Fotografía del 30 de julio de 2026 que muestra al presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, hablando durante un acto en Bogotá (Colombia). EFE/ Mauricio Dueñas Castañeda

Fotografía del 30 de julio de 2026 que muestra al presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, hablando durante un acto en Bogotá (Colombia). EFE/ Mauricio Dueñas Castañeda

Abelardo de la Espriella: el fenómeno que está transformando la política en Colombia

Outsider de la política, no fue sino hasta julio del año pasado en que decidió ser candidato. Se le señala de haber sido defensor de grandes criminales; dijo que romperá relaciones con Nicaragua

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Por Paula Cabaleiro

El abogado penalista Abelardo de la Espriella inicia este 7 de agosto una de las irrupciones políticas más rápidas de la historia reciente de Colombia, después de pasar en apenas un año de fundar un movimiento propio a convertirse en el primer presidente del país identificado con la ultraderecha y comenzar a imprimir su sello incluso antes de asumir.

La misma puesta en escena que lo acompañó durante la campaña -el saludo militar con el que cierra sus discursos, los vídeos de estética cinematográfica y el lema de la «Patria Milagro»- ha marcado también las semanas de transición, en las que ha anunciado un profundo giro político e institucional con el que busca diferenciarse del Gobierno saliente de Gustavo Petro.

Del bufete a la política

Nacido en Bogotá el 31 de julio de 1978, aunque profundamente identificado con el Caribe colombiano por las raíces de su familia en el departamento de Córdoba, De la Espriella estudió Derecho en la Universidad Sergio Arboleda y construyó una exitosa carrera como abogado penalista antes de dar el salto a la política.

Durante años fue conocido por defender a clientes tan controvertidos como el empresario colombo-venezolano Alex Saab, hoy preso en EE.UU. o David Murcia Guzmán, protagonista de la mayor estafa piramidal de Colombia.

También participó hace dos décadas, a través de la Fundación Iniciativas por la Paz (Fipaz), en los diálogos entre el Gobierno de Álvaro Uribe y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), un episodio que volvió al debate durante la campaña presidencial.

Conocido entre sus seguidores como «el Tigre», cultivó una imagen de empresario de éxito y amante de la llamada «dolce vita».

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El éxito profesional le permitió lanzar el ron Defensor, el vino Fratellone y la línea de ropa masculina Siempre Avanti, además de grabar dos discos como tenor inspirados en sus raíces italianas. Está casado desde 2008 con Ana Lucía Pineda y es padre de cuatro hijos.

Vista de la estatua del fallecido escritor colombiano y premio Nobel Gabriel García Márquez (1927–2014), ubicada frente al histórico edificio de la Aduana, uno de los lugares alternativos elegidos por el presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, para despachar como jefe de Estado, en Barranquilla. Vanexa Romero / AFP
Vista de la estatua del fallecido escritor colombiano y premio nobel Gabriel García Márquez (1927–2014), ubicada frente al histórico edificio de la Aduana, uno de los lugares alternativos elegidos por el presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, para despachar como jefe de Estado, en Barranquilla. Vanexa Romero / AFP

En julio de 2025 decidió entrar en política con la creación de Defensores de la Patria -que este lunes fue reconocido por las autoridades electorales como partido político-, convencido de que Colombia atravesaba, según sus palabras, «las horas más oscuras» bajo el Gobierno de Gustavo Petro.

Lo que comenzó como una aventura personal terminó convirtiéndose en el fenómeno electoral que desplazó al uribismo como principal referente de la derecha colombiana y lo llevó a derrotar al izquierdista Iván Cepeda en las urnas.

Admira a Trump y a Bukele

Admirador del presidente de EE. UU., Donald Trump, y con constantes referencias al modelo del mandatario de El Salvador, Nayib Bukele, en materia de seguridad, construyó una campaña basada en la promesa de devolver el orden al país, combatir la delincuencia con «mano de hierro» y convertir a Colombia en una «Patria Milagro».

La noche de su victoria celebró rodeado de miles de seguidores entre banderas colombianas, música épica, el saludo militar y el grito de «¡Firmes por la patria!», una escenografía que ha mantenido intacta durante la transición presidencial.

Romperá relaciones con Nicaragua y Cuba

Si la campaña estuvo marcada por la seguridad, las semanas posteriores a las elecciones han estado dominadas por los gestos con los que De la Espriella ha querido anticipar el estilo de su Gobierno.

Antes incluso de asumir el cargo anunció un profundo giro en la política exterior con el restablecimiento de las relaciones con Israel y el traslado de la embajada colombiana a Jerusalén, una decisión que contrasta con la línea seguida por Gustavo Petro, quien ya anunció que encabezará la oposición al nuevo Ejecutivo.

También comunicó su decisión de cerrar varias embajadas, entre ellas las de Cuba, Nicaragua (con las cuales romperá relaciones) y Haití, así como consulados abiertos durante la Administración saliente, presentó un gabinete prácticamente completo semanas antes de la investidura y defendió una política exterior centrada en la promoción del comercio y la inversión.

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Su intención inicial era jurar el cargo en un cantón militar de Popayán, capital del departamento del Cauca (suroeste) como homenaje a las Fuerzas Armadas, aunque finalmente trasladó la ceremonia a Cali, que albergará por primera vez en la historia una investidura presidencial y a la que no invitó a los expresidentes Ernesto Samper (1994-1998) y Juan Manuel Santos (2010-2018).

A ello se sumó otra decisión cargada de simbolismo: anunció que no despachará desde la Casa de Nariño, que pretende convertir en un museo abierto al público, sino desde el Palacio de San Carlos, sede de la Cancillería, ambas en Bogotá, mientras impulsa un proyecto para convertir a Barranquilla en capital alterna de Colombia y establecer allí una sede permanente de la Presidencia.

Sin experiencia previa en cargos públicos, De la Espriella asumirá ahora el reto de demostrar que el fenómeno político que transformó la derecha colombiana en apenas un año puede traducirse también en un Gobierno capaz de responder a un país polarizado, con persistentes problemas de seguridad y con Gustavo Petro dispuesto a liderar la oposición desde el primer día.

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