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A 40 kilómetros de la frontera con Panamá se sitúa la ciudad de Golfito, uno de los siete cantones de la provincia de Puntarenas, que es una de las más extensas de Costa Rica, y donde la noche del 26 de octubre fue asesinada atrozmente y sin piedad la nicaragüense Perla Morena Lagos Oporta, de 35 años, a manos de su expareja un panameño apellidado González Acuña.
Según el Organismo de Investigación Judicial (OIJ), el cadáver de la joven presentaba severos golpes en el rostro y hematomas en los brazos, signos evidentes de una agresión violenta. Fue encontrada bañada en sangre dentro del baño de un cuarto de hospedaje donde el hombre la citó y la estranguló.
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«El sospechoso le habría provocado traumas en el cuello por asfixia, causándole la muerte», dijeron las autoridades costarricenses.
Perla era madre soltera y la segunda de dos hermanos. Originaria de Managua, hacía más de siete años que salió de Nicaragua junto a su familia en busca de trabajo y superación económica. Se asentaron cerca de Río Claro, lugar que se convirtió en la pesadilla para su madre, Nubia Oporta, quien hoy llora desconsoladamente la manera tan cruel en que le fue arrebatada la vida de su única hija mujer.
«No se habla mucho del tema del asesinato debido a la tensión que aún se percibe por la pérdida irreparable de Perla, por el inmenso dolor que nos causa, por eso tratamos de no hablarle del tema a su mamá», dijo a LA PRENSA un familiar cercano a Oporta, quien prefirió el anonimato.

Recién hace nueve meses se convirtió en madre, y sin ayuda del padre de la bebé trabajaba de lunes a sábado en una tienda de venta de electrodomésticos para costearse todo lo necesario para su hija y, con lo poco que podía, también ayudar en la casa a su familia.
Un carisma inigualable
Llena de sueños y de metas por cumplir, Perla es recordada por su carisma sencillo y risueño. Como diría su familiar: «era una persona que disfrutaba de su personalidad». Sin vicios y con un espíritu jovial, procuraba gozar de su salud y de conocer a personas con quienes se sintiera a gusto. Nunca dio señales de que podría estar sufriendo violencia.
De raíces cristianas, Perla era muy reconocida por su capacidad de servicio. Se congregaba en la iglesia Generación de Campeones, en Concepción Arriba de Alajuelita, donde le rindieron un homenaje la noche del 28 de octubre, previo a su sepultura el día 29 de octubre a las 9:00 de la mañana en el Cementerio Obrero.
«Su partida deja un gran dolor en nuestros corazones, pero nos abraza el recuerdo de su amor, alegría y bondad que siempre la caracterizaron», reza una nota luctuosa publicada en las redes sociales de la iglesia Generación de Campeones.
Miembros de esta congregación religiosa la recuerdan con su «gran sonrisa», «amable» y una persona «humilde». Lamentan su trágico desenlace y aseguran que su recuerdo vivirá como lo que era, una buena mujer con «corazón dispuesto a ayudar». Incluso en las redes sociales la mencionan como «una mujer muy valiente y carismática».
Su padre, Pedro Lagos, dijo a través de un audio divulgado por su hijo mayor, Mario Lagos, de 36 años, que aún se encontraba «profundamente impresionado» por el «vacío notable» que dejó la muerte de su hija en amigos y familiares.
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«Hoy compartimos el dolor de su partida, pero también la recordamos con infinito amor. La recuerdo con su frase que se dirigía a mí cuando platicábamos, ‘papá, yo soy los ojos de tu cara’, confirmando lo mucho que la quería. Recuerdo su alegría permanente frente a la vida hoy truncada dejando una bebita; qué horror, qué vacío», reza el audio en redes sociales.
Nunca habló de la violencia que sufría
Una de las características de Perla era su silencio acerca de la violencia que posiblemente sufría. Su familiar señala que siempre mostraba ser una joven serena, sin señales de violencia. Nunca habló ni con su madre sobre el abuso al que estaría siendo sometida a manos de su expareja, quien no era el papá de su bebé. Incluso, la familia nunca sospechó que el sujeto violentara a la joven.

Pocas veces la familia tuvo «cruces de miradas» con él, llegaba pero «era como un conocido, no sabían más nada de él».
«Con esto que estamos viviendo, quiero que sea un aprendizaje para otras mujeres, que siempre presten mucha atención, estar atentas al mínimo gesto, la mínima agresión verbal y física, y denunciar a la persona. Además, acérquense a su familia, cuenten a sus padres lo que están pasando para que no se sientan solas», aconseja el familiar de Lagos.
La nicaragüense, quien también era amante del futbol, se convierte en el caso número 30 de femicidios en Costa Rica, siendo esta la cifra más alta en la historia reciente del país centroamericano.
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El próximo 21 de diciembre, Perla estaría cumpliendo 36 años. Su madre, quien se encuentra afectada severamente por esta tragedia, tomó la tutela de la menor tras la decisión del Patronato Nacional de la Infancia (PANI).
A la espera de la extradición
Por su parte, el panameño ya se encuentra detenido luego de confesar a su madre que había asesinado a la joven nicaragüense. Según medios costarricenses, esta sería la que denunció a su hijo y lo entregó a las autoridades del país canalero.
El OIJ detalló que el arresto del acusado fue un trabajo en conjunto entre la Organización Internacional de Policía Criminal (Interpol) y las autoridades de Panamá.

El Ministerio Público de Costa Rica ya solicitó la extradición del acusado para que sea enjuiciado en suelo tico. No obstante, la Unidad de Género de la Fiscalía de Golfito reveló que el hombre permanecerá al menos seis meses en detención provisional en Panamá, mientras se resuelve el proceso de extradición.