Alejandro Moraga, un nicaragüense que llegó a Costa Rica en busca de refugio tras haber participado en las protestas contra Daniel Ortega, lleva siete años a la espera de una resolución que le permita ser identificado legalmente como «asilado».
Su esperanza poco a poco se desvanecía ante la enorme cantidad de solicitudes que tiene Costa Rica similares a la de él, y ahora el panorama luce más complejo con la noticia del cese de operaciones de la Sociedad hebrea para la asistencia de la inmigración (HIAS, por sus siglas en inglés).
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HIAS fue fundado en 2017. Brindaba apoyo a las personas refugiadas y desplazadas en Costa Rica. Ofrecía apoyo legal en la prevención de la violencia contra mujeres y niñas, y velaba por los derechos de la infancia, proporcionando alojamiento seguro, garantizando el acceso a alimentos y reasentando a las personas refugiadas, la mayoría provenientes de Nicaragua.
La organización anunció esta semana el cese de sus operaciones como consecuencia de los cambios en la política de cooperación internacional de los Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, produciendo un impacto directo y mayormente en los nicaragüenses refugiados en ese país, valoraron expertos al diario LA PRENSA.
La organización anunció oficialmente en sus redes sociales el cese de sus operaciones el 15 de diciembre. «HIAS enfrenta restricciones financieras significativas y sin precedentes debido al impacto de las políticas del gobierno de Estados Unidos. Esto ha resultado en una reducción sustancial de nuestra financiación, lo que nos impide mantener nuestro nivel actual de operaciones», anunciaron por medio de sus perfiles en redes sociales.
«HIAS ha tomado la difícil decisión de cesar sus operaciones en Costa Rica y cerrará esta cuenta próximamente. Estos cambios no eran algo que anticipáramos ni deseáramos, y reconocemos el profundo impacto que tendrán en las comunidades a las que servimos», añadió la organización en su mensaje.
LA PRENSA intentó conocer la cantidad de personas que quedarán en el desempleo y cuántos nicaragüenses fueron beneficiados con la organización, a través de sus programas, pero al cierre de esta edición no hubo una respuesta. HIAS Costa Rica tenía proyectos que favorecían a las personas migrantes «y creaban condiciones para vivir con seguridad y dignidad», según su sitio web.
«Desde que yo vine a Costa Rica en 2018, HIAS ha brindado acompañamiento para esa gente que busca protección a su integridad, apoyaba en materia legal; casos que estaban estancados y ponían en riesgo a las personas. El cierre del organismo representa dejar en la precariedad a los que no tienen las posibilidades de pagar asesoría legal en este país», dijo el joven nicaragüense a LA PRENSA.
A su criterio, esta organización ofrecía varios tipos de servicios. «Hace unos meses que estaba haciendo gestiones para agilizar la resolución de mi caso, los mismos agentes de migración me recomendaron ir ahí (a HIAS) para que me apoyaran con un pronto despacho», pero la cita ya no pudo concretarse.
«¿Cuánta gente que está así como yo-en el limbo o en condiciones más precarias- quedan desprotegidas de tener apoyo en sus tramites y proceso migratorio?», lamentó.

HIAS se suma a otros cierres que afectan a nicaragüenses
Ana Quirós, directora del Centro de Información y Servicios de Asesoría en Salud (CISAS), explicó a LA PRENSA que HIAS «ha venido trabajando con la población exiliada nicaragüense desde 2018 en el acompañamiento, especialmente en trámites migratorios, en trámites legales y en otras gestiones».
Quirós percibe este cierre como una tendencia más general en las prioridades no sólo del Estado norteamericano, sino también del costarricense. El cese de las contribuciones estadounidenses ha implicado la reducción de programas como los gestionados por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).
El alto comisionado de la ONU para los refugiados, Filippo Grandi, lamentó este lunes el «repentino, drástico, irresponsable y corto de miras» recorte que el sector humanitario ha sufrido este año la organización, luego de que el gobierno estadounidense redujera su apoyo a la entidad humanitaria.
Grandi dijo que la suspensión de recursos obligaba a suprimir unos 3.500 empleos en el organismo y reducir los costes de plantilla en alrededor de un 30 %.
El «desplome en la asistencia exterior» está devastando al sector humanitario, afectando no sólo a refugiados, si no a trabajadores de agencias como ACNUR, señaló el italiano a EFE.
Jhoswel Martínez, presidente de la Asociación Intercultural de Derechos Humanos (ASIDEHU), lamentó la pérdida de programas como «la capacitación, la inyección de capitales semillas para el desarrollo de las comunidades, la atención social y la atención legal» que HIAS administraba.
«Para nosotros el cierre de HIAS es un impacto hacia la comunidad; más en consideración de que hay pocas organizaciones en estos momentos atendiendo», agregó.
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Martínez destacó que HIAS era la segunda organización de su tipo más grande en toda Costa Rica. Su cierre viene a afectar a la población al disminuir aún más la capacidad de atención hacia estas comunidades, dejando de complementar las iniciativas estatales en un momento donde está mermada la asistencia.
«Ha habido mucha afectación en cierre de cooperación internacional y entre esas nuestras organizaciones. Hay oficinas como los Jesuitas que tuvieron que reducir su capacidad, otras oficinas cerraron, de otras organizaciones cerraron sus sedes en el norte y en el sur de Costa Rica, solamente limitándose a tener una oficina, una sede en el país por una cuestión de recursos. Y además agencias internacionales como la misma ACNUR tuvo que reducir su personal al mínimo, a los mínimos históricos prácticamente», explicó el experto.
A nombre de su organización, Martínez extendió un mensaje de solidaridad hacia el equipo de HIAS que ahora se ve forzado a cerrar.
El 20 de enero de 2025, al asumir la presidencia por segunda vez, Trump emitió una orden ejecutiva que pausó por un plazo de 90 días todos los desembolsos de la Agencia para la Cooperación Estadounidense (USAID, por sus siglas en inglés), una disposición que luego pasó a ser permanente.
Las consecuencias fueron severas y se sintieron en una amplia gama de servicios, organizaciones e iniciativas financiadas parcial o totalmente, de forma directa o indirecta, a través de esa agencia, uno de los principales nodos de apoyo logístico y financiero de causas sociales a nivel mundial.
La administración Trump justificó los recortes como una reestructuración de la cooperación internacional para priorizar intereses estadounidenses, eliminar «malgasto» y reducir financiamiento a programas percibidos como no esenciales o alineados con agendas políticas opuestas a su visión nacionalista.