Anna Schiferl aún no se levantaba de la cama un sábado reciente cuando tomó su teléfono celular y le envió un mensaje de texto a su mamá. La madre estaba en el piso de abajo, en la cocina. ¿Qué decía el texto? Anna quería desayunar panecillos de canela.
llamada
Una película dramática, El cine nica
A eso de las 3:00 de la tarde de un lunes muy caliente el hombre del bigote fino recibió una llamada telefónica. Al otro lado de la línea la voz de su patrón, un mafioso de la peor clase, le ordenó que buscara a un cliente moroso y lo asustara un poquito. Como buen sicario que era, dejó de inmediato la comodidad de la banca en la que había estado sentado contemplando las vistas del puerto Salvador Allende, en el Malecón de Managua, y se encaminó por la Plaza de la Revolución. Había un gordo deudor por encontrar y para mañana era tarde.