Hubo un tiempo en Nicaragua cuando nadie podía considerarse escritor o artista si su nombre no estaba plasmado en las páginas de La Prensa Literaria, el suplemento cultural que por más de 40 años dirigió el poeta Pablo Antonio Cuadra (PAC).
Ya sea que como autor o como sujeto de referencia, el simple nombre de la persona plasmado en ese espacio de papel pasaba a ser considerado como un intelectual graduado en Nicaragua, menciona un veterano periodista que trabajó muchos años en La Prensa y que hoy, retirado y enfermo, elige no revelar su identidad por temor a represalias de la dictadura sandinista.
“Imagínate yo a estas alturas preso. No duro ni una semana”, dice el viejo periodista, de cuya memoria vamos a contar la historia de este suplemento que marcó a generaciones de intelectuales de Nicaragua.
Su padre solía decirle que para los pobres, entrar a la escuela un lujo que pocos podían darse, pero para aprender se necesitaban tres cosas: tener una radio para oír La Mundial, leer LA PRENSA y oír consejos.
“Los consejos me los daba él, la radio la oíamos todo en casa y LA PRENSA se compraba los fines de semana de manera religiosa”, recuerda.
Y explica por qué: desde su fundación el 2 de marzo de 1926, LA PRENSA siempre destinó un espacio en sus páginas para promover las artes: literatura, artes plásticas, cinematografía, teatro, fotografía, etcétera.
Así nació La Prensa Literaria
Ese espacio se destacaba principalmente los fines de semana.
Los sábados la sección se denominaba “Para los devotos del cine» y trataba exclusivamente sobre el llamado séptimo arte.
Era una especie de página de farándula sobre los actores y actrices de moda, reseñas de películas y noticias de Hollywood.
Estaba a cargo del redactor cinematográfico Mario León, quien comentaba sobre los estrenos en los cines de la capital allá por los años 40.
Los domingos se editaba la sección Página Literaria Dominical, donde se publicaban poemas y reseñas de libros de poesía de escritores clásicos.
En la década de los 60 LA PRENSA publicó a modo de ensayo el Suplemento Dominical: Artes, Letras, Ciencias, Teatro.
Este anexo del periódico contenía reportajes sobre cultura y textos de toda variedad de escritores de la época: María Teresa Sánchez, Ernesto Cardenal, Pablo Antonio Cuadra, Rolando Steiner, Rodrigo Peñalba, hermano Hildeberto María, Samuel Kirland Lothrop, Octavio Paz, Stefan Baciu, Thomas Belt…
El éxito fue inmediato.
El 21 de junio de 1964, el suplemento dominical pasa a llamarse La Prensa Literaria y salió así la primera edición con un poemario de Ernesto Cardenal en portada: El Estrecho Dudoso, con prólogo de José Coronel Urtecho.
Un mundo aparte dentro de LA PRENSA
A partir de ahí La Prensa Literaria alzó vuelo propio como suplemento cultural: “Era como un periódico aparte. En bromas decían los intelectuales que LA PRENSA era el suplemento de La Prensa Literaria”, cuenta nuestro guía en esta historia.
Tanto creció, que en febrero de 1974 se le añadió el slogan “Una universidad de bolsillo”.
El suplemento no solo se dedicó a mostrar la obra de los intelectuales, sino a enseñar a hacer poesía, analizar textos, exponer obras de artes, informar sobre las últimas noticias culturales, a promover el estudio de la cultura nicaragüense y centroamericana y hasta a premiar a los intelectuales y estudiosos del arte.
Esa etapa de gloria, recuerda nuestro veterano redactor, se debió al genio del poeta Pablo Antonio Cuadra: “bajo su mano La Prensa Literaria se convirtió en modelo continental de su especialidad”.
Premio La Prensa Literaria
Fue idea de PAC, por ejemplo, crear el Premio La Prensa Literaria con motivo del 50 aniversario de LA PRENSA, el 2 de marzo de 1976.
El galardón se instauró con carácter anual y con el objetivo de fomentar las letras y las artes en el país.
En 1976 y 1979 se premió la categoría de Ensayo, Cuento (Fernando Silva, 1977), Novela y Escultura, resultando ganador el artista y posterior maestro Fernando Saravia.
Igual en sus años La Prensa Literaria fundó Expo LA PRENSA, como una extensión cultural del suplemento, para que los pintores tuvieran un espacio donde exponer sus lienzos como lo hacían los escritores publicando sus textos.
Entre poemas y cuentos, La Prensa literaria se convirtió en una galería de arte
Constelación de estrellas literarias
Las páginas del espacio igual publicaban un cuento exclusivo de un libro por publicarse, como un capítulo de una novela, o una muestra de poemarios prontos a salir a luz.
Grandes escritores y sus obras salieron ahí: Pablo Antonio Cuadra, Ernesto Cardenal, José Coronel Urtecho, Claribel Alegría, Salomón de la Selva, Azarías H. Pallais, Gioconda Belli, Alfonso Cortés, Sergio Ramírez, Fernando Silva, Lizandro Chávez, Joaquín Pasos, Manolo Cuadra, Álvaro Urtecho, Isolda Rodríguez, María Teresa Sánchez, Carlos Martínez Rivas, Mariana Sansón…
La sombra de la dictadura sandinista llegó por primera vez en 1979 y en la década de los 80 el suplemento sufrió censura, ataques y amenazas.
El Ministerio de Cultura, por medio de la Asociación Sandinistas de Trabajadores de la Cultura (ASTC), prohibió a sus asociados publicar poemas o cualquier otra producción literaria en La Prensa Literaria.

Querían ver arder La Prensa Literaria
Tomás Borge Martínez, de quien se cuenta que Pablo Antonio Cuadra le publicó algunos poemas con seudónimo en los años 70, amenazó en los años 80 con quemar todos los archivos de La Prensa Literaria en plaza pública por un poema que la censura sandinista consideró “ofensivo” contra la revolución.
Nuestro colega lucha por recuperar de su memoria el nombre o autor del poema de la furia del pequeño comandante sandinista, pero no lo logra.
Con el cierre de LA PRENSA en los años 70, el suplemento cesó sus publicaciones de manera regular hasta que regresó de nuevo en 1990, con el triunfo histórico de Violeta Barrios de Chamorro sobre la dictadura sandinista.
La Prensa Literaria volvió a tomar auge, ahora con una nueva generación de escritores y artistas y se mantuvo así hasta el 20 de agosto de 2011, cuando una decisión gerencial disolvió el suplemento y lo integró al cuerpo principal del periódico como sección cultural.
La última portada se dedicó a Julio Valle-Castillo y luego se convirtió en la sección Literaria.
Ya para entonces su legado físico era invaluable: contaba con un espacio propio en la hemeroteca de LA PRENSA, junto a una biblioteca y archivos de miles de títulos, colecciones y volúmenes históricos de documentos únicos u originales donados al Diario de Los Nicaragüenses.
La destrucción sandinista asoma
Tras su desaparición, La Prensa Literaria paso a convertirse en fuente de consulta para los intelectuales de todo el país: historiadores y escritores como Mario Alfaro, Jorge Eduardo Arellano, Nicolás Bolaños Geyer, Francisco Arellano Oviedo y miles de estudiantes llegan a consultar sus páginas en la hemeroteca, donde se cuidaba el material profesionalmente para su conservación.
Ello llegó a su fin el 13 de agosto del año 2021, cuando la Policía orteguista asaltó las instalaciones del periódico y los tomos de La Prensa Literaria quedaron bajo la obscuridad hostil del régimen sandinista.
Desde entonces, se desconoce la suerte y el estado de los volúmenes que componen aquella universidad de bolsillo que, por casi 50 años, llevó conocimiento y cultura a toda Nicaragua.