Fomentando la filosofía en las escuelas
En un mundo que suele premiar la estupidez y la superficialidad, la filosofía nos recuerda que lo más valioso no es acumular respuestas y aparentar ser erudito para la foto, sino aprender a formular preguntas.
En un mundo que suele premiar la estupidez y la superficialidad, la filosofía nos recuerda que lo más valioso no es acumular respuestas y aparentar ser erudito para la foto, sino aprender a formular preguntas.
Nuestras naciones requieren de la independencia que representa el preservar la identidad cultural y construir un sistema educativo que retorne el camino de la formación de ciudadanos críticos, aptos para la vida cívica y política, pero, sobre todo, comprometidos, entusiasmados y capaces de transformar su entorno, su tierra, en fin, sus destinos…
La superficialidad y la trivialidad pueden ser desafíos formidables, pero con la guía de una educación y un compromiso cívico que apunte a la formación significativa de sujetos libres para poder construir, todos juntos, un modo de vida más consciente y enriquecedora.
En teoría, la muerte como posibilidad siempre presente, nos obligaría a considerar el significado y el propósito de nuestra vida y la de los demás, motivo por el cual tal angustia no debe ser suprimida o ignorada, sino aceptada y enfrentada.
Una verdadera transformación social que requiere de una reevaluación de nuestros valores y prioridades más allá de las demandas del estúpido y sensual estilo de vida que venimos naturalizando desde hace más de cien años, de manera cada vez más intensa…
Hay seres humanos que han decidido vivir su vida como un avatar de una vidriera virtual: cuelgan sus fotos de absolutamente todo lo que están haciendo con la mejor de sus sonrisas; notifican al mundo entero de sus comidas, viajes, travesías, incluso sienten la imperiosa necesidad de mostrarse…