Columna de Dennis Martínez en el diario LA PRENSA

Columna de Dennis Martínez en el diario LA PRENSA

Nicaragua volvió a ser escuchada

El problema de Nicaragua no es por diferencias políticas, es que no tenemos la libertad de expresarnos, de escoger a quienes gobiernan y cambiarlos cuando decidamos

Seguí con mucha atención lo que pasó en la reciente reunión de cancilleres sobre Nicaragua. Y voy a decir algo desde el inicio: me habría gustado verlos a todos en una sola línea.

No porque todos tengan que pensar igual. Eso sería contradictorio con lo que significa la democracia. Pero cuando un pueblo lleva tantos años esperando una oportunidad para decidir su futuro, creo que debería ser más fácil ponerse de acuerdo en algo tan básico como defender ese derecho.

Por eso me frustró escuchar algunas posiciones. A veces tengo la impresión de que desde afuera se mira Nicaragua como si lo que vivimos fuera simplemente una diferencia política entre dos grupos. Para mí no es así. Se trata de que los nicaragüenses podamos escoger, podamos expresarnos y podamos tener nuevamente la oportunidad de cambiar a quienes gobiernan cuando así lo decidamos. Eso es democracia.

También debo decir que hubo voces que me gustaron mucho. Fueron claras, contundentes y entendieron que Nicaragua necesita algo más que palabras bonitas. Cuando escuché algunas de esas intervenciones pensé: por lo menos nuestro clamor todavía se escucha. Y eso importa. Habrá quienes digan que de esa reunión no salió nada, porque al día siguiente todo seguía igual. Yo no lo veo de esa manera. La presión existe. Tal vez no se vea de inmediato, pero se siente. Y tengo la impresión de que esto apenas comienza.

Quienes están en el poder pueden seguir cerrando puertas, rechazando acercamientos y apostando a que con el tiempo el mundo se cansará de hablar de Nicaragua. Yo no estaría tan seguro. He vivido suficiente como para saber que uno puede sentirse muy fuerte en determinado momento y creer que las cosas nunca van a cambiar. Pero nada permanece igual para siempre.

Lo que más me preocupa es que se siga dejando pasar el tiempo. Mientras más se prolongue esta situación, más difícil será encontrar una salida que le permita al país comenzar de nuevo. Todavía creo que dentro de quienes hoy toman las decisiones puede existir alguien capaz de entender que gobernar no significa quedarse para siempre.

También hay que pensar en lo que viene después. En los hijos, en los nietos, en cómo queremos ser recordados y, sobre todo, qué país vamos a dejarles.

Yo no quiero para Nicaragua una historia interminable como la que hemos visto en otros lugares de nuestra región. Quiero elecciones, cambios de gobierno, gente que llegue y gente que se vaya. Eso debería ser lo normal.

Por eso no terminé decepcionado después de escuchar aquella reunión. Me habría gustado una posición más firme y más unida, sí. Pero también sentí que Nicaragua volvió a ser escuchada. Y después de tantos años esperando, eso me dice algo: esto no terminó ahí. Esto apenas comienza.

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