El desafío ontológico de la Natividad a la razón posmoderna

La figura de Dios hecho Hombre nos pregunta, en última instancia, si la historia de nuestra propia vida está fundada sobre la verdad de la Encarnación o sobre el artificio de nuestra propia invención. Que el silencio de aquella noche nos inquiete hasta la médula, forzándonos a elegir entre la luz de una estrella o el parpadeo intrascendente de la pantalla.

El pesebre ante la sombra de la intolerancia salvaje

Debemos cuestionarnos con urgencia cómo evitaremos que la política del miedo nos transforme finalmente en extranjeros en nuestra propia tierra, limitando nuestra existencia a una supervivencia biológica despojada del espíritu que el rito y la historia otorgan a nuestras vidas.

Otro cumpleaños sin el cumpleañero

Sin el Niño Dios la Navidad no tendría sentido, pues celebramos su nacimiento. Y pongamos un “nacimiento” o “pesebre”, aunque sea pequeño y sencillo, en un lugar destacado de nuestras casas.

Navidad sin María no es Navidad

Estamos cercanos ya a la Navidad y aparece un personaje que es esencial en este tiempo: María. La verdad es que no hay Navidad sin Jesús; pero tampoco sin María. La verdad es que no hay Jesús sin María; pero tampoco María sin Jesús.

El Pesebre

Una tradición que acompaña las casas de los católicos en el mundo desde 1223. A veces adornada con indios, vaqueros, burros, bueyes y hasta tiburones.

La magia del pesebre

Uno de los elementos, además del árbol de Navidad que no debe faltar en un hogar nicaragüense, y que representa la llegada de Jesús a la Tierra, es el nacimiento.

El poder del pesebre

Desde su nacimiento hasta su muerte, la vida de Jesucristo difiere mucho de lo que podía esperarse del mesías libertador que anhelaban los judíos. Su venida al mundo no pudo ser más humilde: una pareja de forasteros en Belén, pidiendo posada con premura, porque la mujer está de parto. Nadie los alberga. El niño nace entonces en un establo y solo se enteran unos campistos de la vecindad quienes al pie del pesebre relatarían, a los admirados padres, haber escuchado ángeles anunciándoles el nacimiento del Mesías. El resto de los pobladores de Belén no oyó nada. Para ellos fue una noche cualquiera.

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