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Cuando los Guardianes de Cleveland aterrizaron en Houston para medirse a los Astros, se tuvo la sensación de que podía ser una serie cómoda para el equipo texano, quizá el más encendido del momento en las Grandes Ligas, tras imponerse en sus batallas contra rivales líderes de División como los Filis, Cachorros y Dodgers, y también a los Rockies.
Cleveland en cambio, venía de ser barrido por Detroit, Cachorros y Cardenales, al extremo de llevar nueve derrotas en fila. Sin embargo, después de dos partidos, los Guardianes están a punto de barrer a los Astros. Lo han derrotado 7-5 y 10-6 en los primeros dos encuentros y, como de costumbre, José Ramírez está al frente de esas rebeliones.
“Pues ahí estamos tratando siempre de hacer lo mejor que podemos para ayudarle a ganar al equipo. A veces las cosas no salen como uno quisiera. Esta ha sido una temporada difícil para nosotros, pero sí nos esforzamos para ganar. Uno debe tener siempre una buena actitud, salir a divertirse y a ver qué pasa”, señala el estelar jugador dominicano.
Ramírez se ha divertido en la serie contra los Astros. Ha bateado de 8-3, con un jonrón en cada partido y remolca cinco carreras, lo que ha ayudado para que su promedio está en .299 con 16 cuadrangulares y 44 empujadas, cifras que lo llevan directo a su séptimo Juego de Estrellas la próxima semana en Atlanta, donde estará defendiendo la tercera base.
“Cuando veo lo que he hecho en mi carrera, no me queda más que darle gracias a Dios por la oportunidad que nos da de estar aquí viviendo este sueño. Hay muchas cosas que mejorar, pero vamos avanzando y como equipo queremos ir a los playoffs”, señala Ramírez de 32 años y con solo 5’8 pies de estatura, pero con una fortaleza realmente admirable.
Ramírez, al igual que José Altuve, de los Astros, a menudo son mencionados como dos peloteros bajitos que rompieron estereotipos sobre las medidas de los jugadores para el beisbol. Ambos son muy cercanos y parecen haber tomado todos los cuestionamientos como recursos para crecer y demostrar que los demás están equivocados al juzgarlos desde fuera.
“Siempre me dije, yo tengo dos brazos y dos piernas, tengo lo mismo que cualquier otro jugador por más grande que sea. Así que vamos a darle. La estatura nunca ha sido un obstáculo para mí, aunque me obligó a esforzarme más porque los scouts siempre están hablando del tamaño, pero eso no me detuvo y gracias a Dios estamos aquí”, señala el artillero.
Ramírez es un jugador completo y lleva un ritmo que podría conducirlo al Salón de la Fama. Es un bateador de .280 en sus 13 temporadas en las Ligas Mayores, con 271 jonrones y 267 bases robadas. Anota 946 carreras y empuja 908 en un rendimiento muy balanceado y junto a sus siete Juegos de Estrellas, ha coleccionado cinco bates de plata.
“Altuve y yo nos llevamos muy bien. De vez en cuando nos estamos contactando para ayudarnos cuando algo no nos sale bien. Eso indica que entre dominicanos y venezolanos no hay ninguna guerra como se ve a veces en las redes. Y sabemos que con nuestro ejemplo podemos animar a otros jóvenes que son también de baja estatura”, reflexionó.