El acoso y abuso sexual en las escuelas representan un peligro latente para los menores, por lo que reconocer cambios en su comportamiento y confiar en sus testimonios son pasos cruciales para proteger su integridad física y emocional, según una psicóloga consultada por LA PRENSA.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el acoso sexual como cualquier conducta verbal o física no deseada de naturaleza sexual que interfiera en el trabajo, se convierta en una condición para el empleo o la continuidad en el empleo, o cree un entorno de trabajo intimidatorio, hostil u ofensivo.
También define el abuso sexual como un tipo de agresión sexual, o intento de agresión sexual, que implica actos sexuales no deseados o forzados cometidos sin consentimiento o mediante amenazas de agresión física.

Según el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef por sus siglas en inglés), el acoso suele producirse en las clases y en los pasillos de la escuela, donde los profesores y administradores pueden intervenir. «Además, la clase es el lugar ideal para educar a los niños acerca del acoso, hablarles sobre el daño que puede ocasionar y crear una cultura de respeto e inclusión», señala.
Beatriz Cardoza Encinas, psicóloga con experiencia en atención a niños, niñas, adolescentes y adultos, aseguró que los padres de menores de edad deben estar atentos a los cambios en el comportamiento.
«Que exista un cambio repentino en el comportamiento del niño o la niña. Por ejemplo que no quiera comer o por el contrario quiera comer todo el tiempo, trastornos de sueño, que se muestre irritable, con desánimo, con dudas sobre quién puede tocar su cuerpo, con temor de estar sin padres, que tenga un rechazo específico a ir al colegio, de estar con determinada persona del colegio o incluso una pérdida de confianza en los adultos», recomendó Cardoza.

Según la especialista, en lo que respecta a la actividad escolar, puede que experimente problemas para prestar atención o concentrarse, que no haga tareas o actividades en clase, que deje de participar en lo que le interesaba, que tenga resistencia en algunas relaciones sociales o rechazo de compañeros en particular, ya que el abuso puede ser cometido por un adulto u otro compañero del colegio.
«Es importante que los adultos confíen en los testimonios de los niños de que no están inventando cuando esto ocurre», puntualizó.
¿Qué deben hacer los padres de familia después de un abuso?
En el caso de que se confirme que un menor de edad fue víctima de acoso o abuso sexual, lo primero que deben hacer los padres de familias es alejarlo del agresor, mostrando empatía con la víctima para no culparla por lo sucedido.
«Se debe tener mucha compasión, porque va a haber repercusiones emocionales, depresiones severas, mucho miedo ante la oscuridad, los desconocidos, a dormir solos. También puede haber sentimientos de culpa, vergüenza, rechazo a su propio cuerpo por lo que los adultos deben establecer un clima de confianza», dijo la psicóloga.

Cardoza señaló que es importante la denuncia y alejar al menor del agresor. Además, que no se debe separar tanto al menor de su rutina y no exponerlo a que repita constantemente su experiencia para evitar la revictimización.
«Es importante que el menor sepa que no es su culpa, sino que es del agresor. También es importante la terapia para que los niños comprendan lo que está ocurriendo y a nivel familiar para trabajar con estrategias de protección», señaló.
Escuelas deben tener protocolo
También expresó que es importante que los centros de estudios tengan un protocolo para enfrentar estos casos resguardando la integridad de los niños, niñas y adolescentes. Para esto, consideró que es importante que los padres brinden educación sexual y que los colegios refuercen esos conocimientos.
«A veces creemos que la educación sexual es solo explicar el uso de preservativos, pero el abuso entra en esto. Es importante que desde los 3 años se les explique las partes del cuerpo y que hay partes que son privadas y que requieren más cuidado que las otras. También explicarles que nadie puede tocar su cuerpo sin su consentimiento», afirmó la especialista.