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«No hay intención de mantener viva su memoria»: cómo se va difuminando la figura de Maduro en la nueva Venezuela de Delcy Rodríguez

El agradecimiento de Delcy Rodríguez a Trump y el olvido discursivo sobre Maduro evidencian que el panorama político venezolano, en algunos aspectos, ha dado un giro de 180 grados.

Nueva York, 22 de septiembre, hotel Lotte New York Palace.

En esa ciudad y ese día se vivió la escena que probablemente mejor ejemplifica el cambio político que experimenta Venezuela desde el 3 de enero.

Los protagonistas son Delcy Rodríguez, presidenta interina pero cada vez más consolidada de Venezuela, y Donald Trump, máximo mandatario de EE.UU.

Tras la reunión en el famoso hotel de Manhattan, una foto en la que ambos sonríen. Ella hace con los dedos una señal en forma de V. Él eleva su pulgar derecho.

A sólo 14 kilómetros, en una prisión de Brooklyn, está Nicolás Maduro, el expresidente capturado una noche de enero en Caracas por orden de Trump y del que Rodríguez fue firme aliada durante años.

Al siguiente, Rodríguez habla ante la Asamblea General de Naciones Unidas, cumbre que convoca a buena parte de los jefes de Estado del mundo. La última vez que un presidente venezolano había acudido fue en 2018, siendo Maduro presidente.

En su discurso, Rodríguez no menciona en ningún momento al expresidente. Ni a él, ni a su predecesor, Hugo Chávez, ni a las circunstancias que llevaron a la propia Rodríguez a ser la vocera de Venezuela ante esa asamblea.

En cambio sí se refiere al mandatario estadounidense: «Quiero agradecer al presidente Trump por su disposición a tomar el camino de las relaciones diplomáticas y la cooperación».

Esto, casi diez meses después de la operación militar sin precedentes en suelo venezolano, donde Estados Unidos capturó a Maduro junto a su esposa, Cilia Flores. Ambos enfrentan un juicio bajo las acusaciones de narcotráfico y torturas, entre otros.

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El agradecimiento a Trump y el olvido discursivo sobre Maduro evidencian que el panorama político venezolano, en algunos aspectos, ha dado un giro de 180 grados.

Rodríguez, al frente del país como presidenta interina, ha hecho numerosos cambios, tanto en su gabinete -cambiando figuras afines a Maduro por otras más cercanas a ella- como promoviendo leyes como la de Hidrocarburos, una breve ley de amnistía, el desbloqueo de algunos medios digitales o el más reciente e inusual acuerdo petrolero con Estados Unidos.

Y otro de esos cambios es que la figura de Maduro, sin desaparecer del todo, se ha ido difuminando…

Delcy Rodríguez con Donald Trump
La foto del encuentro entre Delcy Rodríguez y Donald Trump.

De «presidenta encargada» a «presidenta»

En sus discursos iniciales tras la incursión estadounidense en territorio venezolano, Delcy Rodríguez nombraba de modo constante al expresidente Maduro y a su esposa, la exprimera dama Cilia Flores. «Son dos héroes que tenemos como rehenes en los Estados Unidos de América», llegó a decir.

Pero a medida que fue estrechando las relaciones entre ambos países, esos nombres fueron apareciendo menos en sus alocuciones.

La periodista venezolana Valentina Gil hizo un estudio detallado para el medio venezolano «TalCual» en los meses posteriores al 3 de enero sobre cuántas veces aparecía Maduro en los discursos de Rodríguez.

«Vimos que cada vez que Delcy Rodríguez se reunía con algún alto funcionario de Estados Unidos, nada que mencionaba a Nicolás Maduro. No decía nada frente a frente con la gente que perpetró ese ataque», dice Gil en entrevista con BBC Mundo.

Gil analizó videos que, hasta hace unos meses, estaban en el canal de YouTube de Venezolana de Televisión, el canal del Estado. Si en enero Rodríguez lo mencionó hasta 86 veces, en abril esta cifra había bajado a 8 menciones, y, como remarcó la periodista en su análisis, lo hacía no para referirse a él y a su situación en Estados Unidos, sino a «sus acciones de gobierno o a su relación profesional con él».

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Los videos, comentó Gil, ya no están disponibles.

La tendencia a no nombrarlo se afianzó tras los terremotos ocurridos en Venezuela el 24 de junio.

Y siguieron otros gestos. Sirva un ejemplo de cómo la sutileza lingüística toma la realidad política en Venezuela.

Cuando Delcy Rodríguez juramentó su cargo dijo que venía «como vicepresidenta ejecutiva del presidente Nicolás Maduro Moros» y, desde entonces, se le llamó «presidenta encargada», tal y como aparece en sus perfiles en redes sociales y en las notas de prensa presidencial.

Pero desde hace poco más de un mes, en las decenas de comunicaciones oficiales ya se la nombra como «presidenta», «mandataria nacional» o «jefa de Estado». Solo en dos ocasiones se la nombra como «encargada».

«El terremoto ayudó a difuminar la figura de Maduro, sí. En el sentido de que no está en las preocupaciones de la gente. Hay otras cosas más importantes de las que ocuparse. Aparte de lo difícil que es el día a día en el país, que no ha mejorado nada en lo económico y la gente ve que nada avanza», sostiene Phil Gunson, analista senior de International Crisis Group para la región de los Andes, en entrevista con BBC Mundo.

La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, interviene durante la 81.ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) en la sede de la organización.
Delcy Rodríguez no mencionó a Nicolás Maduro durante su intervención ante la ONU.

«No se percibe intención activa de mantener viva la memoria de Maduro y Cilia Flores. Y cuando se refieren a la relación con Estados Unidos, siempre lo hacen en términos positivos», dice.

EE.UU. presentó recientemente nuevos cargos por torturas contra Maduro y Flores. El gobierno de Venezuela no se pronunció públicamente en defensa del exmandatario.

Gunson remarca que aunque no están totalmente olvidados, hay otros gestos más allá de los discursos.

Por ejemplo, recientemente quitaron una gigantografía que había frente a un conocido centro comercial de Caracas en la que se veía a Maduro con Cilia Flores. Y dentro de algunas de instituciones también está pasando.

Otros símbolos más se están quitando. Durante años, en la sede del Palacio de Justicia, un enorme complejo de concreto en el centro de Caracas, dos gigantografías decoraban las enormes torres a los lados. Una, con la cara de Hugo Chávez; la otra con la imagen de Simón Bolívar en 3D que recreó su gobierno.

En su lugar hay dos nuevas gigantografías donde se lee «Venezuela renace», el eslogan del momento.

«Venezuela renace»

imagen de un letrero en un edificio que dice "venezuela renace".

«El terremoto se convirtió en una oportunidad muy legible para reinventar la imagen pública del gobierno a partir de ese eslogan», explica a BBC Mundo Irina Troconis, profesora asociada de Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Cornell (Nueva York) y autora del libro «The Necromantic State», precisamente sobre las el uso de las imágenes y la propaganda durante el chavismo.

Explica que forma «una parte muy lógica dentro de una maquinaria que ha operado por varios años en Venezuela: la de cambiar la fachada o la imagen pública como una manera también de simultáneamente mandar el mensaje de que las cosas están cambiando y que son diferentes».

Troconis también comentó el cambio de nomenclatura para Delcy Rodríguez -de presidenta encargada a presidenta- en las comunicaciones oficiales. «Eso es lo que estás anticipando también. Es una manera de poco a poco ir borrando del discurso la necesidad de elecciones».

Durante su discurso ante la Asamblea de la ONU, Rodríguez fijo que «en Venezuela habrá elecciones», sin precisar ni cuándo ni las circunstancias, salvo que, cuando se dieran, se garantizarían «condiciones reales de participación para todas las fuerzas políticas».

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EE.UU. tampoco tiene prisa en promover elecciones, pese al reclamo de muchos en Venezuela que consideran ilegítima la presidencia de Rodríguez.

Una purga y caras «nuevas»

Maryhen Jiménez, profesora adjunta de Política en la National University of Ireland Maynooth (Irlanda), explica que «desde el 3 de enero y con la captura de Maduro, Venezuela se ha transformado en algunas dimensiones de la propaganda política y la eliminación de fotos, vallas o menciones es una realidad».

Junto a esto, «hay una transformación en marcha y un relanzamiento de cuadros vinculados a Delcy Rodríguez», dice.

En este sentido, no solo aparecen caras nuevas que en realidad no lo son tanto, como la de Héctor Rodríguez, ministro de Educación desde el pasado 27 de agosto ; la de Daniella Cabello, hija de Diosdado Cabello, como ministra de Turismo; o Miguel Pérez Pirela, conocido comunicador y fundador y programas afines al chavismo. Sino que también significa la eliminación de aquellas caras más relacionadas con Maduro.

Una de las figuras más señaladas Alex Saab, a quien señalan en Estados Unidos como testaferro de Nicolás Maduro.

Saab era ministro de Industria y, tras el 3 de enero, Rodríguez lo apartó del cargo. Al poco, en una operación conjunta entre Estados Unidos y Venezuela, se le detuvo y, en mayo, fue deportado al país del norte, donde recientemente se declaró culpable del delito de lavado de dinero.

Nicolás Maduro (derecha) estrecha la mano del empresario Alex Saab a su llegada a la sede de la Asamblea Nacional en una foto de 2024.
Alex Saab y Nicolás Maduro.

También fue señalada la destitución de Vladimir Padrino López como ministro de Defensa tras 12 años en esa cartera. Actualmente ocupa el ministerio de Agricultura. Junto a Padrino López, cambió la cúpula completa de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

Tarek William Saab, señalado por diversas organizaciones por violaciones de derechos humanos, dejó su cargo de fiscal general, y Laura Guerra, excuñada de Maduro, abandonó la presidencia del Banco Central de Venezuela.

«Es una nueva coalición que quiere venderse como nueva, pero son los mismos actores, solo que hay un reacomodo interno. Hay purgas de quienes no van a ser parte de esta nueva etapa, y distanciamiento de chavistas originarios que consideran que el chavismo se está aislando de sus orígenes ideológicos», detalla Maryhen Jiménez.

«La gran pregunta es si esta apuesta de lanzar un chavismo 3.0 tiene la capacidad de conectar con la sociedad venezolana», dice.

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«Presidente Maduro»

Algunas voces dentro del chavismo sí que siguen nombrando a Maduro. Valentina Gil señala que Diosdado Cabello, ministro de Interior y Justicia, es de quienes lo nombra constantemente en su programa de televisión «Con el mazo dando».

«Se refiere a él como presidente», dice Gil.

También Freddy Bernal, gobernador del fronterizo estado Táchira, denunció en junio la eliminación de las fotos de Maduro y Chávez en algunas instancias de gobierno.

Fuera de la cúpula de poder, otras figuras antiguas del chavismo critican tanto su borrado como la actual situación con Estados Unidos. Es el caso de Elías Jaua, quien fuera ministro durante años con Chávez e incluso con Maduro; Iris Varela, figura relevante tanto con Chávez como con Maduro; o el comunicador Mario Silva.

Y en las manifestaciones de chavistas, muchos recuerdan al que aún consideran como su presidente y reclaman que regresen a Venezuela.

Una figura interesante es la del hijo de Maduro, Nicolás Maduro Guerra, parlamentario oficialista, que combina el pedido de libertad para su padre junto al respaldo a Delcy Rodríguez.

«Sabemos que Nicolás Maduro y Cilia Flores van a salir más temprano que tarde por la diplomacia y por el diálogo», dijo.

Aunque Irina Troconis y Maryhen Jiménez coinciden en que hay un intento de borrar al expresidente, también ambas señalan que es imposible hacerlo por completo.

Simpatizante del gobierno con figuras de Maduro y Cilia Flores.

«Qué hacer con la figura de Maduro y cómo lidiar con ella también es un reto para otros actores. Vemos cómo sigue siendo utilizado en el discurso público en Estados Unidos, y también sectores de la oposición venezolana todavía lo mencionan. Es una figura importante en la historia venezolana. Básicamente lideró el proceso de autocratización y estuvo frente al gobierno en momentos muy oscuros», remarca Jiménez.

Troconis explica que en este momento, «Venezuela representa para el gobierno de Estados Unidos el único triunfo, entre comillas, al que puede referirse».

«Y Maduro representa ese único enemigo al que ha logrado capturar». Al mismo tiempo es «ese recipiente vacío al que atribuirle toda la culpa del deterioro en Venezuela».

Maduro, dice Troconis, «es necesario tanto para el gobierno de Estados Unidos, para mantener una imagen de que ha logrado algo en este discurso de guerra, como para el de Venezuela, para mostrar que ha habido un cambio».

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Si bien Delcy Rodríguez no nombró Maduro ni una vez en su discurso ante la ONU, Trump le dedicó buena parte del suyo con la mandataria interina delante.

«Es un gesto de poder, de dominio, de recordatorio», dice Troconis.

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