Ridley Scott conserva el nervio y la viveza de su más lograda filmografía. Ya cerca de los noventa y embarcado en otros proyectos como una secuela de Gladiator, no esquiva el riesgo y se guía por la intuición. En eso es igual a Napoleón.
Napoleón Bonaparte
Cómo una epidemia en Haití ayudó a Estados Unidos a convertirse en una potencia
Decenas de miles de soldados franceses murieron víctimas de la mayor epidemia de fiebre amarilla registrada en el Caribe en 300 años.
Días de gloria
Decía Napoleón Bonaparte que más que valientes e ilustrados, prefería tener generales con suerte. Y es así; por ejemplo, esta —la buena suerte—, en los últimos diez o doce años ha sido la compañera y sustento de los regímenes neoprogresistas y populistas latinoamericanos. Es innegable que los Chávez, Morales, Kirchner, Ortega, Correa, Maduro y los Lula y su Brasil emergente, han tenido mucha suerte. Eso es lo que explica, más que ningún otro elemento, su permanencia en el poder. No inventaron la rueda ni la pólvora, como ellos se lo han creído y se lo han hecho creer a algunos banqueros e inversores que siempre buscan playas amables pare recoger frutos baratos, sin importarles —ni a los mandantes de turno, tan socialistas, nacionalistas y defensores de los pobres y ni qué hablar a los de afuera— lo caro que ellos resultan para las espaldas de los recolectores.