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El joven Luis Miguel Hernández Soza, de 22 años, fue absuelto del delito de homicidio tras demostrar en juicio que actuó en legítima defensa al ser atacado por dos hombres que intentaron robarle cuando regresaba a su vivienda en Bonanza, en la Costa Caribe Norte.
La resolución fue dictada el pasado 27 de julio por el juez de Distrito Penal de Juicio de Siuna, Lenín Vladimir Solórzano Poveda, quien ordenó la inmediata liberación del joven luego de concluir que no existía responsabilidad penal en los hechos que provocaron la muerte de Renso William Toledo White, de 27 años, y Jimmy Levis Pantíng, de 22.
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De acuerdo con la acusación presentada por el Ministerio Público a la que tuvo acceso LA PRENSA, el incidente ocurrió alrededor de las 7:30 de la noche del pasado 18 de marzo frente a la discoteca Río Escondido, en el municipio de Bonanza.
Según el relato de la Fiscalía, los dos fallecidos interceptaron a Hernández cuando este regresaba a la habitación que alquilaba en el barrio Rubén Darío, después de haber salido a comprar comida. Ambos portaban armas blancas y llevaban el rostro cubierto con pañoletas. Pantíng además usaba una gorra y portaba un machete, mientras que Toledo llevaba un cuchillo.
Lo querían degollar
La acusación sostiene que Toledo colocó el cuchillo en el abdomen del joven y le arrebató una lámpara minera. De forma simultánea, Pantíng le puso el machete en el cuello y le exigió que entregara todas sus pertenencias bajo amenaza de muerte.

Momentos después, Toledo lanzó una cuchillada que alcanzó el antebrazo izquierdo de Hernández. Ante la agresión y el peligro que corría su vida, el joven sacó un cuchillo que llevaba en la cintura y respondió al ataque, provocando una herida en el rostro y cuello de su agresor.
La situación escaló cuando Pantíng intentó asestarle un machetazo en la cabeza. Hernández logró bloquear el golpe con su brazo izquierdo. Segundos después, el atacante lanzó un segundo machetazo dirigido a la misma zona, pero nuevamente el joven se protegió, esta vez utilizando su brazo derecho. En medio del forcejeo, Hernández asestó una estocada en el tórax de Pantíng para repeler la agresión.
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Tras resultar heridos, ambos hombres emprendieron la huida. Sin embargo, uno de ellos cayó a unos 40 metros del lugar del incidente y el otro a aproximadamente 20 metros. Los dos fallecieron poco después debido a las heridas sufridas.
Fiscalía no logró demostrar culpabilidad
Durante el juicio también declaró un testigo que aseguró que los fallecidos eran conocidos en la zona por supuestamente participar en robos. Según su testimonio, acostumbraban intimidar a sus víctimas con machetes para despojarlas de teléfonos celulares y otras pertenencias.
Al emitir el fallo, el juez Solórzano determinó que el Ministerio Público no logró demostrar la responsabilidad penal de Hernández. Por el contrario, la defensa acreditó que el acusado actuó bajo las circunstancias de legítima defensa, contempladas en el artículo 34, numeral 4, del Código Penal.

En la orden dirigida al director del centro penitenciario de Waswalí, en Matagalpa, Donald Antonio Pérez, el judicial dispuso la liberación inmediata de Hernández, quien permanecía detenido por la causa iniciada tras la muerte de Toledo y Pantíng.
La sentencia puso fin a un proceso judicial que giró en torno a determinar si el joven había cometido un homicidio o si, como finalmente concluyó el tribunal, actuó para proteger su propia vida ante un ataque armado.