Uruguay saluda a Arévalo y lamenta los intentos de obstaculizar la transmisión de mando

El nuevo presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo de León habla durante su ceremonia de investidura este 14 de enero de 2024, en el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, en Ciudad de Guatemala (Guatemala). EFE/ David Toro

Analistas nicaragüenses afirman que presidente de Guatemala se enfrenta a un proceso de profundización del autoritarismo

Guatemala ha sido uno de los países más difíciles de gobernar durante toda su historia, por su propia conflictividad social, económica y pueblos indígenas marginados

Bernardo Arévalo tomó posesión como presidente de Guatemala la medianoche del 14 de enero en medio de un espectáculo por parte de los diputados en un intento de entorpecer el inicio de su mandato. Ante ese escenario, especialistas nicaragüenses en temas políticos afirman que hay muchos desafíos internos que hay que superar en Guatemala, para luego profundizar en las relaciones con los demás países centroamericanos.

Luego de un retraso de nueve horas, Arévalo juró como presidente y luego se dirigió al público congregado en la plaza de Constitución en Ciudad de Guatemala, en el que dijo que “el futuro de Guatemala es inseparable del futuro de Centroamérica” y que “el destino de Centroamérica influye el curso del Continente”.

El politólogo José Antonio Peraza explica que ve en Guatemala un proceso de profundización del autoritarismo de los grupos de poder que están decididos a no permitir apertura democrática en los países centroamericanos.

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“Eso se ve muy fácilmente en Nicaragua, en Guatemala, en El Salvador y en Honduras, con algunas tendencias preocupantes en Costa Rica, mucho más débiles, y Panamá, que permanece un poco alejado, habría que ver quién va a ser el próximo presidente de Panamá, que va a ser importante”, dijo Peraza.

Además explicó que los países del Triángulo Norte y Nicaragua están sumidos en un tradicional autoritarismo, “procesos de transición democrática, estabilidad o primavera democrática, que dura 10, 15, máximo 20 años, y después viene un proceso, otra vez de deterioro, por muchas causas durante la historia republicana de estos países, y empieza un deterioro, de autoritarismo y de restricciones a las libertades y a la democracia”.  

País de casta segmentada

Guatemala es uno de los países más difíciles de gobernar durante toda su historia, por su propia conflictividad social y económica y pueblos indígenas marginados, por lo tanto, el nuevo presidente tendrá serios desafíos para gobernar.  

“Guatemala es un país casi de casta segmentada, que tiene que ir variando, que tiene que ir adaptándose a nuevas condiciones, que las oligarquías tradicionales que imponen y quitan presidentes es importante que acepten el juego democrático, y en el caso de Arévalo no hay ni la menor duda que más del 60% de la población guatemalteca dijo que quería un cambio, que quería un presidente con un nuevo estilo y que quería un presidente luchando contra la corrupción, que posiblemente en este momento sea uno de los problemas más graves que sufre Guatemala”, refiere.

José Antonio Peraza, politólogo. LA PRENSA/Archivo

El especialista espera que Arévalo pueda desarrollar un gobierno que avance en temas democráticos, pero tendrá una tarea muy difícil al no tener capacidad para dominar el Congreso, “y por lo tanto le va a exigir procesos de negociación donde posiblemente se reduzcan o se diluyan algunas de las aspiraciones que él tiene de transformación en su gobierno”.

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 Juan Sebastián Chamorro comparte la postura de Peraza y añade que al no tener el control del Congreso se le complica a Arévalo la gestión de la administración pública, el presupuesto general de la República, nombramientos, decretos legislativos que puedan cercenarle su poder.

 “Toda una serie de dificultades propias de un presidente relativamente débil frente al Parlamento, pero que todavía tiene su poder, las herramientas del poder Ejecutivo para poder hacer reformas, pero estas se limitan al no tener un control del Congreso y por eso es por lo que va a ser importante que tenga una cintura política adecuada”, subraya el exiliado y desterrado por el régimen de Daniel Ortega.

Chamorro reconoce que en Guatemala hubo un proceso electoral inconfundiblemente democrático, lo cual debe servir como motivación para otros países de la región.

“No hay duda de que él tiene el voto popular y eso también ayuda a una Centroamérica con regímenes más autoritarios y entonces eso es una buena noticia. Sin embargo, otra preocupación que existe acá es que tal vez se puedan estar creando demasiadas expectativas sobre lo que Arévalo pueda hacer, tomando en cuenta las limitadas posibilidades de ejecución en el Congreso”, finaliza.  

Política Guatemala Nicaragua archivo

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