La difícil situación de los indígenas de la Costa Caribe de Nicaragua que migran a Costa Rica

La difícil situación de los indígenas de la Costa Caribe de Nicaragua que migran a Costa Rica

Marcados por la violencia y la persecución política, los indígenas de la Costa Caribe de Nicaragua salen de los territorios donde nacieron para enfrentarse a una vida desconocida en otro país que los acoge, pero que tiene una cultura diferente, otra moneda y, en muchos casos, un idioma que no dominan: el español.

Desde el exilio, a veces se imagina a sí misma recorriendo de nuevo el Río Coco. En su imaginación, viaja a bordo de esas rústicas embarcaciones llamadas pipantes y recorre el río más grande de Nicaragua, que fluye desde las montañas segovianas hasta el Mar Caribe.

La llamaremos Alma. Fue en el exilio que comprendió cuánto estaba arraigada a la tierra donde nació, a la fauna y los árboles de su remota comunidad en el Caribe Norte.

Esta joven indígena no quiere revelar su identidad por temor a que se reanude la persecución que sufrió hace poco más de dos años, lo que la obligó a salir de Nicaragua y emprender un largo viaje que la llevó por diferentes países de la región.

Desde abril de 2018, en Nicaragua ha aumentado el fenómeno de la autocensura debido a la persecución del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) contra cualquier persona u organización que aborde temas políticos o de derechos humanos. Incluso ahora, organizaciones no gubernamentales que operan desde el exilio acceden a hablar con los medios de comunicación, pero prefieren no ser citadas.

Sin datos fiables

Una de las pocas organizaciones no gubernamentales que da seguimiento a los indígenas que buscan refugio en Costa Rica subraya que no existen cifras exactas sobre cuántos indígenas han ingresado a ese país huyendo de la persecución en sus territorios.

“No hay datos de estos pueblos, ni de cuántas personas han llegado desde 2018, porque las solicitudes de refugio no diferencian entre indígenas y mestizos. Solo se categorizan por edad, género y país. Sin embargo, sabemos que, entre las etnias, los miskitos son los que más se están exiliando y desplazando hacia Honduras y Costa Rica. Los mayagnas y ramas lo hacen en menor medida, y casi no hay datos sobre los garífunas”, explicó un defensor de derechos humanos.

No se regularizan en Costa Rica

La mayoría de los indígenas que llegan a Costa Rica se establecen en zonas rurales y, en muchos casos, no regularizan su estatus migratorio. Esto preocupa a las organizaciones de derechos humanos que dan seguimiento a este tema.

“Muchos no entienden el valor de tener un estatus migratorio que les permita acceder a un trabajo, al sistema de salud y a la educación. Muchos piensan que obtener un estatus migratorio como el refugio los obliga a quedarse en Costa Rica. Todos queremos regresar, pero la diferencia con los indígenas es que su arraigo al territorio es diferente. En parte, este comportamiento se explica por eso”, aseguró un defensor de derechos humanos.

Debido a que no regularizan su estatus migratorio, no pueden acceder al empleo formal que les garantice prestaciones legales, lo que los obliga a aceptar salarios por debajo del mínimo.

Los rieles es una comunidad en la que los miskitos se han asentado desde los años ochenta. Foto: Oscar Navarrete / LA PRENSA.

Una vida marcada

Alma es originaria de una comunidad de la Costa Caribe. Uno de sus primeros recuerdos de violencia fue en 2015, cuando colonos atacaron su comunidad, asesinaron a un líder y expulsaron al resto de la población a balazos. Fue la primera vez que tuvo que abandonar su territorio y dirigirse hacia Honduras.

Esta joven, que logró culminar sus estudios universitarios, participa en la defensa de los derechos humanos y en la documentación de crímenes contra las comunidades indígenas. Por esta razón, asegura que en 2023 comenzó a ser perseguida por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

En mayo de 2023, cuando el diputado y líder político del partido indígena Yapti Tasba Masraka Nanih Aslatakanka (Yatama), Brooklyn Rivera, anunció en una estación de radio que entraría a Nicaragua pese a las amenazas de cárcel y la negativa del régimen Ortega-Murillo, las redadas y la represión en la Costa Caribe aumentaron. El 5 de septiembre de 2023, Rivera fue encarcelado en su vivienda en el Caribe Norte, y hasta el momento las autoridades niegan a sus familiares información sobre su paradero.

Aunque Alma no tenía vínculos con Yatama, la vigilancia contra ella se intensificó. En una ocasión fue requisada por oficiales del Ejército de Nicaragua, hasta que finalmente la acusaron de recibir dinero para crear una campaña en redes sociales contra el régimen.

Alma logró salir al exilio a través de Honduras por una ruta poco transitada. Relata que agentes de la policía fueron a buscarla a su casa, cerraron la calle donde vivía uno de sus familiares y rodearon la vivienda. Después de esquivar retenes en las carreteras, la vigilancia de la Juventud Sandinista (JS) uno de los principales brazos represivos de la dictadura y de grupos armados que operan en el territorio, logró ponerse a salvo.

Comenzaron entonces dos años de constantes desplazamientos por diferentes países de Centroamérica, donde asegura que ha vivido el racismo en carne propia.

“El hecho de ser indígena tiene ciertas particularidades, como este racismo histórico y colonial. En la mayoría de los países existe un pensamiento de la cultura dominante, de las clases y subclases, considerándonos a los indígenas como personas de segunda o tercera categoría”, afirma.

Señala que ha visto a indígenas excluidos porque no hablan español. A otros no les pagan lo acordado, y conoce casos de despidos injustos y retención de salarios, aprovechando su falta de acceso a la justicia. Además, sostiene que “la mayoría de las mujeres siempre llevan más responsabilidades, como el cuidado de los hijos, las personas de la tercera edad o las personas con discapacidad. A ellas les toca asumir esos roles”.

Planes y arraigo

Alma tiene muchos planes. Quiere seguirse profesionalizando, crecer en su carrera y aprovechar las puertas que se le abren en el exilio, sobre todo en el ámbito educativo. Pero lo que más desea es regresar a su comunidad.

“Entiendo que muchas personas no quieren volver al país por los traumas. Es válido, pero yo, como persona indígena, me doy cuenta del arraigo al territorio que en todos estos meses y desde el exilio no entendía. Mi tierra, el río, los chistes, la cultura, las comidas… Claro que quiero volver a Nicaragua, a mi territorio, y quiero volver a recorrer el Río Coco”, expresa.

San José, Costa Rica. Julio de 2024. Foto: LA PRENSA.

Choque cultural

Un especialista en migración indígena consultado por LA PRENSA describió las dificultades culturales que enfrentan los indígenas que emigran hacia países como Costa Rica y, en menor medida, Honduras.

“Muchos no hablan español, y algunos apenas pueden comunicarse, pero no saben leer ni escribir. Esto causa que sean marginados. Además, la mayoría no está acostumbrada a trabajar para otras personas. Han crecido sobreviviendo de la siembra en su territorio, la pesca y otras actividades en las que son ellos quienes deciden sus horarios y formas de trabajo”, explicó.

El especialista asegura que otro factor que impacta a los indígenas migrantes es que no están habituados a pagar alquileres. “Son dueños de sus tierras. En sus territorios no hay indigencia; hasta el más pobre puede construir una choza a orillas de un río”, sostiene.

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