La Contra carecía de experiencia para negociar

Fortaleza militar no se trasladó a la mesa de conversaciones Ex comandantes se quejan de traición del liderazgo político Polos de Desarrollo nacieron muertos RAPHAËLE BAIL yORLANDO VALENZUELA Primera entrega Diez años atrás, el 27 de junio de 1990, tras intensas negociaciones, primero con el gobierno sandinista y luego con la administración de doña Violeta […]

  • Fortaleza militar no se trasladó a la mesa de conversaciones
  • Ex comandantes se quejan de traición del liderazgo político
  • Polos de Desarrollo nacieron muertos

RAPHAËLE BAIL yORLANDO VALENZUELA

Primera entrega

Diez años atrás, el 27 de junio de 1990, tras intensas negociaciones, primero con el gobierno sandinista y luego con la administración de doña Violeta Barrios de Chamorro, el Comandante “Franklin”, Israel Galeano y todo el Estado Mayor de la Resistencia Nicaragüense, entregaron su fusil a un equipo de oficiales de la Organización de Naciones Unidas para Centro América (ONUCA) y de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Ese memorable acontecimiento histórico, celebrado en el poblado chontaleño de San Pedro de Lóvago, dio inicio al proceso oficial de desmovilización de la “Contra”, después de una larga y sangrienta guerra de casi diez años.

A partir de ese día, más de 22,500 comandos pasaban oficialmente a reintegrarse a la vida civil, con la esperanza de que se cumplieran las promesas hechas por el gobierno, durante las espinosas negociaciones para lograr su desarme y desmovilización.

A diez años de aquel momento histórico, que marcó el fin de la guerra en Nicaragua, miles de desmovilizados de la Resistencia siguen viviendo casi la misma situación de miseria y abandono que antes vivían. Paradójicamente, esa situación precaria también la viven sus antiguos enemigos en el combate, los ex miembros de las Fuerzas Armadas.

¿Fue un éxito la reinserción social de la Resistencia o fracasó? ¿Cuál es la experiencia con los licenciados de las Fuerzas Armadas? ¿Cuáles son las materias pendientes en este campo, a diez años de aquel histórico día?. Esta serie de Reportajes especiales, denominada “10 años del fin de la guerra”, pretende responder a esas interrogantes.

Luis Fley se incorporó a las filas de la Resistencia (la Contra), el 13 de junio de 1981, adoptando el nombre de “El Tigrillo”. Sin embargo, dos años después, por órdenes de los instructores argentinos en Honduras, que dijeron que con tantos nombres de animales ya parecía un zoológico y que ellos preferían nombres de personas, un amigo lo “rebautizó” como “Comandante Johnson”.

Desde ese momento y hasta la fecha, a este hombre, ex Fiscal de la Contra, se le identifica más como “Comandante Johnson” que con su nombre verdadero: Luis Fley. En la historia de la Resistencia, él es el primer desmovilizado oficial, ya que aceptó desarmarse seis meses antes para incorporarse a la etapa final del proceso electoral de 1990.

“Entré a Nicaragua como observador electoral, con la protección de las Naciones Unidas”, relató Fley a LA PRENSA. Era el 8 de enero de 1990 y lo acompañaron ocho de sus lugartenientes.

“Participé en muchos mítines de la UNO (Unión Nacional Opositora) y hasta del Frente Sandinista, con la misión de recoger la opinión de la gente. Nos movimos por todo el territorio nacional, fue una experiencia muy buena”, refirió.

Mientras tanto, el Directorio Político de la Resistencia y el Estado Mayor se habían negado a las exigencias del gobierno sandinista de deponer las armas, como expresión de “buena voluntad”.

“Nosotros no nos queríamos desarmar hasta que no se dieran los resultados de las elecciones, porque no confiábamos que los sandinistas iban a dar elecciones limpias, libres y permitir la vigilancia internacional, entonces había que permanecer con las armas como una medida de presión”, refirió.

Tres años atrás, a inicios de diciembre de 1987, arrancaron las negociaciones oficiales entre el gobierno sandinista y la Contra, en República Dominicana, pese a que los dirigentes rojinegros –en múltiples oportunidades–, habían asegurado públicamente que primero “se caerían las estrellas del cielo”, antes que se sentaran a una mesa de negociaciones con sus enemigos en armas. Sin embargo, según Fley, se vieron obligados a ceder.

Esas primeras pláticas en República Dominicana, en 1987, se realizaron en el Palacio Episcopal. No fueron directas, sino que a través del Cardenal Miguel Obando y Bravo, quien en su papel de “puente” entre ambas delegaciones, llevaba y traía los mensajes entre ambas delegaciones, hospedadas en distintas partes de la ciudad.

“En esa ocasión nunca nos vieron la cara, hasta que venimos a las pláticas de Sapoá, donde estuve en la parte técnica, diseñando los enclaves”, refirió “Johnson”.

FALTA DE EXPERIENCIA EN NEGOCIACION
Para Oscar Sobalvarro, “Comandante Rubén”, una de las mayores debilidades del proceso de desarme fue la falta de experiencia de la Contra en materia de negociación y una virtual “traición” por parte de la dirigencia política.

“Nosotros fuimos a una negociación sin ninguna experiencia, porque toda la estructura política de la Resistencia ya se había integrado a la campaña de la UNO. Pensábamos que eran nuestra gente, pero la mala suerte es que los políticos nuestros –que luego obtuvieron la diputación o cargos en el Gobierno–se fueron a defender intereses personales”, señaló Sobalvarro.

Originario de Jinotega, Sobalvarro contribuyó a la creación del primer embrión de la “Contra”, al alzarse en armas el 20 de marzo del 1980, debido a una persecución política contra su familia y por la promoción del ateísmo en el campo por parte de los dirigentes de la alfabetización en la comunidad donde vivían.

“El marxismo-leninismo chocó con la mentalidad históricamente cristiana del campesino nicaragüense, llegaron a decir (los jefes de brigadistas) que Dios no existía o que Dios era Fidel Castro”, refirió.

Además, aseguró que persiguieron políticamente a su padre, quien fungió en los años 70 como Juez de Mesta bajo el régimen de Somoza. Por esa razón, presuntamente, él, su padre y un hermano, estuvieron a las puertas de ser asesinados. Así que se alzó en armas desde 1980 y las entregó diez años después.

Sobalvarro recordó que él fue designado “Negociador” por el Consejo de Comandantes Regionales, máxima autoridad militar de la Contra. En correspondencia, conducía las negociaciones en el Hotel Las Mercedes, hasta que se enteró de que el gobierno electo de Violeta Barrios de Chamorro hacía negociaciones paralelas.

“El Gobierno se fue abruptamente a otro lado para negociar directamente con el Comandante “Franklin”, quien no tenía ni visión política ni capacidad de negociación”, refirió. “Lo trajeron en helicóptero desde El Almendro y fue manipulado por Roberto Ferrey, que era funcionario del gobierno de doña Violeta”, agregó.

NO HABIA OTRO CAMINO
Sobalvarro refirió que la base de la Resistencia (los comandos) esperaba una señal del Gobierno: la destitución del general Humberto Ortega al frente del Ejército Popular Sandinista (EPS), pero los acuerdos de desmovilización no cumplieron con tal requisito, por tal motivo él se negó a firmarlos.

Sin embargo, Sobalvarro reconoció que la Resistencia estaba contra la pared, ya que Estados Unidos había suspendido la ayuda “humanitaria” (financiera), por ende, eran un ejército sin logística.

“No teníamos la ayuda militar de antes, ni los recursos en medicina, los combatientes andaban descalzos …y la base social campesina que nos ayudaba no tenía la forma de continuar haciéndolo; la Resistencia tuvo pues que escoger las desmovilización en las formas impuestas por los acuerdos”, refirió.

Mientras la Resistencia se mantuvo en armas, por parte de los Estados Unidos recibió más de 600 millones de dólares en ayuda militar, la cual –mensualmente– representaba hasta 1 millón de dólares para medicina y 2 millones de dólares mensuales para alimentos.

“Era preferible aceptar el error (de las condiciones impuestas) para que la comunidad internacional y el pueblo nicaragüense no nos vieran como delincuentes armados, sin credibilidad política”, añadió.

Sobalvarro ocupó un cargo en el Gobierno de doña Violeta (Viceministro de Repatriación), pero afirmó que cuando se dio cuenta que a pesar de las declaraciones de buena intención de doña Violeta, no se cumplirían todas sus promesas, entonces decidió retirarse.

“Pensábamos que era nuestro gobierno, pero le dije a Violeta, lo siento, pero yo me retiro y voy a hacer lo mío, yo no puedo seguir con este gobierno”, aseguró, pese a que lo consideraba como “aliados naturales”. A su juicio, los gobiernos sucesivos aprovecharon la debilidad estructural de la Resistencia para no cumplir con la totalidad de los acuerdos.

Sin embargo, diez años después, el logro más importante es que la Resistencia sigue siendo “una realidad” y, además, “no queremos renunciar a nuestra identidad de “Contra”, como nos llaman, a pesar de la miseria y de las injusticias de parte de todos los gobiernos”.

TRAICION DE “SEUDO LIDERES”
Rodolfo Ampié, “Comandante Invisible”, fue oficial de la Guardia Nacional, hasta que resultó capturado en julio de 1979 en los predios del Aeropuerto Internacional, de donde esperaba partir al exilio, a través de un puente aéreo que organizó la Cruz Roja Internacional.

Sin embargo, llegaron las tropas guerrilleras y éstas sólo autorizaron la salida de los niños menores de 12 años y de las mujeres. El resto eran prisioneros de guerra. “A mí, dijo, me condenaron a 54 años sin cargo alguno”.

A los cuatro años, dos meses y trece días, Ampié logró fugarse de las cárceles con un grupo numeroso de prisioneros. El tomó rumbo a Malacatoya, Granada, donde vivía su papá, para pedirle ayuda.

“Me fui caminando como cualquier campesino, en la carretera me dieron raid en jeep, después un camión que iba lleno de milicias y de tropas del Ejército que nos andaban buscando”, refirió. De allí surgió su seudónimo de “El Invisible”, una vez que se integró a la Contra, en Honduras.

Durante las negociaciones de paz, “El Invisible” participó como asesor militar de los representantes de la Contra que llegaron a Managua. “Nosotros no tuvimos expertos que nos asesoraran en las negociaciones. Tratamos de hacer lo mejor posible, en lograr beneficios para nuestros miembros. De esa manera suscribimos un acuerdo de desmovilización, en el cual planteamos demandas sociales y económicas para nuestra gente, demandas que el Gobierno de doña Violeta se comprometió a cumplir”, dijo.

Pero, “la Resistencia fue traicionada por seudo líderes políticos”, afirmó, refiriéndose sobre todo al directorio político, creado años atrás por instancias de la administración Reagan para darle mayor credibilidad cívica en el exterior.

“Esos líderes eran como un club social, donde ganaban 10 mil dólares más viáticos, seguro de vida en Miami. Los buscaron para darle una imagen política a la Resistencia, para que no fuera sólo un cuerpo militar sin cabeza política”, refirió Ampié.

Pero, “la verdad es que sólo erogaciones económicas nos causaron y, a la hora de la verdad, no nos defendieron en nuestras demandas, toda aquella cúpula ni siquiera nos dio la cara”, agregó. Entre éstos, “El Invisible” mencionó a Alfredo César y a “otra cantidad de seudo líderes, que creyendo en ellos, mucha gente luchó, murió o quedó lisiada”.

POLOS DE DESARROLLO LUCIAN BIEN EN EL PAPEL
Las mayores expectativas tras el desarme se centraron en la creación de los “Polos de Desarrollo”, donde los desmovilizados de la Resistencia iban a recibir tierras para cultivar, financiamiento, viviendas, escuelas, medicinas, hospitales, carreteras y muchos beneficios más, para garantizar su reincorporación a la vida civil.

“Se suponía que iban a ser nuevas ciudadelas para que esa población se reinsertara y fuese productiva”, dijo Ampié, pero fracasó.

“¿Qué pasó?”, se preguntó Ampié, que “dieron pedazos de tierra por todos lados, con papeles de “asignación” que no tenían ninguna legalidad y después de varios años, esas tierras tenían que devolvérselas a su dueños originales. Eran propiedades reclamadas por extranjeros, con uno o dos dueños nacionales”.

Sin títulos, los bancos no otorgaron financiamiento y sin éste no se sembró. Los planes se vinieron al suelo estrepitosamente. A muchos que les entregaron tierras, se vieron obligados luego a venderlas a “precios de guate mojado” debido a la inseguridad legal, la falta de créditos y la misma crisis económica.

“No fue como en El Salvador, que entregaron la tierra, el grano, la camioneta, capacitación y vivienda”, señaló Ampié refiriéndose al Proceso de Paz en el vecino país, el cual se produjo años después al de Nicaragua. “Aquí nos dieron un vehículo, pero sin motor, ni llantas ni combustible”, agregó a manera de ejemplo.

Sin embargo, Ampié está convencido que Nicaragua necesita estabilidad y paz en el campo para progresar, por eso rechaza el accionar de grupos que actualmente cometen actos delincuenciales en los que pretenden involucrar a la Resistencia.

“La violencia no debe ser un medio de presión, nosotros queremos presionar al gobierno cívicamente, por eso es importante llegar a alcanzar un nivel político, para hacer nuestras demandas de manera política. Estamos en una democracia, en la cual el lenguaje debe ser decente, de personas responsables”, concluyó “El Invisible”.


Cronología del proceso de pacificación>

Acciones en el ámbito internacional </b

1983: Creación del Grupo de Contadora conformado por Colombia, México, Venezuela y Panamá, con la intención de dar una respuesta latinoamericana a los conflictos del continente y evitar una guerra generalizada en toda Centroamérica.

1986 (24 y 25 de mayo): Esquipulas I, en Guatemala. Primera reunión de los presidentes de los cincos países de América Central. Firma del “Acta de Paz de Contadora” y creación del Parlamento Centroamericano.

1987 (6 y 7 de agosto): Esquipulas II. Los puntos fundamentales logrados por el Plan Arias (el presidente costarricense) son: Cese de la ayuda de los Estados Unidos a la Resistencia Nicaragüense; cese de la ayuda de la URSS a Cuba; amnistía y diálogo en la región.

1988 (15 y 16 de enero): Nueva reunión de los cincos presidentes centroamericanos en Alajuela. El Gobierno de Nicaragua acepta suspender el Estado de Emergencia en el país y convoca a pláticas directas a los grupos involucrados en el conflicto.

1989 (7 de agosto): Reunión de Tela (Honduras). Los gobiernos establecen un “Plan Conjunto para la desmovilización, repatriación o reubicación voluntaria en Nicaragua y terceros países de los miembros de la Resistencia Nicaragüense y sus familiares”. Creación de la Comisión Internacional de Apoyo y Verificación de la OEA.

1990 (3 de abril): En Montelimar (Nicaragua), los presidentes centroamericanos manifiestan su complacencia por la culminación de las elecciones del 25 de febrero y felicitan al Presidente nicaragüense, Daniel Ortega, por su contribución a la consolidación de la democracia.

Acciones para el diálogo bilateral

1987 (3 y 4 de diciembre): Primera ronda bilateral de Santo Domingo, República Dominicana, entre la Contra y el gobierno sandinista, seguida de una segunda ronda (el 21 de diciembre). No se logra un cese del fuego.

1988: En Guatemala, las pláticas Gobierno-Resistencia continúan en presencia del Cardenal Miguel Obando y Bravo. Tampoco se logra el cese del fuego.

1988 (21 de marzo): La reunión de Sapoá (Nicaragua), es el primer diálogo directo en territorio nacional. El 23 de marzo se llega a los siguientes acuerdos: Cese del fuego bilateral por 60 días; procedimiento para el desarme y la amnistía.

1988 (abril): En Managua, fracasa nuevo encuentro.

1990 (23 de marzo 1990): Toncontín (Honduras). Se firma un documento entre el Cardenal Obando, una delegación del nuevo gobierno nicaragüense y una comisión de la Resistencia, con el fin de reconocer al nuevo gobierno, solicitar la cooperación de organismos internacionales y gestionar ayuda humanitaria para la Resistencia.

1990 (18 de abril): En Managua. Acuerdo de cese al fuego definitivo entre el Gobierno de la República de Nicaragua y la Resistencia Nicaragüense. Definición de 7 zonas de seguridad para el desarme. El 29 de mayo se establecen los Polos de Desarrollo donde se asentarían los ex combatientes de la Contra.

(Tomado del texto La Guerra y el Campesinado en Nicaragua)

Costos humanos de la guerra en Nicaragua

30,000 muertos

20,000 heridos

11,000 discapacitados

10,000 capturados

350,000 desplazados

200,000 exiliados

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