«Los avances en la investigación son positivos hasta la fecha, aunque insuficientes para la magnitud y gravedad del caso», dice a LA PRENSA la activista Claudia Vargas, la viuda del exmilitar y disidente sandinista, Roberto Samcam, asesinado de ocho balazos en su residencia en Moravia, San José.
El exmilitar fue asesinado hace seis meses en circunstancias que han despertado sospechas por haber denunciado la presencia de «células de Daniel Ortega en Costa Rica». Hasta ahora, el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) no ha ofrecido una respuesta concluyente en cuanto al móvil del crimen, mientras la oposición nicaragüense y organismos defensores de derechos humanos han denunciado un crimen político.
LA PRENSA solicitó comentarios a la OIJ, pero al cierre de este artículo no hubo respuesta.
Gatillero aún no ha sido detenido
Tres individuos fueron capturados entre el 11 y el 12 de septiembre. Están en prisión, luego que un tribunal dispuso el 16 de septiembre que fueran retenidos hasta marzo del 2026 de forma preventiva.
Se conoce al planificador en Costa Rica, y por lo menos tres facilitadores y al propio gatillero aún prófugo, pero no es preciso todavía quién fue el verdadero autor intelectual. «Costa Rica está dando pasos importantes en la búsqueda de justicia», reflexionó Vargas.
«Hemos hablado de la importancia de detener a todos los autores materiales y llegar a los intelectuales; toda la cadena es clave. También se ha discutido qué esfuerzos se están haciendo para capturar al gatillero principal. Los primeros arrestos fueron hace tres meses y se dieron medidas cautelares por seis meses, así que creo que en ese plazo se podría montar una acusación contra los detenidos y empezar el juicio, posiblemente alrededor del primer aniversario. No habría por qué extenderlo más, y espero que en el camino se capture al otro prófugo», estima Vargas.
Samcam fue mayor en el Ejército Popular Sandinista (EPS). Pero desde hacía décadas era un crítico del régimen de Daniel Ortega. El expediente de la OIJ alimentó las sospechas de que se estuvieran dando operaciones contra críticos de Ortega en suelo costarricense. En el crimen de Samcam supuestamente está implicado un exmilitar sandinista, conectado con el mismo jefe del Ejército y también con la inteligencia cubana.
Sin embargo, la OIJ advirtió que su proceso investigativo estaba siendo interferido por «una agencia de inteligencia extranjera», a la que no identificó. Vargas dijo que el juicio será ineludiblemente político. «Roberto, un opositor con perfil, fue asesinado por la mano represora que vino hasta Costa Rica a matarlo. Eso tiene una relevancia importante para Costa Rica como país democrático y de acogida, para los nicaragüenses como un juicio político que se dará aquí el próximo año, y que será emblemático para la comunidad de exiliados», explicó.
De acuerdo con Salvador Marenco, coordinador del Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más, el caso de Samcam «evidenció la represión transnacional» que ya existía en Costa Rica con el intento de asesinato de dos opositores de Ortega.
«Este Colectivo ha contabilizado al menos nueve casos más de opositores desde 2019 a la fecha, así como dos atentados contra Joao Maldonado y Nidia Robleto», mencionó Marenco, sumando casos ocurridos en Costa Rica y Honduras.
El abogado indicó que el asesinato de Samcam buscaba «exportar terror y silencio». «Roberto es una voz poderosa y denunció las graves violaciones a derechos humanos del Ejército de Nicaragua, así como otros voceros del régimen».
Viuda está bajo protección
Vargas se mantiene bajo protección, proporcionada por «un programa de protección que no es del Gobierno de Costa Rica» y por redes de apoyo de la sociedad civil, incluyendo a las agrupaciones feministas de las que forma parte desde hace años.
«Tengo terapia psicológica y otras alternas para estar bien y fortalecida, porque el proceso no es nada fácil. Estamos ante un duelo con dos dimensiones: personal y política. Esto no es solo una tragedia personal, es una para todo un país. A Nicaragua le robaron a un analista político, un ciudadano democrático con influencia en los medios y en la población exiliada. Me siento fortalecida gracias a todas estas redes y programas que me acuerpan», expresa Vargas.
En estos meses, ella ha trabajado de cerca con el equipo de expertos legales que asumió el caso de Samcam: Guernica 37. Colabora activamente con las autoridades costarricenses, pero también incidiendo ante foros internacionales.
«En sesiones recientes del Consejo de Seguridad en Nueva York y del Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, el representante de Costa Rica como Estado aceptó el informe (del Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua) sobre violaciones (a los derechos humanos) transnacionales y mencionó explícitamente el asesinato de Roberto como represión transnacional contra Costa Rica. Costa Rica va a necesitar mucho apoyo y respaldo para llegar hasta los perpetradores intelectuales», valora Vargas.
Hasta la fecha, la viuda asegura no haber recibido comunicaciones del Ejecutivo costarricense. El presidente Rodrigo Chaves no se pronunció al respecto públicamente, siendo la única declaración de condena institucional la del Legislativo, que poco después del asesinato instó a investigar la existencia de células terroristas al servicio de la dictadura en Nicaragua, algo que la administración Chaves ha negado con anterioridad.
«He hablado con algunas diputadas y candidatas mujeres en contextos como marchas o el foro de mujeres políticas; ellas saben de mi búsqueda de justicia y me han reafirmado su acompañamiento sin importar su posición», revela.
«Estos seis meses han sido de mucho trabajo —arduos y muy duros—, pero también de una respuesta inmensa de apoyo local, nacional e internacional. Hemos visibilizado la represión transnacional, poniendo el asesinato de Roberto y el caso Samcam como prueba central en la discusión. Hace falta más, porque los exiliados seguimos en riesgo, pero es importante lo logrado: resignificar el caso para destacar los peligros que implica el trabajo en derechos humanos, la vocería y los medios de comunicación para los nicaragüenses», concluye.