¿Puede la muerte darle sentido a la vida?
Eludimos pensar en nuestra mortalidad, quizá porque reconocemos instintivamente que, al hacerlo, nos enfrentamos con nuestra propia vulnerabilidad y fragilidad de todo lo que consideramos “importante”.
Eludimos pensar en nuestra mortalidad, quizá porque reconocemos instintivamente que, al hacerlo, nos enfrentamos con nuestra propia vulnerabilidad y fragilidad de todo lo que consideramos “importante”.
Una propuesta que invita a una reflexión crítica, atenta, pero no desesperada; una aceptación del dolor sin caer en la resignación, y una esperanza que no ignore la complejidad de la existencia, pero tampoco la abandone: este deseado equilibrio nos abre la puerta a una vida más consciente y auténtica…
La pausa, la calma y la prudencia que traen consigo los viejos nos enseñan a vivir, sin dudas, con mayor profundidad y sentido. Al final, la vejez no es sólo una prueba de cuánto dura una vida, sino una oportunidad de apreciar lo mucho que vale toda vida.
En este fango en el que vivimos, entonces, la autenticidad no es una cuestión de descubrir quiénes somos, sino de atrevernos a serlo, a pesar de los riesgos y las incertidumbres que esto conlleva. Pero, ¡carajo que vale la pena intentarlo!
Estas estadísticas señalan la urgente necesidad de una reforma en los sistemas judiciales: la falta de confianza en la justicia no solo ha socavado la legitimidad del sistema estatal, sino que también ha erosionado la cohesión social al mismo tiempo que alimenta a perpetuidad la impunidad.
En un mundo que suele premiar la estupidez y la superficialidad, la filosofía nos recuerda que lo más valioso no es acumular respuestas y aparentar ser erudito para la foto, sino aprender a formular preguntas.