Las comparsas políticas de las fiestas patrias
Afortunadamente, la “oposición política” en Nicaragua ha cambiado las reglas del juego con su “Ortega no me malquiere” dando nuevas opciones para los amores platónicos de la clase política.
Afortunadamente, la “oposición política” en Nicaragua ha cambiado las reglas del juego con su “Ortega no me malquiere” dando nuevas opciones para los amores platónicos de la clase política.
Debemos reflexionar para que en nuestro país haya paz y también la unión de sus ciudadanos, que halla comprensión, respeto para todos y que puedan evitarse las divisiones y en las que pueda apartarse toda diferencia política.
Con los primeros destellos de aquel amanecer del 15 de septiembre de 1821, se fue llenando el Palacio de los Capitanes Generales, en Antigua, Guatemala, edificio monumental, elocuente testigo del exuberante estilo barroco que predominaba en la época.
Miguel Larreynaga fue un clásico criollo y su intervención se produjo desde la perspectiva criolla, es decir, en la forma y propósitos a como los criollos, de manera especial las capas medias altas de la ciudad de Guatemala, concebían la Independencia.
Los héroes del ayer francamente lucharon en los campos de la acción porque los motivaba un ideal de nación; el afán de imprimirle a la república el sello indeleble de la honradez ciudadana, de esa cualidad opacada hoy en día por conocidas ambiciones
Y entre más indaguemos en la historia de esos trescientos años más nos toparemos con grandes sorpresas, tanta es la deformación histórica que ha prevalecido, como mecanismo elemental que alimentó las guerras de independencia y nutrió la formación de las nuevas identidades nacionales