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“Juana” —nombre falso para preservar su identidad— tiene 68 años y en abril cumplirá cinco años desde que se contagió de covid-19. Se levanta todos los días muy temprano y lo primero que hace es medirse la glucosa en sangre para constatar si todo está “en orden”.
“Desde que tuve covid-19, noté cómo el azúcar en sangre y la presión se me dispararon”, cuenta Juana, aseverando que esto le provocó mayores revisiones médicas y la necesidad de destinar más recursos para comprar medicamentos.
La mujer relató que como parte de las secuelas de su contagio de covid-19 en 2020, solo duerme cinco horas, tiene lesiones en los pulmones y padece alergias constantes.
“Tengo que cuidarme mucho más. Sumado a eso, por mi edad, algunas enfermedades que tenía antes se incrementaron”, relató.
La suerte de Juana no fue la misma que la de Marisol, quien en septiembre de 2022 falleció a consecuencia de secuelas del covid-19, según relató un médico que prefirió el anonimato y que atendió su caso.
“Ella estaba en perfecto estado de salud y comenzó a presentar un cuadro respiratorio grave pocos días después de recibir la vacuna y, lamentablemente, falleció. Sus familiares atribuyeron su muerte a la vacuna. Sin embargo, la falta de estudios impide establecer una relación causal directa”, relató el galeno.
El médico aseguró que muchos nicaragüenses —aun sin darse cuenta— se enfrentan a secuelas del covid-19, cinco años después de que se registrara el primer caso en el país, el 15 de marzo de 2020.
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Dictadura negó el impacto de la pandemia
Aunque la dictadura nunca reconoció la gravedad del covid-19, desde que se detectó el primer caso registró 17,550 contagios y 212 muertes hasta el 24 de noviembre de 2021. Sin embargo, el Observatorio Ciudadano reportó 31,222 casos sospechosos y 5,947 muertes sospechosas hasta la misma fecha.
Por otro lado la Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que en Nicaragua fallecieron alrededor de 11,165 personas entre marzo y diciembre de 2020, y otras 5,352 a lo largo de 2021.
Pese a que la dictadura reconoce pocas muertes de covid-19, las cifras oficiales reflejan que entre 2020 y 2021 murieron más personas que en el resto de años. En 2019 —un año antes de la pandemia— el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide) —con base en datos del Ministerio de Salud (Minsa)— reportó 25,224 defunciones y en 2020 la cifra se elevó a 33,638; en 2021 a 34,999 y en 2022 la cifra volvió a los niveles normales, registrando 26,257 defunciones. Sin embargo, las autoridades sanitarias no exponen los «motivos» por los que las cifras de defunción incrementaron en 33.35 por ciento.
Esto se refleja en que el Minsa reportó al Inide 33,638 defunciones en 2020, pero en el Mapa de Salud solamente se registran 26,183 muertes producto de 15 causas, es decir que las otras causas quedaron ocultas.
Las secuelas más graves
Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la mayoría de las personas que desarrollan covid-19 se recuperan por completo, pero los datos empíricos disponibles actualmente parecen indicar que aproximadamente entre el 10 % y el 20 % de la población experimenta diversos efectos a medio y largo plazo después de superar la enfermedad inicial.
La afección posterior al covid-19, también conocida como «covid de larga duración», hace referencia a una variedad de síntomas prolongados que algunas personas presentan después de haber padecido la enfermedad. Las personas que experimentan esta afección a veces se refieren a sí mismas como «enfermos de larga duración».
Estos síntomas pueden persistir desde la enfermedad inicial o presentarse después de la recuperación. Pueden aparecer y desaparecer, o reaparecer con el tiempo.
El médico bajo anonimato aseguró que las secuelas más graves que ha observado son las restricciones respiratorias.
“Muchos pacientes han quedado con problemas como bronquitis crónica o bullas pulmonares, afectaciones que comprometen la respiración. Estas son las consecuencias más graves. También existen otras secuelas menos evidentes, como los problemas cardíacos, los cuales pueden derivar en infartos al miocardio. Lamentablemente, estas afecciones suelen detectarse tarde”, aseveró.

Covid debería manejarse como una condición crónica
Según el especialista en salud pública José Antonio Delgado, el covid-19 debería manejarse como una condición crónica.
“Porque el covid-19 persistente es una condición médica crónica, es decir, no se va a curar y va a durar”, señaló. Sin embargo, expone que, aunque un paciente se cure del covid de larga duración, muchas veces las secuelas permanecen.
“Puede ser que el covid-19 persistente dure tres meses o que las complicaciones se prolonguen más tiempo, por lo que debería considerarse una enfermedad crónica. Ahora bien, esto es más frecuente en las personas que tuvieron un cuadro grave de covid-19. Aquellos que tuvieron síntomas leves y no fueron hospitalizados difícilmente van a desarrollar covid-19 persistente”, afirmó.

Nicaragüenses rehacen su vida después del covid-19
“Miguel”, quien estuvo hospitalizado por más de un mes en 2021, asegura que ha tenido efectos en su salud después del contagio. Sin embargo, afirma que está rehaciendo su vida y que actualmente está enfocado en trabajar.
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“No queda de otra más que seguir trabajando. Porque perdí mucho mientras estuve en el hospital, incluyendo a algunos familiares, y fue muy duro porque no me di cuenta sino hasta que salí del hospital”, relató.
Por su parte, Delgado señaló que es importante destacar que el covid-19 sigue existiendo en el país, aunque ya no en categoría de pandemia, puesto que desde el 5 de mayo de 2023 la OMS decretó el fin de la emergencia mundial causada por esta enfermedad.
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“Una de las medidas más importantes es continuar con la vacunación con vacunas avaladas por la OMS. Otra medida importante es tener una campaña de prevención y manejo del covid-19, algo que nunca existió en Nicaragua y probablemente tampoco existirá ahora”, señaló el galeno.

Es difícil un seguimiento por negativa gubernamental
Desde el inicio de la pandemia, el régimen Ortega-Murillo encubrió la verdadera magnitud de la crisis sanitaria. No hay información clara sobre repuntes de casos ni sobre la persistencia del virus en la población, ya que los diagnósticos han sido manipulados. A consideración de los especialistas consultados, esto dificulta el seguimiento a los pacientes que se contagiaron con la enfermedad.
“Muchas muertes pudieron haberse evitado con un manejo más responsable. Hubo errores en la gestión hospitalaria y una gran cantidad de contagios que pudieron prevenirse. Esto es algo que en el ámbito médico se sabe bien. Lo que nos queda como población es protegernos por cuenta propia”, dijo el galeno bajo anonimato.