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La oficina del portavoz del Departamento de Estado de EE. UU. anunció, este 30 de marzo, la reanudación de operaciones de su embajada en Venezuela, cuya responsabilidad está en manos de la exembajadora en Nicaragua, Laura Dogu.
“Hoy reanudamos oficialmente las operaciones en la Embajada de Estados Unidos en Caracas, lo que marca un nuevo capítulo en nuestra presencia diplomática en Venezuela”, destaca la nota de prensa. Ambos países habían roto relaciones diplomáticas hace siete años.
La reapertura de la sede diplomática ocurre casi tres meses después de la captura el 3 de enero de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, cuando el país es dirigido, con la aprobación de la Administración Trump, por la presidenta encargada de Venezuela, la chavista Delcy Rodríguez.
El Departamento de Estado explicó que la labor diplomática de EE. UU. en Venezuela se ha llevado a cabo a través de la Unidad de Asuntos de Venezuela (VAU), una “oficina diplomática interina”, ubicada en la Embajada de Estados Unidos en Bogotá, Colombia.
Laura Dogu a cargo de la Embajada en Caracas
En Nicaragua, la embajadora Laura Dogu no es una desconocida. A finales de enero, la administración Trump la nombró encargada de negocios en Venezuela. Según la hoja de vida, publicada por el Departamento de Estado, la diplomática ha sido embajadora además en Honduras y fue asesora de política exterior del jefe del Estado Mayor Conjunto del Ejército de su país, el general Dan Caine.
Caine es el alto jefe militar que tuvo a cargo la operación «Determinación Absoluta», que permitió la captura de Maduro, su esposa y el posterior traslado a Estados Unidos, donde son procesados por actividades vinculadas al narcotráfico en Nueva York.
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“La embajadora Laura F. Dogu llegó a Caracas para dirigir los esfuerzos del Gobierno de Estados Unidos sobre el terreno en Venezuela en calidad de encargada de negocios”, dice la nota de prensa sobre la reapertura.
También mencionan que el equipo de Dogu está restaurando el edificio de la Cancillería de la Embajada de Estados Unidos en Caracas para “preparar el regreso completo del personal lo antes posible y la eventual reanudación de los servicios consulares”.
La noticia es catalogada como “un hito clave” por el Departamento de Estado. Estados Unidos busca implementar un plan de tres etapas luego de la captura de Maduro: la estabilización con el control de la producción petrolera y venta de crudo; la recuperación que incluye la inversión extranjera y principalmente de Estados Unidos en infraestructura y petróleo; y la transición con la que esperan la reconciliación política y el desarrollo de elecciones libres.
Además de esto, el Departamento de Estado resalta que “fortalecerá” su capacidad para interactuar directamente con el Gobierno interino de Venezuela, la sociedad civil y el sector privado.
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El efecto de la caída de Maduro
La caída de Maduro ha provocado consecuencias en sus aliados internacionales. Lo más inmediatos son las dictaduras de Cuba y Nicaragua. La primera se encuentra en conversaciones con Washington, en medio de una crisis energética, el bloqueo petrolero impuesto por Washington y una pobreza estructural de décadas a la que se suma la represión impuesta por la tiranía más longeva de América Latina.
El régimen encabezado por Daniel Ortega y Rosario Murillo lleva ya 19 años en el poder, abolió la independencia de poderes, conculcó los derechos de los ciudadanos e instauró un sistema de persecución con alcance internacional.
Dogu fue embajadora en Nicaragua entre 2015 y culminó cuando el país vivía una crisis sociopolítica en 2018, a causa de la represión. A su salida, Dogu calificó ese año como “tumultuoso”. Contrario a la propaganda del régimen, ella agregó que “Nicaragua no ha regresado a la normalidad” y advirtió a inversionistas sobre los riesgos de traer su dinero a territorio nicaragüense.