Por las calles de Diriamba se respiraba futbol. Dos de cada cinco personas que le preguntabas por el partido entre el Diriangén y Comunicaciones aseguraba tener un boleto para el trascendental duelo. La directiva puso a la venta 7,000 boletos y la mitad se habían vendido hasta la mañana del lunes. El ambiente futbolero se empezaba anotar tres horas antes: personas con sus camisas alusivas al equipo, vendedores en las esquinas con las banderas del club y los revendedores ofreciendo las entradas 100 córdobas más caras (salieron al público a 300 y 200 córdobas), pero cuando llegó la lluvia las ofrecían a mitad de precio para no perder.

La lluvia cayó dos horas y medias antes del juego y aplacó el ambiente festivo. Media hora más tarde la tormenta se diluyó en una brisa leve y la gente empezó a entrar al estadio como si no había ningún diluvio. La fila de la entrada principal en un instante salía hasta la calle y los vendedores aprovechaban para ofrecer sombrías, aunque muchos fanáticos ya ingresaban con las suyas o abrigados con capotes. La cantidad de agua pasó de ser persistente a intensa y poco a poco alejó a los aficionados quienes buscaban un refugio, mientras otros estaban decididos a mojarse, como la Barra Cacique, que desde una hora antes del juego inició a cantar y bailar sin importar el diluvio.
Nadie quería perderse el desafío. La última vez que Diriamba vivió un partido internacional se remonta al 2006 cuando el Diriangén enfrentó al Olimpia de Honduras en el estadio Cacique por la desaparecida Copa de Campeones de la Concacaf. Desde entonces, a pesar de sumar cuatro participación en torneos de clubes internacionales, no había albergado otro juego porque no reunía las condiciones mínimas establecidas hasta ahora que volvió bajo una pertinaz lluvia que no pudo contener el anhelo de los aficionados diriambinos.
