Hay presión inflacionaria en el mercado interno. Es decir los precios de los alimentos y servicios están subiendo con mayor fuerza que en los últimos dos años, lo que obligó a las autoridades del Banco Central de Nicaragua (BCN) a aumentar las expectativas de inflación este año con respecto a las proyecciones iniciales, por lo que ahora el nuevo rango previsto es de entre 3.5 y 4.5 por ciento.
En un principio se prevía que la inflación oscilara entre 2.5 y 3.5 por ciento, por encima del 2.8 y el 2.7 por ciento de los dos años anteriores, es decir en 2023 y 2024, respectivamente. Eso debido a «las presiones de precios internacionales derivadas del contexto externo y de ciertas afectaciones en el ciclo de producción agropecuaria resultado de las condiciones climáticas de El Niño», según las Perspectivas
Macroeconómicas 2026 correspondiente a octubre.
El aumento de la presión inflacionaria explicaría por qué el régimen de Daniel Ortega mantiene sin actualizar desde julio de este año el comportamiento de la canasta básica, que hasta ese entonces cerró en 21,474.94 córdobas, por encima de los 20,821.68 córdobas en diciembre pasado. Es decir que esos primeros siete meses del año la canasta subió 654 córdobas. Comparado con hace un año, el aumento se ensancha.
El año pasado, en julio las familias necesitaban en su bolsillo 20,549.67 córdobas para comprar los 52 productos que conforman la cesta familiar, lo que significa que este año hasta el mes de referencia la cesta acumula un alza de 925 córdobas.
Desde entonces, tampoco la inflación ha sido actualizada. Y en el informe de perspectivas económicas a octubre, tampoco el Banco Central quiso revelar cómo ha evolucionado en los últimos dos meses y solo dio el dato correspondiente a julio, la cual ubicó en 4 por ciento interanual y 2.1 por ciento acumulada.
La variación hasta julio, el BCN dice que refleja la «incidencia de factores adversos, como los derivados de la evolución de los precios internacionales y las condiciones climáticas de El Niño. No obstante, los precios domésticos reflejaron también factores atenuantes como la continuidad de los subsidios a bienes y servicios clave, la política de deslizamiento cambiario de cero por ciento y la coordinación de las políticas monetaria y fiscal».
De hecho, el régimen califica como riesgo para el crecimiento económico de Nicaragua y el comportamiento de la inflación «los choques de oferta negativo del petróleo y de factores climáticos adversos, además de la persistencia de la incertidumbre respecto políticas comerciales. En particular, el choque energético derivado de conflictos geopolíticos que afectan las cadenas de suministros, continúa incidiendo en la evolución de los precios internacionales».
Señala que a nivel mundial, «el fenómeno climático El Niño está presionando los precios de los alimentos. En este contexto, la prolongación del repunte inflacionario reciente ha conducido a que los principales bancos centrales aumenten las tasas de interés, consolidando una postura de política monetaria restrictiva por más tiempo».
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Y pese a que a nivel mundial se ha advertido de un fenómeno de El Niño súper potente, el régimen de Daniel Ortega cree que a nivel local, «las condiciones climáticas de El Niño podrían afectar temporalmente la producción agropecuaria y los precios de alimentos».
Aún falta lo peor
Pero los pronósticos mundiales sobre El Niño no son alentadores, lo que representa una amenaza para Nicaragua que depende en gran medida de la actividad productiva en el campo, donde impera la reducida capacidad de resiliencia de los productores, carentes de financiamiento y acceso a tecnología.
Según la agencia meteorológica de Japón, El Niño se intensificó en septiembre hasta convertirse en el ejemplo más fuerte de este fenómeno registrado hasta la fecha, y ahora es seguro que continuará durante todo el invierno.
La Agencia Meteorológica de Japón la semana pasada que la temperatura de la superficie del mar en la zona del océano Pacífico que monitorea para detectar el fenómeno de El Niño fue 4 °C superior a lo normal, superando el récord de 3.6 grados en diciembre de 1997. Es considerada la temperatura más alta desde que se iniciaron registros en 1949.
«El Niño es la fase cálida del ciclo natural de El Niño-Oscilación del Sur, un patrón climático que influye en el tiempo en todo el mundo. Tiende a provocar un aumento de la temperatura global y a alterar los patrones de lluvia en grandes regiones, lo que se traduce en sequías en algunas zonas y en lluvias torrenciales en otras. Generalmente ocurre cada dos a siete años», explica el medio Independent.
Pero aún falta lo peor. La Organización Meteorológica Mundial (OMM), el organismo meteorológico de las Naciones Unidas, dijo que el fenómeno alcanzará su máximo en diciembre próximo y se extenderá hasta febrero del próximo año,nlo que podría convertirla en uno de los más intensos desde al menos 1950.
Según el Servicio de Cambio Climático Copernicus de la Unión Europea, agosto de 2026 igualó a julio de 2023 como el mes más caluroso registrado a nivel mundial, con una temperatura media del aire en superficie de 16.96 °C en todo el mundo, indicó el medio de prensa antes mencionado.
También el crudo
Por otra parte, el Fondo Monetario Internacional instó a los gobiernos en América Latina a mantener su foco en la inflación, por el efecto que está teniendo la crisis petrolera a causa de la guerra en Oriente Medio.
Instó a los bancos emisores a “prevenir cualquier efecto secundario de este shock energético y de materias primas, tanto para los exportadores como también para los importadores”.