El adolescente de iniciales L.J.B., de 15 años, fue asesinado brutalmente por supuesta transferencia de drogas. Foto: Hache López/Facebook.

El adolescente de iniciales L.J.B., de 15 años, fue asesinado brutalmente por supuesta transacción de drogas. Foto: Hache López/Facebook

Adolescente fue asesinado tras descubrir que lo engañaron en intercambio de droga por celular

El adolescente descubrió que la sustancia que le estaban entregando a cambio de su celular no correspondía a la droga que le habían ofrecido

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El adolescente de iniciales L.J.B., de 15 años, fue asesinado brutalmente después de descubrir que la sustancia que le entregaron a cambio de un celular no era la que le habían prometido, según la acusación presentada por la Fiscalía contra otro menor de apellido Duarte. El crimen ocurrió el 3 de julio en un cafetal de la comarca El Sardinal Nº 2, en Jinotega.

De acuerdo con la acusación fiscal, la víctima viajó desde la comarca La Joba Nº 1, en Wiwilí, hasta El Sardinal Nº 2 para concretar un intercambio previamente acordado con el acusado, un adolescente de 17 años. Como parte del trato, la víctima entregaría un celular Samsung Galaxy A16 a cambio de una sustancia ilícita que supuestamente recibiría de la otra parte.

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Para llegar al lugar, el adolescente se trasladó en una motocicleta conducida por Axel Joan Hoyes, de 19 años, quien figura como uno de los testigos en el proceso, ya que conocía del intercambio acordado. Antes de reunirse con Duarte, L.J.B. le pidió a su amigo que lo esperara aproximadamente una hora y media y que se retirara si no regresaba, ya que la motocicleta era prestada.

Las investigaciones indicaron que ambos menores caminaron hacia una zona despoblada cercana a un cafetal para realizar el supuesto intercambio. Sin embargo, al revisar y probar la sustancia que le entregaron, el adolescente se percató de que no correspondía a la que habían acordado previamente, situación que desencadenó una fuerte discusión.

Adolescente fue encontrado sin vida en Jinotega. Foto: Canal 10.
Adolescente fue encontrado sin vida en Jinotega. Foto: Canal 10.

Acusado de asesinato agravado

Fue entonces cuando el acusado presuntamente atacó a la víctima con un machete, causándole múltiples heridas que le provocaron la muerte. Tras cometer el crimen, huyó del lugar y abandonó el cuerpo en la escena.

Jaime Benavídez, hermano de la víctima, ya sospechaba que el joven que fue visto trasladando a L.J.B. en motocicleta no era el autor del crimen. Desde un inicio creyó que su hermano fue llevado hasta el lugar del asesinato para encontrarse con otra persona, quien finalmente habría sido la responsable de quitarle la vida.

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Los restos del adolescente fueron encontrados tres días después en avanzado estado de descomposición, a unos 58 kilómetros al sur de la vivienda donde residía en Wiwilí.

La Fiscalía acusó a Duarte por el delito de asesinato agravado. Entre los principales testigos figura un joven que presuntamente observó los hechos.

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COMENTARIOS

  1. Hace 2 meses

    Es una tragedia. Dos adolescentes con la vida destruida: uno asesinado y el otro enfrentando la perspectiva de pasar parte de su existencia tras las rejas y si no, (porque es menor de edad) es todavía peor. En el fondo, una sabandijita terminó asesinando a otra sabandijita. Y no lo digo para deshumanizarlos, sino para describir la magnitud de la degradación a la que ambos habían llegado.

    No pretendo condenar antes de que la justicia haga su trabajo. Pero hay detalles que llaman la atención. La fotografía del muchacho haciendo señas de pandillero, luciendo una camiseta de AC/DC, me hizo pensar. Y aclaro: no tiene absolutamente nada de malo usar una camiseta de AC/DC. El problema no es la camiseta; el problema es cuando esa imagen es solo un disfraz. Me atrevería a apostar que, si le hubieran preguntado de qué país es AC/DC o cuál es la capital de ese país, probablemente ni siquiera lo habría sabido. No era cultura; era pose.

    Ahora vendrán las explicaciones de siempre: que la culpa es de los padres, que la culpa es del Estado, que la culpa es de la pobreza, que la culpa es de la falta de oportunidades. Y, para completar el repertorio, la frase que más me cuesta aceptar: “Dios tenía un plan”.

    Hace poco vimos la noticia de un joven nicaragüense indocumentado, de origen mayangna, que se graduó como médico en Estados Unidos. Ese ejemplo no demuestra que el entorno no importe, porque sí importa. Pero sí demuestra que el origen humilde, la falta de recursos o las dificultades de la vida no condenan inevitablemente a una persona al crimen.

    Cada ser humano toma decisiones. Hay personas que, aun enfrentando enormes obstáculos, construyen; otras eligen destruir. La ciencia lleva décadas estudiando cuánto influyen la genética, el ambiente y las experiencias personales en la conducta violenta. Todo indica que ninguna de esas variables, por sí sola, determina el destino de una persona. Pero tampoco podemos borrar la responsabilidad individual detrás de cada acto.

    Al final, más allá de todas las explicaciones posibles, hay una realidad imposible de ignorar: un muchacho perdió la vida, otro destruyó la suya, y dos familias quedaron marcadas para siempre. Esa es la verdadera tragedia.

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