Nunca había visto tanta superioridad sobre un equipo en tan alto nivel. El Manchester City redujo al Madrid a la inexistencia. Es como si hiciera el chasquido de Thanos y murieran lentamente, envenenados por la poción de Guardiola. El City fue toda una orquesta, la cual puso a bailar al Madrid a su ritmo, gusto y antojo. El campo fue el pentagrama y el balón las notas musicales creando la escala perfecta hasta llegar al gol. Las ondas de choques de los ingleses anunciaban primero con los dos cabezazos de Haaland de los que Courtois atajaba, pero Bernardo Silva abrió el camino (23’) y luego hundió más el puñal (36’) y en la segunda parte enterraron la magia blanca (4-0).
El Madrid inició convaleciente pidiendo que terminara la primera parte. El City fue una arrolladora liderada por Gundogan y Bernardo Silva. Tenían circulación del balón, creaban espacios, manejaban los hilos del duelo, ganaban los rebotes, los pases estaban precisos y, sobre todo, sabían la función de cada quien, por el contrario del Madrid, era la antítesis del Manchester. Los blancos fueron incapaces de sostener pases consecutivos, superar la presión tras recuperación y se hundieron cuando el City se multiplicaba, era como si nadie supiera su trabajo ni marca directa. La guerra del mediocampo la había perdido Modric, Kroos y Valverde.
Lo mejor del Madrid en todo el juego fue Courtois, quien hizo tres atajadas milagrosas, pero terminó siendo insuficiente. En la segunda parte Ancelotti no tenía muchas opciones para despertar a lo suyos. Con la ventaja de 2-0, el City esperó a un Madrid inerte que cuando sacudió el campo con las modificaciones dejó espacios gigantescos que aprovechó el equipo de Guardiola. Militao agregó el tercero por autogol y Julián Álvarez cerró el grifo con el cuarto. La orquesta de Manchester tocó su sinfonía en los oídos del Madrid, anulando la magia. La final en Estambul los espera contra el Inter el 10 de junio.