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Las primeras lluvias de esta temporada parecieran llamar a que se guarden las piscinas plásticas que se han convertido en parte esencial de los hogares nicaragüenses, ante el calor del verano que ha llegado a sensaciones térmicas arriba de los 40 grados en la escala Celsius.
Desde hace varios años comenzó en Managua lo que ya es una costumbre inevitable: poner piscinas en las calles, al menos en aquellas de poco tráfico. Algunas veces los vecinos hasta cierran las vías para disfrutar con más seguridad de sus chapuzones. Hay vías públicas en la que se encuentran dos y hasta tres albercas plásticas.

Proteger de la insolación a los niños, y que se diviertan, es la razón principal que mueve a muchos padres y madres a comprar piscinas plásticas, y también son aprovechadas por adultos, quienes junto a sus hijos disfrutan del frescor del agua, evitando así el intenso calor del verano.
Hasta ahora, la Policía se ha mostrado tolerante ante la proliferación de piscinas en las calles de muchos barrios de Managua, pues la ciudadanía no pide permiso, a sabiendas de que no se trata de una actividad política de oposición al Gobierno.

Por supuesto, la mayoría instala las piscinas en las aceras, jardines y patios de sus casas, y hay otros que, tentados por un mejor sitio, lo hacen frente a sus viviendas, como una familia que instaló una pequeña alberca para sus niños bajo un palo de mango en el costado norte de una gasolinera situada a menos de una cuadra de la Estación I de la Policía. Nadie se ha aparecido por ahí para echarlos.