Nicolás Maduro y Daniel Ortega son dictadores bastante cercanos. LA PRENSA/ARCHIVO

Qué significaría para el régimen de Ortega un posible acuerdo entre Nicolás Maduro y la oposición, avalado por EE. UU.

El diálogo entre el régimen de Nicolás Maduro y la oposición venezolana podría traer repercusiones para la crisis nicaragüense, advierten analistas y exdiplomáticos

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Este fin de semana dio inicio la nueva ronda de diálogos entre la dictadura de Nicolás Maduro y la oposición venezolana en México, para alcanzar un acuerdo con miras a la solución de la crisis en ese país. A criterio de especialistas, lo que ocurra en esas conversaciones tendrá repercusiones en Nicaragua.

Lo poco que se sabe de la agenda a debatir es la creación de un fondo para abordar la crisis humanitaria de Venezuela, el alivio parcial de las sanciones de Estados Unidos a la industria petrolera venezolana y las garantías para elecciones justas y transparentes en 2024, según reportó la cadena CNN en Español la semana pasada.

Tres analistas consultados por LA PRENSA indican que, en dependencia de los resultados que haya con este nuevo diálogo venezolano, podría haber repercusiones para Nicaragua, por lo que el dictador Daniel Ortega estaría atento a lo que suceda, y no es para menos, sobre todo por el nivel de involucramiento que tiene Estados Unidos en estas negociaciones donde se debatirá el levantamiento de sanciones, que es el punto que podría interesarle al dictador nicaragüense.

De hecho, la Administración Biden ya dio una muestra de buena fe otorgando una licencia a Chevron, la petrolera más grande de Estados Unidos, para producir y exportar crudo venezolano, a pesar de las sanciones impuestas desde 2017.

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En caso de que haya un acuerdo entre Maduro y la oposición venezolana, el analista político Eliseo Núñez prevé que el efecto negativo para Daniel Ortega será que las políticas de Estados Unidos se van a concentrar en Nicaragua.

“Ya no van a tener la distracción de Venezuela y pueden venir muchas más presiones y gestión diplomática de cara a poner a Ortega contra la pared. El modelo de sanciones que se le aplicó a Rusia indica que las sanciones a Nicaragua son todavía muy iniciales, comparado con lo que puede hacer la comunidad internacional”, advierte el analista.

Ortega no quiere negociar

El exembajador de Nicaragua ante la Organización de Estados Americanos (OEA), Arturo McFields, indica que desde marzo de este año Estados Unidos empezó a establecer comunicaciones con las dictaduras de Cuba, Nicaragua y Venezuela.

“Con Cuba se logró avanzar en algo con el tema de la migración. Con Venezuela ya vimos que se ha avanzado, pero con el dictador de Nicaragua no se avanzó”, comenta McFields, quien asegura que el caso de Nicaragua es “muy particular” porque la dictadura de Ortega está en un modo de “aislamiento total en el que no se abre a nadie”.

Daniel Ortega mantiene a más de 200 presos políticos. Foto: El 19 Digital

McFields cree que Ortega puede estar esperando a ver qué pasa con el diálogo en Venezuela para también establecer acercamiento con Estados Unidos, pero de momento hay mucho recelo respecto a las relaciones con la Administración de Joe Biden.

Por su parte, el analista político José Dávila indica que “el eslabón más débil del tridente dictatorial latinoamericano, Cuba, Venezuela y Nicaragua, es Nicaragua, y lo que haga Venezuela tendría efectos en Nicaragua, solo en el sentido de que Ortega entienda la profundidad de la crisis, y que se convenza que solo con una apertura democrática puede venir estabilidad y tranquilidad al país”.

Diferencias entre Nicaragua y Venezuela

Dávila señala que “hay diferencias sustanciales entre un diálogo entre Estados Unidos y Maduro, y uno con Ortega”, empezando porque, en este momento, “sería infame dialogar con una dictadura tan inhumana y represiva como la de Ortega-Murillo, si no hay precondiciones claras como la liberación de los presos políticos y la restauración de las libertades públicas”, señala.

Sin embargo, el régimen de Nicolás Maduro también tiene presos políticos y ni Estados Unidos ni la oposición han puesto como precondición su liberación para un diálogo. Para Dávila esto sucede porque “Venezuela tiene otras cosas que ofrecer, y el nivel de desprestigio e imagen opresora de la dictadura de Ortega es mayor, y nadie se siente motivado a dialogar con ellos”.

En el caso de Venezuela —dice Dávila— es probable que Estados Unidos vea factores estratégicos que facilitan el diálogo, “pues un verdadero diálogo es ceder y que te cedan, es de conveniencia mutua, y Daniel Ortega está cerrado, ensoberbecido y muy ofensivo contra los Estados Unidos; no está preparado para un diálogo en sentido estricto de ceder posiciones”, considera Dávila.

Por otro lado, menciona que Estados Unidos ve como un mal antecedente el hecho de que Ortega no cumplió los acuerdos firmados con la Alianza Cívica en marzo de 2019. “O sea, es mal cumplidor, no es confiable”, comenta.

Núñez coincide con Dávila e indica que uno de los temas que precipitó a Estados Unidos para presionar con este diálogo es la crisis energética, por lo tanto “Venezuela tiene mucho más que poner sobre la mesa que solo los presos políticos (petróleo). Ortega solo tiene a los presos políticos, no tiene absolutamente nada más sobre la mesa y eso hace que la situación de los presos sea un tema más urgente para resolver”.

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Núñez comenta que la situación de Venezuela y Nicaragua no tiene comparación. “El régimen venezolano trata de sostenerse en el poder con algún tipo de apertura mínima. Todavía hay organizaciones (no gubernamentales), derecho a la protesta, y aunque hay presos políticos y muchas cosas que se parecen, en general hay mucha más apertura, aún en la Venezuela de hoy que en Nicaragua”.

A criterio de McFields, a Venezuela sí se le exige que libere a los presos políticos, pero en Estados Unidos se está pensando más en celebrar elecciones justas y transparentes en ese país para que haya un cambio de gobierno de una vez por todas y la situación económica mejore para detener el gran flujo migratorio de venezolanos a territorio norteamericano.

Según el exdiplomático, otro de los temas que impulsó este diálogo, además de la crisis energética provocada por la guerra en Ucrania, ha sido la migración. “Lo que se quiere es no buscar una democracia madura, pero por lo menos buscar una relativa estabilidad económica que reduzca el flujo migratorio hacia el norte”, señala McFields.

Daniel Ortega y Nicolás Maduro durante la tercera toma de posesión del dictador nicaragüense en 2017. Óscar Navarrete/ LA PRENSA.

Daniel Ortega atento

Mientras los venezolanos dialogan, Daniel Ortega es un espectador muy atento, considera McFields. “Si todo sale bien para el dictador venezolano, eventualmente, ellos (Ortega Murillo) podrían aceptar algún tipo de trato”, para el próximo año.

Según McFields, a Ortega ya le han ofrecido dialogar “a diferentes niveles, tanto con el hijo de la pareja presidencial (Laureano Ortega) como a través de su embajador en Washington (Francisco Campbell), pero la dictadura no quiere”.

Por otro lado, Eliseo Núñez considera que Ortega sigue viendo con mucha desconfianza a Estados Unidos y por ello advirtió a Nicolás Maduro. “En la carta que le manda Ortega a Maduro le hace una exhortación a no confiar en los norteamericanos y los europeos, es decir, todo hace indicar que Ortega cree que el camino del diálogo de Maduro es el equivocado”, comenta.

Núñez se refiere a una carta que envió Daniel Ortega a Nicolás Maduro el pasado lunes 14 de noviembre para agradecerle por las felicitaciones de cumpleaños que le envió el dictador venezolano al nicaragüense.

“Esa Hermandad nuestra nos hace también reflexionar sobre la condición perversa de los Imperios, que tanto conocemos y repudiamos. Por un lado, pretenden conversar y acordar, y con la misma mano anulan cualquier indicio de buena fe. Porque continúan manifestando su condición primaria de absurdo y trasnochado Neocolonialismo, que pretende intimidar, dominar y someter, por todos los medios, a quienes no tenemos sangre dócil, ni espíritu servil”, se lee en la carta.

“Con toda la Fuerza de nuestra Unión rechazamos a los genocidas europeos, como rechazamos al Imperio yanqui”, indicó Ortega en su carta enviada una semana antes de que iniciara el diálogo venezolano en México.

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