Donante de vida

Su brazo ya está acostumbrado a las agujas aunque a pesar del tiempo les sigue teniendo miedo. Solo respira profundo y no ve la pinchada, siente el piquete y solo dice “auch”. La sangre empieza a salir poco a poco y la bolsa, que cada tres meses llena, empieza a recibir ese líquido rojo que podría salvarle la vida a alguna persona en cualquier lugar del país.

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