La Azul y Blanco espantó sus fantasmas del pasado con San Vicente y las Granadinas, una selección que históricamente le había complicado y amenazó durante una hora con volver hacerlo, hasta que terminaron de aparecer las figuras nacionales para sentenciar la victoria 4-1 este viernes por la noche en el Estadio Nacional de Futbol, donde la afición volvió arropar a los jugadores y estos respondieron cuando tenían que hacerlo, dejando a Nicaragua a un paso de conseguir algo inédito para el futbol nicaragüense: ingresar a las mejores 16 selecciones de Concacaf, clasificar a la Copa Oro 2023 y meterse al grupo de aspirantes por los seis boletos a la Copa América 2024.
Nicaragua sabía lo que se jugaba y se lanzó sobre el rival. Explotó la banda derecha donde Josué Quijano y Ariagner Smith se entendieron a la perfección. Entre ellos se combinaron, tras un robo de Luis Fernando Copete, para el 1-0. Quijano centró a media altura al punto de penalti, Smith (3) controló y sacó un fuerte arriba para festejar su quinta anotación con la Azul y Blanco. La ventaja tempranera presagió una goleada, pero todo fue un espejismo porque el juego siempre estuvo incómodo para la Azul y Blanco, que llegaba al área contraria con una idea clara y lo pasaba mal cuando perdía la posesión del balón.
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Las proyecciones constantes de la Azul y Blanco dieron la impresión de superioridad futbolística, sin embargo el control del partido estaba algarete. San Vicente y las Granadinas sabía cómo hacer daño lanzando balones a Oalex Anderson y Kyle Edwards a las espaldas de los centrales. Lo intentaron una y otra vez, a veces los centrales o volantes interceptaban los pases, pero todos se durmieron en una oportunidad y llegó el empate. Anderson se escapó de todos, el portero Miguel Rodríguez lo derribó en el área y Edwards (16) se encargó de ejecutar el penalti.

Nicaragua estaba con un ojo en el área rival y otra en la propia porque Edwards y Anderson estaban causando muchos estragos. Poco a poco estos atacantes generaron peligro por su fuerza, técnica y velocidad. La Azul y Blanco se mantuvo firme con su idea, insistió e insistió en aplicar su juego hasta que inclinó la balanza a su favor. Smith sacó en corto con Byron Bonilla un tiro de esquina, el granadino se tomó su tiempo y esperó que sus compañeros se desmarcaran para centrar. Juan Barrera (42), el más vivo de todos en ese momento, ganó su posición y cabeceó a la red su gol 24 con la Azul y Blanco.
El complemento empezó agitado como la primera parte. Nicaragua no bajó la intensidad y San Vicente y las Granadinas trató de igualar y en el intercambio de golpes quedó noqueada con el zapatazo desde fuera del área de Matías Belli (60) para el 3-1. Marco Antonio Figueroa reforzó el plantel con algunos cambios defensivos cuando Edwards (64) sacó un potente remate que el portero Rodríguez atajó con la pierna. La Azul y Blanco apretó y el equipo caribeño resistió hasta que se quedó sin fuerzas con el zapatazo de Francisco Flores (90+3) que llenó de júbilo a los más de 15 mil aficionados que se dieron cita en el Estadio Nacional para ver el primer triunfo en casa, tras dos empates.
Nicaragua llegó a 13 puntos, uno más que Trinidad y Tobago, que doblegó 0-3 a Bahamas por la tarde, y el próximo lunes (6:00 p.m.,) en la isla Tobago definen el liderato del grupo D de la Liga B de Naciones. A la Azul y Blanco le basta un empate para volver a sonar con fuerza en la Concacaf, como lo hizo entre el 2015 y el 2019, dejando en el camino a un adversario de mayor historia y jerarquía como los Soca Warriors, regresar a la Copa Oro y empezar a competir por primera vez con las mejores 16 selecciones de la región.