La alcaldesa orteguista Reyna Rueda y el vicealcalde Enrique Armas. Tomada de El 19 Digital

La alcaldesa orteguista Reyna Rueda y el vicealcalde Enrique Armas. Tomada de El 19 Digital

Cómo la colorida tradición de Santo Domingo no desmiente la persecución religiosa

Hoy inician festividades de capitalinos. Martha Patricia Molina dice que, por multitudinarias, son difíciles de "controlar" para régimen Ortega Murillo

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Aunque miles de ciudadanos acompañan este primero de agosto a Santo Domingo de Guzmán, en su recorrido desde las Sierras al centro de Managua, la procesión no significa que desapareció la persecución religiosa en Nicaragua. Según la investigadora Martha Patricia Molina, las imágenes proyectadas en los medios oficialistas son un intento de lavar la cara a la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Después de la misa oficiada por el padre Boanerges Carballo, la movilización de los manifestantes marcó el inicio de diez días intensos que caracterizan las fiestas patronales de la capital. Multitudinarias y llena de mucho color. A diferencia de otras procesiones religiosas que han sido impedidas, desde 2019, la dictadura autorizó y promocionó las de Santo Domingo. Molina considera que esto ocurre, porque son difíciles de «controlar».

Molina es autora del informe Nicaragua: Una Iglesia Perseguida, que ha documentado la represión. «Todo es para vender la falsa normalidad que no existe en Nicaragua, porque la persecución religiosa es más que evidente y cómo nosotros podemos exponerla con el caso del obispo emérito Juan Abelardo Mata ya cumplió más de un mes de estar desaparición forzada nadie sabe dónde está ni nadie lo ha visto ni nadie ha platicado con él», apuntó.

¿Qué procesiones ha permitido el régimen?

El expreso político Manuel Antonio Obando, antiguo comunicador de la Diócesis de Matagalpa, coincidió en que no hay normalidad religiosa en Nicaragua, porque la mayoría de diócesis tienen restricciones para realizar actividades fuera de los templos. En un video, publicado en su cuenta de redes sociales, el periodista dijo que la procesión de Santo Domingo y la de la Virgen de la Merced en León son las pocas que se permiten en el país.

«No podemos decir que la fe en Nicaragua se vive normal. ¿Quién más no puede hacer sus procesiones: No puede, por ejemplo, Juigalpa con la Virgen de la Asunción, que se celebrará el próximo 15 de agosto. No puede hacerla San Ramón en Matagalpa, que la celebrará el 15 de agosto. No puede hacer su procesión la Virgen de la Merced, patrona de la Diócesis de Matagalpa. Se celebra el 24 de septiembre, y que, desde 2019, no sale. De San Jerónimo en Masaya, el 30 de septiembre, ni de la misma patrona de Nicaragua puede salir, la Virgen del trono, la Inmaculada Concepción en El Viejo, Chinandega, y donde la procesión es intramuros el ocho de diciembre», lamentó el comunicador.

Oficialismo manipula tradición para hacer propaganda

El recorrido de la imagen venerada en Managua es de 10 kilómetros. Termina en la iglesia de Santo Domingo, ubicada en los escombros de la vieja Managua. Los medios oficialistas no han perdido la oportunidad para afirmar que las instituciones «aseguran» que las familias disfruten en «paz» y «armonía», en plena concordancia con el mensaje estatal que ignora la represión que la dictadura ha impuesto a creyentes y a la ciudadanía en general.

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La imagen del santo fue montada sobre una peaña adornada con flores de color roja, morado y rosado con hojas verdes. Se puede observar que los tradicionalistas portan cotonas amarillas y bailan al santo al son de filarmónicos. Además un cordón policial custodia el recorrido del santo patrono de los managuas.

Las autoridades de la Comuna de Managua se han acercado a las religiosas. La alcaldesa orteguista, Reyna Rueda y el vicealcalde Enrique Armas figuraron en el tradicional recorrido, previo el 31 de agosto, y realizaron una visita al cardenal Leopoldo José Brenes, Arzobispo de Managua.

Molina criticó el «cinismo e hipocresía» de la dictadura. «La alcaldesa sandinista Reyna Rueda se autoproclama mayordoma sin el beneplácito y bendición de la autoridades eclesiásticas y junto al vicealcalde Enrique Armas se encuentran con el cardenal Leopoldo Brenes, en la bajada de Santo Domingo de Guzmán», escribió en sus cuentas de redes sociales.

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En declaraciones recientes, Rosario Murillo se quejó en los medios oficialistas de quienes han criticado a Brenes por aparecer sonriente con los oficialistas. Sin mencionarlos por su nombre, la dictadora agregó: «Eso es la condición rastrera de quienes no aman a Nicaragua ni a su familia». Los calificó como «apátridas», pero guarda silencio sobre el paradero de monseñor Mata y otras acciones que evidencian la persecución religiosa, ejecutada por su régimen.

Festividades de Santo Domingo «muy difícil de controlar»

A criterio de la investigadora religiosa, las celebraciones religiosas de Santo Domingo de Guzmán son «muy difícil de retener», por la dimensión que representa no solo para los capitalinos sino para todos los nicaragüenses.

«Las fiestas de Santo Domingo, porque tiene una particularidad, aunque es una fiesta casi propia de Managua, es una fiesta multitudinaria, no es local. La cantidad de gente que llega a la bajada del santo y a todas las las fiestas que engloban este mismo es excesiva, es muy difícil de controlar y de retener«, reiteró.

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Asimismo mencionó que se desprenden otras actividades que son más paganas. «Estas actividades del palo lucio, la hípica donde sabemos que hay intereses económicos, porque ponen sus negocios, venden licor, hacen apuestas, esto también tiene un sentido comercial y turístico, porque a las fiestas no solo llegan devotos del Santo sino turistas», señaló Molina.

Todo lo anterior, dijo la investigadora, «lo aprovecha el régimen para decir que en Nicaragua sí hay libertad religiosa cuando realmente no es así. Las celebraciones de Santo Domingo de Guzmán no la pueden prohibir es algo imposible además porque está en juego sus intereses políticos, económicos y de toda índole. La dictadura es oportunista».

Según la investigación de Molina sobre la represión religiosa, la dictadura ha prohibido más de 28 mil procesiones entre 2019 y abril de 2026. Más de 300 sacerdotes viven fuera de Nicaragua, a consecuencia de la represión. Cuatro de estos son obispos: Carlos Herrera, de Jinotega y presidente de la Conferencia Episcopal; Silvio Báez, obispo auxiliar de Managua; Rolando Álvarez, obispo de Matagalpa y administrador apostólico de Estelí, e Isidoro Mora, de la Diócesis de Siuna.

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