- “Los muchachos del equipo y el manager Showalter me lo han hecho saber. Me dicen que están muy contentos con mi desempeño y que debo trabajar más duro en el entrenamiento para lucir mejor en el juego”, señala el nica
EDGARD RODRIGUEZ [email protected]
La salida de Randy Johnson no fue exactamente un alivio para San Diego la noche del lunes mientras el juego se dirigía hacia el octavo episodio. Detrás vino Vicente Padilla y envió la pelota hacia el plato tan rápido como lo había hecho el zurdo.
“En muchos momentos me he sentido bien, pero lo del lunes fue algo especial. Mi recta estaba dura y sentí que podía lanzar el slider y el sinker al sitio que deseaba”, señala con orgullo el tirador pinolero, que atrapó un segundo éxito en su carrera.
Vicente trabajó dos entradas perfectas y salvó a los Diamondbacks de un revés en casa ante más de 30 mil personas en el “Bank One Park”, mostrando la fiebre que caracteriza a los ganadores, con su gran presencia en los momentos decisivos.
“Esa es la razón por la cual Buck Showalter no lo envía a las menores. Crece bajo presión. En la primavera fue la decisión más difícil. Lo sacaron del staff hasta el último día. Ahora entendemos porqué”, dice Richard Ober del Arizona Republic.
Padilla, quien con sus dos entradas sin mácula, redujo su efectividad hasta 0.93 en 19.1 innings, con apenas 3 bases y 18 ponches, ha resultado clave para Arizona, tal como una vez lo anticipó Peter Gammons, columnista del Boston Globe y ESPN.
“Los muchachos del equipo y el manager Showalter me lo han hecho saber. Me dicen que están muy contentos con mi desempeño y que debo trabajar más duro en el entrenamiento para lucir mejor en el juego”, señala el nica desde Phoenix.
El notable trabajo de Johnson y el magistral taponeo de Vicente, fue –como dice Ober- la perfecta cura para el pitcheo de Arizona, zarandeado con crueldad el fin de semana en Colorado, donde cedieron 17 y 14 carreras en juegos sucesivos.
“Esos tipos (los Rockies) nos dieron palo que dio miedo. A mí me dieron un triple y si no me paro duro me hubieran vuelto loco, como ocurrió con el pobre Mantei, que estaba a 98 millas y le dieron más duro”, asegura el chinandegano.
Vicente afirma que sus disparos se movieron a 97 millas la noche del lunes, justo la mayor aceleración que alcanzaron los proyectiles de Johnson, afectado incluso por un pequeño mareo que obligó la presencia del trainner en la loma.
“Yo sé que algún día me van a agarrar a palos, porque esto no es fácil y sé que lo que estoy haciendo no es normal, pero tengo mucha fe en Dios y en mí mismo”, dijo Padilla, quien no parece alterarse por el regreso de Erubiel Durazo el viernes.