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Centroamérica crecerá casi a la misma velocidad en los próximos dos años. Ni Panamá, que en los últimos años había sacado pecho con tasas por encima del cinco por ciento anual, volverá a crecer a ese ritmo, no al menos de aquí al 2026, según nuevos pronósticos del Banco Mundial, que analizó los múltiples riesgos que ciernen para las economías en desarrollo, incluida Nicaragua.
«Las economías en desarrollo, que generan el 60 por ciento del crecimiento mundial, terminarán el primer cuarto del siglo XXI con las perspectivas de crecimiento a largo plazo más desalentadoras desde el año 2000», advierte el Banco Mundial (BM) en un reporte denominado: La economía mundial se estabiliza, pero las economías en desarrollo enfrentan un trabajo más difícil.
En ese contexto, el organismo pronostica para Nicaragua bajas tasas de crecimiento, pero estará entre las más altas de Centroamérica. En el 2025, la economía local se expandiría 3.5 por ciento, lo que significaría un ligera desaceleración de una décima respecto a la provisión de cierre del año pasado. En el 2026, el PIB apenas conseguiría repetir la tasa del 2024, con un 3.6 por ciento.
Panamá, que está bajo la amenaza del nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de recuperar el Canal, que es fuente de crecimiento de ese país, experimentaría tasas menores que las previstas para Nicaragua. Se prevé que su PIB se expanda apenas tres por ciento este año y el próximo mejoraría ligeramente con un 3.5 por ciento.
La economía que más crecerá en los próximos dos años será la de Guatemala, con tasas de cuatro por ciento en cada periodo, por lo que por primera vez en el último quinquenio esta economía se pondrá a la cabeza del crecimiento en la región.
En la segunda posición se ubicará la expansión económica de Honduras, con tasas de 3.6 por ciento en cada uno de los años en referencia, lo que deja a Nicaragua como la tercera economía que se expandirá a una velocidad bastante similar a la región en general.
Los crecimientos más bajos
En tanto, Costa Rica y El Salvador estarán en la cola del crecimiento económico en la región. El vecino sur de Nicaragua crecerá a un ritmo de 3.5 y 3.4 por ciento entre el 2025 y 2026, mientras que el «pulgarcito» centroamericano lo hará a una velocidad de 2.7 y 2.5 por ciento, respectivamente.
Las tasas de crecimiento en Centroamérica, sin embargo, están por encima del promedio estimado para América Latina y el Caribe. Para este año, el Banco Mundial estima la tasa en 2.5 por ciento y un 2.6 por ciento en 2026, a medida que Argentina se recupere, las tasas de interés se normalicen y baje la inflación.
Según las proyecciones, los precios de los productos básicos respaldarán las exportaciones de la región, aunque el tenue crecimiento de China podría limitar la demanda de los principales productos básicos. Esta proyección del Banco Mundial pondría un otro obstáculo a las aspiraciones de Nicaragua de mejorar el desempeño de su Tratado de Libre Comercio con Pekìn, cuya participación en el comercio exterior local sigue siendo insignificante tras dos años de relaciones diplomáticas.
Los riesgos
Por otra parte, el organismo advirtió a la región de riesgos sobre las proyecciones económicas. Entre ellos figuran la inestabilidad fiscal, la persistencia de la inflación básica y el endurecimiento de las políticas monetarias.
Las restricciones comerciales incluidas en la actualización del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) podrían reducir las exportaciones, en tanto que las políticas migratorias más estrictas podrían disminuir las remesas, aunque el alcance de estos cambios normativos aún no está claro, indicó.
También mencionó el cambio climático, en particular las sequías inducidas por La Niña, sigue representando una amenaza significativa para la agricultura y la infraestructura en las zonas vulnerables.
Indicó que si bien la región de América Latina y el Caribe enfrentará dificultades económicas en 2024, se espera que muestre una recuperación en 2025 y 2026, apoyada por el descenso de la inflación y una política monetaria acomodaticia.
El desempeño económico de la región dependerá de una combinación de factores internos e internacionales, en que los precios de los productos básicos y la demanda mundial tendrán un papel
moderado, puntualizó.