Bella por siempre

Jorge Díaz abre los ojos lentamente y fija su mirada en la mujer que tiene a su lado. Una vez más queda anonadado por su deslumbrante belleza, la que no ha mermado tras una noche de amor desenfrenada. Sus ojos negros están perfectamente delineados, y sus gruesas pestañas sobresalen como un abanico de plumas. Dos líneas delgadas, de un rosa tenue enmarcan sus carnosos labios. Ella despierta y le sonríe. Es increíble que el desvelo no hiciera estragos en la perfección de sus facciones. Pero Jorge ignora que su pareja ha tenido una “ayudita extra”: el maquillaje permanente.

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