consenso” entre todos los equipos se aprobaba el cambio? Eso llevó a casos como cuando el San Fernando se opuso a que cuatro importados jugaran en un partido, y solamente se podían utilizar tres, y había que señalarlos antes del juego.
Se llegó al extremo que para que todos los clubes aprobaran el aumento en el número de jugadores extranjeros los equipos interesados en traer más foráneos le pagaban el sueldo de los nuevos importados a los equipos que no podían pagarlos.
Se percibía que Carlos García había soltado las riendas del torneo, que los equipos hacían y deshacían sin alguien que los guiara, sin una autoridad que impusiera el orden.
“Es que tiene que obedecerle a Alfredo Fernández (secretario de la presidencia y directivo del León)”, decían unos (equivocadamente, esa directiva se retiró de la liga). “Le tiene miedo al presidente del Bóer, Byron Jerez, porque teme perder su puesto al frente del Instituto Nicaragüense de Juventud y Deportes”, dijeron otros. Carlos lo negó siempre.
Sin embargo, Carlos se propuso hacer una liga en la cual FENIBA llevara la voz cantante.
Fue dramático el impacto (para los que estamos en esto, no tanto para el público que no había sufrido ningún efecto todavía) del comunicado del 29 de abril, el famoso de los “Lineamientos”.
Algún equipo, de los que tienen relativamente pocos jugadores de su región, se sintieron (con justa razón) afectados. Prometieron “apelar”.
En los “lineamientos” estaba una fórmula de preinscripción de jugadores a través del Béisbol Especial; casi nadie le hizo caso (Rivas y León la supieron utilizar, como una forma de darle fogueo a peloteros ya establecidos en Primera División pero que todavía necesitan turnos al bate o entradas lanzadas).
Por último, y como estaba previsto, salió la lista de los jugadores clasificados en categorías, A o B, quedando reservada la C para los novatos. Con toda justicia, peloteros como Gilbert Smith y Carlos Berríos se sintieron afectados, pues su estadía en futuros trabucos que están firmando a “agentes libres” estaba amenazada al ocupar las “estrellas” sus lugares en el roster. Prometieron apelar, aunque en el caso de ambos peloteros tuvieron el uno una promesa de un futuro lugar en la nómina y el otro una preinscripción.
Ahora se informa desde FENIBA, que las preinscripciones ilegales y alocadas de los equipos valen, que el nuevo reglamento, que se espera esta semana, invalidará el artículo IV de los “Lineamientos”, y que se reducirá el número de peloteros categoría “A”. Es decir, varios serán reclasificados como “B”.
Quiero que sepan que yo no estoy en contra de estas medidas; que yo quisiera que todos los peloteros menos los nuevos fueran agentes libres, y que la libre competencia regulara sus salarios. Que estoy de parte del beis profesional, profesionalmente ordenado, y de parte de un sindicato de peloteros que vele por los derechos de los jugadores.
O sea, que soy capitalista y demócrata. No me gustan las peleas de tigre suelto y burro amarrado, que es lo que muchos en Nicaragua creen que es “ser hombre de negocios” (la vivianada de siempre, vaya).
Lo que me horroriza de lo que está pasando, es que una vez más se ha rayado el cuadro, una vez más se han establecido las reglas. Y una vez más, a la hora del “playball”, todo se cambia, y la autoridad hace el ridículo. Los equipos han manoseado a Carlos.