Mike Tyson es un indomable en el cuadrilátero. El sábado noqueó en 38 segundos a Lou Savarese.

Tyson, siempre anormal

EDGARD TIJERINO [email protected] Mike Tyson cumplirá 34 años el viernes… Parece que ha atravesado por 3 ó 4 vidas, necesitando en cada una de ellas, urgentemente, de una camisa de fuerza. Da la impresión de ser un pequeño dinosaurio trasplantado al 2000, sin poder lograr la menor adaptación. Tyson es primitivo en todas sus acciones, […]

EDGARD TIJERINO [email protected]

Mike Tyson cumplirá 34 años el viernes… Parece que ha atravesado por 3 ó 4 vidas, necesitando en cada una de ellas, urgentemente, de una camisa de fuerza. Da la impresión de ser un pequeño dinosaurio trasplantado al 2000, sin poder lograr la menor adaptación.

Tyson es primitivo en todas sus acciones, incluso en un deporte de la rudeza, la crueldad y lo sangriento como es el boxeo, él luce grotesco, capaz de arrancar orejas a mordiscos, como lo ha demostrado, o atacar policías, asistentes, árbitros, vendedores de hot dogs.

El peor sitio en que cualquiera de nosotros puede encontrarse, encerrado en un ascensor con Mike Tyson… Su ferocidad es intrínseca y cuando explota, es incontrolable.

¿Lo vieron el sábado en Glasgow, Escocia, frente al temeroso Lou Savarese?

Tyson necesitó sólo 38 segundos para cobrar 8 millones de dólares y apuntarse su nocaut 42… El derribó a Savarese, de 6 pies 5 pulgadas, apenas a los 12 segundos de iniciado el combate… Fue un gancho de izquierda no muy bien dibujado, pero con esa carga de dinamita que almacena Tyson.

Savarese se levantó aturdido y deseoso de estar lo más lejos posible del ring, cuando Tyson se fue encima con una de sus típicas arremetidas… Savarese recibió un par de golpes sólidos, quedó a merced de la fiera y el referee John Coyle, consciente del desequilibrio, decidió intervenir para decretar la suspensión.

Pero Tyson siguió atacando por encima del referee, salió por la derecha y regresó para golpear más, logrando derribar al árbitro con una izquierda de doble repercusión… De pronto, como siempre ocurre cuando Tyson está en acción, todo se volvió confuso.

Es increíble la facilidad que tiene Tyson para fabricar líos… Ni Cooperfield con su magia podría superarlo… Todo en él, es anormal… Sus gestos, su caminado, su mirada, sus resoplidos, su bestialidad. Debería de dormir encadenado.

En medio del alboroto, un momento de reflexión, un detalle que le da dimensión humana: “Todavía no estoy listo para Lennox Lewis. Necesitó más preparación”, pero de inmediato, aplica una frase sacada del “Libro oficial del Monstruo de la Laguna Negra”: Cuando esté listo, lo voy a destruir, le sacaré el corazón y se lo haré comer”.

Los micrófonos frente a él, se arrugaron dramáticamente y los entrevistadores se prepararon para un gran escape.

Antes del combate, Tyson entró en una seria controversia con el promotor Frank Warren… El ex-campeón y ex-convicto, demoró en llegar a Gran Bretaña por la muerte a balazos de su amigo, Darrell Baum, en Brooklyn.

Tyson pesó 222 libras por 241 de Savarese, y como acostumbra, saltó al ring buscando cómo destruir… Si siente esos impulsos cuando no hay referee ni está permitido, se imaginan cómo funciona su ferocidad con el apoyo del reglamento y la obligación de ofrecer el espectáculo que el público busca desde que se inventó el boxeo.

“Yo soy el más brutal campeón de todos los tiempos, más que Liston y Dempsey”, dijo, y no exageraba.  

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