- “¡Qué tontos (los estadounidenses que retienen al niño)! Nos han unido (a los cubanos) para siempre”, dijo en torno al caso el poeta católico Cintio Vitier
Con su tradicional uniforme verde olivo, Castro convirtió el caso Elián en asunto de Estado, pasó varios días en vela, escribió mensajes, organizó manifestaciones y transformó un set televisivo en una mesa de información, a la que asistió casi a diario, ante la sorpresa de los televidentes.
El caso le sirvió para descubrir nuevos cuadros y movilizar a la juventud -sector que suele ser más crítico con el sistema- en torno a una serie de demandas a Estados Unidos, como la desaparición del embargo económico, la ley de Ajuste Cubano (que favorece la migración ilegal, de acuerdo a La Habana), las leyes Helms-Burton y Torricelli.
En los últimos diez años, período de severa crisis económica, los cubanos no habían salido a las calles como lo han hecho ahora. Aunque ha habido críticas, en particular por los gastos, los mítines han sido frecuentes y multitudinarios.
El caso Elián oxigenó al régimen del que muchos habían vaticinado su muerte antes del fin de siglo, arrastrado por el derrumbe del Muro de Berlín.
“¡Qué tontos (los estadounidenses que retienen al niño)! Nos han unido (a los cubanos) para siempre”, dijo en torno al caso el poeta católico Cintio Vitier.
Es más, Castro se siente fortalecido a tal punto que -en entrevista reciente- negó que esté preparando a un sucesor porque no será necesaria una transición en Cuba llegado el caso de su muerte. Consideró que la transición en la isla se viene haciendo hace 40 años.
En esta etapa de revitalización personal, a sus 73 años, presentó a Cuba como una alternativa viable frente a una América Latina sumergida en profundas disparidades socio-económicas.
Y dice no estar dispuesto a aceptar condiciones políticas de Estados Unidos y de Europa, ni a abrir espacios a la disidencia interna.