Temen más informalidad

Las empresas que no puedan soportar el incremento del uno por ciento en la cuota patronal al Seguro Social se verán forzadas a emigrar a la informalidad, admitieron esta semana representantes del sector privado, que señalan que esa medida les restará competitividad no solo en el mercado local sino también a nivel internacional. No obstante, dicen que no hay otra salida para salvar al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social.

Faltan 50 años para reducir la informalidad

Latinoamérica tiene una tasa de desempleo del 6.4 por ciento, aunque 127 millones de trabajadores, de un total de 267 millones, son informales con Nicaragua, Honduras, Perú y Paraguay con los porcentajes más altos, señaló ayer en Lima la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Combate a la informalidad

Garantizar que los materiales de construcción sean comercializados por empresas debidamente certificadas es la propuesta que en los próximos días presentará la empresa privada en la Asamblea Nacional para que se incluya en la nueva Ley de Protección de los Consumidores.

Bolsas agro alivian informalidad

Hasta hace un par de décadas el término bolsa agropecuaria era desconocido en el campo. Los productores solo conocían el mercado tradicional para comercializar sus mercancías. Los vendían al mejor postor, sin que estos reconocieran la calidad de sus productos. La oferta y demanda era el único factor que determinaba el precio del mismo.

La informalidad impera en CA

Existe una característica en común en las micros, pequeñas y medianas empresas (mipymes) de la región centroamericana: la informalidad.

Desempleo juvenil, el peor mal

El desempleo juvenil y la falta de calidad de los trabajos de los latinoamericanos más jóvenes constituyen el mayor problema laboral de la región, según expresó en Montevideo la directora regional de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Elizabeth Tinoco.

La informalidad bloquea la liquidez

Ocho veinteañeros amasan con fuerza la mezcla sobre una mesa grasienta. La tarde empieza a caer. El pequeño horno artesanal está a 220 grados. No hay cesación para el descuido. A cada minuto el horneador observa a través de una angosta rendija el arder de los bollos en sartenes oscurecidos por la grasa quemada y el tiempo. Huele a pan recién salido del fogón en los alrededores del barrio San Judas.

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