Hace ocho años que la capital no sabía lo que era celebrar un título de la Liga Profesional, ocho años habían pasado cargados de decepciones, especialmente los tres últimos, que los Indios fueron eliminados en primera vuelta. Ocho años pasaron desde que Jimmy González y Raúl Reyes ligaron dos trancazos en el sexto juego de la final de 2015 contra Gigantes de Rivas y, ocho años se cumplieron para que el equipo de mayor historia del beisbol en Nicaragua retomara su lugar como monarca. Y lo hizo de la mano de Joel Fuentes, quien logró convertir el polvo en oro cuando nadie daba un solo peso por la Tribu. Ahora consumaron el milagro, quebrando pronósticos y fracturando teorizaciones que daban a los Gigantes como campeones. Un triunfo 4-2 cargado de emoción, un recital de pitcheo de Luis Ramírez, una impecable dirección de Fuentes y el agregado batazo matador de Melvin Novoa en el noveno inning, cuando parecía que las entradas extras se avecinaban.

Oliendo el título, la Tribu atacó primero en el segundo inning. Javier Robles abrió con imparable, Joel Fuentes decidió cambiar su filosofía de agresividad porque olfateaba lo que se venía con Gerson Garabito, quien poncharía a 12 en seis entradas. Rubí Silva tocó la pelota, colocando a Robles en posición anotadora. Y como si las decisiones de Fuentes fueran tocadas por la magia, Aldo Espinoza ligó imparable al jardín derecho para poner corredores en las esquinas y Manuel Geraldo repitió la dosis empujando la primera carrera. Inesperadamente Fuentes mandó el “squeeze play” con Melvin Novoa, provocando el mal tiro de Ofilio Castro al plato y anotando Espinoza la segunda carrera.
Te puede interesar: La insólita explicación de Panamá sobre el desplante que le hizo a Nicaragua en los Juegos Centroamericanos
La respuesta de Rivas fue instantánea contra Ramírez y en el cierre del tercero un imparable de Rafael Estrada, base por bola a Iván Marín y sacrificio de Bernadina impulsó el descuento, mientras en el sexto un doble de Wuillians Vásquez y un triple de Jesús Valdez igualaba el partido que había sido un duelo de estrellas sobre la colina con Ramírez (ganador) contra Gerson Garabito, quien en seis entradas solo permitió dos carreras. No obstante Ramírez fue más allá y no le importó hacer 115 lanzamientos porque sabía que el Bóer no tenía un mañana debido a que no tendría pícheres de peso en caso que hubiese séptimo desafío.
Tras la salida de ambos lanzadores el favoritismo pasaba a los Gigantes por el peso de su bullpen, sin embargo, Víctor Capella fue sacudido por el turno de campeonato de Melvin Novoa, estrellando la pelota en la línea de metal, enterrando a los Gigantes y consumando al Bóer, seis veces campeones de la Liga Profesional.