El diario LA PRENSA llega al centenario con sus instalaciones ocupadas por la fuerza por la dictadura de Ortega y Murillo. (Foto archivo)

Un siglo de periodismo bajo persecución, exilio y resistencia

Diversas personalidades coinciden en que la trayectoria de LA PRENSA trasciende las fronteras de Nicaragua y se ha convertido en un símbolo de compromiso con la libertad y el periodismo en la región.

Este lunes 2 de marzo, LA PRENSA cumple 100 años de existencia. El Diario de los Nicaragüenses alcanza su centenario convertido en el medio más antiguo e influyente de Nicaragua, pero también bajo circunstancias que reflejan con crudeza la realidad nacional: con su redacción funcionando en el exilio y sus instalaciones bajo control de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

El periódico llega al siglo de vida lejos del edificio donde durante décadas se imprimieron sus páginas y se construyó una parte esencial de la memoria nacional. En agosto de 2021, fuerzas policiales ocuparon militarmente sus instalaciones y, un año después, la persecución contra periodistas y trabajadores obligó a la salida escalonada del país de su equipo editorial. 

Desde entonces, LA PRENSA opera desde el exterior, sostenida por periodistas dispersos entre Costa Rica, Estados Unidos, México, España y Alemania, publicando diariamente a través de su plataforma digital.

El Diario que durante un siglo documentó abusos de Estado, breves aperturas democráticas y largas dictaduras familiares arriba a su aniversario más importante viviendo una experiencia que forma parte de su propia historia: la censura, el hostigamiento político y el destierro.

El escritor nicaragüense Sergio Ramírez define la existencia de LA PRENSA como un fenómeno excepcional dentro del país. Recordó que ningún otro medio nacional ha alcanzado una permanencia similar. 

“Todos los medios contemporáneos de LA PRENSA fueron desapareciendo uno tras otro por distintas razones”, señaló y evocó publicaciones hoy prácticamente olvidadas como La Noticia, Flecha o El Nuevo Diario, que describió como periódicos de una Managua pequeña, con enfoques políticos o propagandísticos.

Sergio Ramírez, escritor político nicaragüense; Luis Guillermo Solís, expresidente de Costa Rica, y Martin Baron, periodista estadounidense.

Para Ramírez, la diferencia fundamental surgió a mediados del siglo XX, cuando Pedro Joaquín Chamorro Cardenal impulsó una transformación profunda tras su regreso de México en 1948. 

“Poner al día el periódico tecnológicamente y también en términos de contenido” significó abandonar el modelo de las antiguas hojas partidarias y apostar por el periodismo informativo moderno. Según el escritor, ese cambio marcó el destino del diario. “Volver a LA PRENSA un periódico informativo fue decisivo para su permanencia”.

El proceso de modernización incluyó la transición de la tipografía tradicional hacia sistemas de impresión más avanzados, la conexión con agencias internacionales mediante teletipos y la incorporación sistemática de la fotografía periodística. Ramírez recordó que el Diario “introdujo la fotografía como elemento esencial de la información”, mencionando a reporteros gráficos que marcaron época, como Francisco Rivas Quijano (Rivitas) y Agustín Fuentes, cuya mirada ayudó a narrar visualmente la historia del país.

El novelista también evocó momentos emblemáticos, entre ellos la edición posterior al terremoto de Managua de 1972, cuando el periódico superó los cien mil ejemplares impresos, una cifra excepcional para Nicaragua. 

Sin embargo, subrayó que el papel del Diario nunca fue únicamente informativo. “Todo el mundo sabía que era un símbolo de la oposición contra Somoza”, afirmó. Esa dualidad entre informar y representar una conciencia crítica frente al poder explica, a su juicio, su relevancia histórica. “Es un siglo en que LA PRENSA fue un espejo del país y el país entró en LA PRENSA”.

El presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa, José Roberto Dutriz, dijo que el caso de LA PRENSA trasciende el ámbito nacional y se convierte en un referente regional frente a la represión contra los medios. Desde su cargo, Dutriz impulsó la candidatura de LA PRENSA al premio Guillermo Cano, que la Unesco le otorgó al Diario en mayo de 2025.

“LA PRENSA simboliza la resistencia del periodismo libre frente a los intentos de silenciarlo”, sostuvo Dutriz, también director y presidente de La Prensa Gráfica de El Salvador, quien recordó que la postulación al premio surgió en medio del creciente asedio ejercido por el régimen Ortega-Murillo. En ese contexto, afirmó que el periódico ha enfrentado confiscaciones, persecución judicial, asfixia económica y el encarcelamiento de directivos vinculados a la familia propietaria.

El dirigente gremial insistió en que la continuidad del diario posee un significado institucional más amplio. “El periódico es más que un medio de comunicación. Es una institución”, dijo, destacando que su historia, marcada también por el asesinato de su director Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, lo convierte en un símbolo hemisférico de defensa democrática. En su valoración, LA PRENSA representa un ejemplo de resistencia cuando “ya no hay nadie que lo pueda hacer”.

Laura Chinchilla, expresidenta de Costa Rica; José Roberto Dutriz, presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y director de La Prensa Gráfica, de El Salvador; y Jaime Abello Banfi, director general de la Fundación Gabo.

Desde la Fundación Gabo, su director general, Jaime Abello, situó el centenario dentro del debate continental sobre la libertad de expresión. Señaló que, a lo largo de sus distintas etapas, el Diario ha demostrado un compromiso sostenido con la responsabilidad ética y social del periodismo. Recordó que esa defensa ha tenido costos humanos profundos. 

“Este Diario ha resistido enormes presiones y ha defendido, con valentía y sacrificio, los principios fundamentales de la libertad de expresión, a costa del martirio de su inolvidable director Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y del exilio actual de su equipo periodístico”, dice.

 “La importancia de LA PRENSA trasciende las fronteras de Nicaragua. Es un símbolo de lucha por la verdad en un continente donde la libertad de prensa enfrenta constantes amenazas”, afirmó al celebrar el centenario en nombre de la institución creada por Gabriel García Márquez.

El reconocimiento adquiere una dimensión particular desde Costa Rica, país que hoy alberga a buena parte de la redacción. El expresidente Luis Guillermo Solís recordó que la relación entre ambas naciones también forma parte de la historia del periódico. “¿Cuántas veces vino Pedro Joaquín Chamorro a Costa Rica huyendo de la dictadura de los Somoza?”, preguntó, estableciendo un paralelo directo con la situación actual.

Solís considera que el exilio contemporáneo reproduce episodios históricos ya vividos por este Diario. “Hay que reconocer el espíritu que tienen los periodistas de trabajar desde donde estén en aras de mantener la mirada y el dedo puesto en el caso de Nicaragua”, expresó.

Al mismo tiempo, admitió el peso simbólico del aniversario bajo estas circunstancias. “Es muy triste que un medio cumpla esos 100 años lejos de la tierra en la que se fundó y eso refleja las condiciones en las que se encuentra Nicaragua hoy”. 

Aun así, destacó que el periódico ha mantenido durante un siglo un compromiso con la verdad y la justicia por el cual “han pagado incluso con su vida su oposición a las dictaduras”.

La expresidenta costarricense Laura Chinchilla coincidió en situar el centenario como un acontecimiento histórico mayor. Para ella, representa “un hito significativo en la historia del periodismo nicaragüense y universal”. Recordó que desde su fundación en 1926 el Diario se convirtió en un baluarte de la libertad de expresión, en un país marcado por prolongados periodos autoritarios.

Chinchilla repasó los ataques sufridos por el medio a lo largo de décadas, desde el asesinato de Pedro Joaquín Chamorro en 1978 hasta los boicots a insumos de impresión, intimidaciones, arrestos y finalmente la toma de sus instalaciones por la actual dictadura. Ninguno de esos episodios, señaló, logró doblegarlo. “No han logrado someter su espíritu indomable”.

La exmandataria destacó además el significado regional del exilio del periódico. “Como costarricense, constituye un honor brindar abrigo a LA PRENSA en nuestro territorio y apoyar su labor en la defensa de la libertad de expresión”, afirmó, añadiendo que su historia constituye una advertencia sobre los riesgos que enfrentan las sociedades que descuidan la democracia. 

En su mensaje expresó un deseo que resume el reconocimiento internacional al Diario: “Que LA PRENSA continúe siendo la voz de quienes no pueden hablar y un símbolo de resistencia por muchos años más”.

Desde Estados Unidos, Alex Mena, director de The Miami Herald, interpretó el aniversario en términos históricos más amplios. “Que LA PRENSA cumpla 100 años es un acto de resistencia histórica”, afirmó. A su juicio, alcanzar el centenario con la redacción en el exilio no representa una derrota, sino una afirmación ética. “Llegar a su centenario con su redacción en el exilio no es señal de debilidad, sino de dignidad y de un compromiso inquebrantable con la verdad”.

En los años 80, durante la Revolución Sandinista, LA PRENSA también sufrió censura y ataques de turbas sandinistas. (Foto archivo)

Mena considera que la trayectoria del periódico envía un mensaje que trasciende Nicaragua. “La historia de LA PRENSA es un recordatorio para toda la región de que la libertad de expresión puede ser perseguida, pero no silenciada”, sostuvo, situando el caso dentro del panorama latinoamericano actual, donde el ejercicio del periodismo enfrenta presiones crecientes.

El periodista estadounidense Martin “Marty” Baron, quien fue director del Washington Post ​y del Boston Globe, destacó a los periodistas de LA PRENSA como un modelo admirable de ese espíritu. “Aunque se ven obligados a trabajar en el exilio durante el centenario de su periódico, están cumpliendo con su obligación profesional y moral de proporcionar al pueblo nicaragüense la verdad sobre lo que está sucediendo en su país».

«Los dictadores pueden reprimir a la prensa. Pueden negar a los ciudadanos los hechos de su país. Sin embargo, no pueden extinguir el espíritu de los periodistas comprometidos con brindar al público la información que tiene todo el derecho a conocer», señaló.

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