La Unión Europea quiere construir más edificios y a la vez que sean baratos y sostenibles, pero sabe que
el cemento, el material de construcción más utilizado del bloque, es altamente contaminante. Por ello,
surgen alternativas que van desde los ‘ecocementos’ hasta directamente sustituirlo por el barro y la tierra.
En una ponencia sobre cómo Europa puede acercarse a un modelo de construcción climáticamente neutro, circular y competitivo, en el marco del festival New European Bauhaus en Bruselas, la arquitecta alemana Anna Heringer explicó una propuesta basada en el uso de barro y tierra compactada (‘Mud constructions’ en inglés), que está «probado durante miles de años, presente en todos los continentes y en casi todas las zonas climáticas, y utilizado en miles de millones de hogares».
Es una de las propuestas que buscan hacer frente a la huella medioambiental que deja la industria del
hormigón, que genera aproximadamente el 5 % de las emisiones mundiales de CO2, principalmente por el proceso de calcinación aplicado para hacer cemento.
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«El cemento, el acero y los ladrillos necesitan cocción. El petróleo tarda millones de años en formarse.
Utilizar la tierra en su estado natural, sin añadirle nada, es la forma más respetuosa con el medioambiente
y de menor impacto para construir», detalló Heringer, que abogó por dejar de utilizar la tierra como un
«desecho» y aprovechar su carácter 100 % natural y reciclable.
«Escalarlo a millones de hogares»
La arquitecta destacó la facilidad de acceso a estos materiales en todos los territorios, «incluido el Sur
Global», y puso de ejemplo el reciente uso de esta técnica en el último edificio que diseñó dentro del
Campus de San Miguel, en la Alta Baviera alemana.
«Que sea posible escalarlo a miles de millones de hogares se ha demostrado a lo largo de miles de años»,
dijo.
Heringer detalló que la tierra compactada es capaz de proporcionar «estabilidad» a edificios de varios
pisos y argumentó que la propuesta tiene probada su eficacia. De hecho, una idea similar le valió el primer premio europeo de este festival, en 2021, al austriaco Martin Rauch por sus elementos prefabricados de tierra en bruto.
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Pero Heringer sostuvo que esta idea «no está en sintonía con nuestra industria de la construcción, ni con
las normas y reglamentos que a menudo están influenciados por esa misma industria», aunque sí guarde
sinergias con «la intuición y el sentido común».
La diseñadora arquitectónica subrayó que en el modelo actual «es más barato enviar un material desde
China que contratar artesanos locales para construir una casa», lo que vio poco «saludable» para la
sociedad y el medioambiente.
La perspectiva local y el ‘ecocemento’
Carmen Díaz, directora de recursos humanos y sostenibilidad en la empresa de materiales de
construcción HOLCIMP coincidió con Heringer en que la industria debe avanzar hacia una «perspectiva
local» para desarrollar las habilidades «en las comunidades locales».
Desde esa base, Díaz habló de una probada implementación de soluciones de cemento y hormigón
premezclado que derivan en bajas emisiones de carbono y que a la vez son «accesibles a todos los
mercados».
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«Además, nos estamos enfocando mucho en cómo construir de manera más eficiente, cómo construir con
menos material, con materiales locales para que sea más cómodo y también menos exigente
energéticamente», agregó.
El uso de los materiales y el aprovechamiento de los recursos naturales centraron en la mañana de este
martes el foro del festival New European Bauhaus, que se celebra en Bruselas esta semana, con la
exhibicion de proyectos europeos de diseño arquitectónico comunitario y sostenible.