La sopa de res es uno de los clásicos más importantes en esta especialidad, ya que para el paladar nicaragüense es de las más apetecidas. Esta receta forma parte de lo que llamamos cocina criolla al incorporar ingredientes locales con los adoptados. Recordemos que el ganado fue un aporte de los colonizadores, específicamente Francisco Hernández de Córdoba, entre 1524 y 1526.
Cabe mencionar que en el argot nuestro se le llama sopa de res a la que se prepara con huesos y aunque se utilicen otros cortes de la res para recetas similares, se les nombra de la misma manera, tal es el caso de la sopa de costilla alta, de cola, de cuello o de caracú, todas estas con un resultado prácticamente igual a la primera, con la variante que contienen más carne que la de hueso.
Aquí no podemos pasar por alto la sopa de hueso chombón que, según la tradición, se prepara especialmente para los que debido a la ingesta de alcohol sufren de los malestares que esto genera y que comúnmente llamamos «goma”. Notoria mención merece la sopa de mondongo, que es una de las más populares por su característica particular de ser muy rendidora.

Las sopas nicaragüenses tienen la particularidad de contener una variedad de vegetales, hierbas y su caldo es ligero; salvo la sopa de frijoles, de queso y de albóndigas cuyo espesor es más pronunciado y que no tienen relación directa con la proteína que hoy estamos abordando.
Una práctica que ya casi no se manifiesta es la de incorporar arroz al momento de la cocción, sin llegar a ser un arroz aguado, claro, solo para dar una especie de toque y que el arroz aporte un sutil espesor. Otro aspecto que ha ido perdiendo presencia en nuestras costumbres —y que por cierto, mis hijos lo disfrutaban mucho— es hacer «moguitos”, que en realidad son cremas que elaboramos triturando algunos vegetales de la sopa e incorporando poco a poco caldo de la misma, para alimentar a los niños de seis meses en adelante.
Haciendo memoria en décadas pasadas, más allá del sabor de estas delicias, las sopas han sido un elemento de convivencia. Los fines de semana era parte de la tradición en los hogares hacer comidas para compartir y en ese menú un perol de sopa era de lo más frecuente y se reunían todos, normalmente en la casa materna, para pasar un rato totalmente familiar, entre la algarabía de los cipotes; el ir y venir de unos y la platicadera de otros.

En los mejores escenarios, si no era en cocineros, entonces en el patio bajo sol y en tres tenamastes, se encendía la leña, se colocaba el perol y a preparar la «soponcia», «zopilota» o sopón, como también le llamamos, mientras los demás esperaban en un enorme traspatio, pleno de árboles frondosos que con su techo natural protegían del sol a los concurrentes que orillaban sus mesas, sillas y colgaban hamacas disfrutando de la buena vida en sana convivencia, tradición que muy a nuestro pesar y en muchos casos hemos perdido.
Parte del rito de las sopas es que por si llega una visita inesperada, como decimos un paracaidista, es menester “bautizar” la sopa, agregando un poco más de agua. Otro aspecto importantísimo es el atavío o acompañamiento en el que no deben faltar tortilla, limón y chilero. Pienso yo que no hay sopa sin su copa, por ello no podemos omitir que quienes son afines a bebidas alcohólicas, antes de degustarla se toman su trago o “guapirulazo” para entrar en calor, luego disfrutan con placer absoluto todas las bondades que ofrece la soponcia. Acto seguido el colofón, y para hacer mejor la digestión como dicen los abuelos por sabiduría popular, lo que le cae como anillo al dedo es una buena taza con café de palo, humeante y servida en tazas de barro.

Si con esta semblanza de la sopa de res les hice agua la boca, entonces les comparto la receta y los invito a retomar tan maravillosas costumbres, olviden unas horas la tecnología, guarden sus celulares, computadoras, tabletas, juegos electrónicos, apaguen el televisor, etc. y degusten nuestra gastronomía, conversen, compartan, enseñen a sus hijos a hacer lo mismo y no olviden que no hay unidad familiar sin convivencia.
Así se prepara la sopa de res para seis personas
Para el sancocho:
—4 a 5 libras de hueso carnudo
—2 elotes tiernos en 3 tantos c/u
—4 litros de agua
—2 cabezas de ajo
—1 cebolla grande en trozos
—tallos de cebolla (opcional)
—pimienta y sal
Para el enverdurado:
—5 tomates majados o rallados
—6 trozos de yuca, pelada
—6 trozos de quiquisque, pelado
—2 moños de culantro
—1 chayote pelado y en 6 tantos
—6 trozos de ayote
—12 chilotes pelados
—6 trozos de repollo
—jugo de naranja agria
—sal y pimienta
Preparación:
A fuego de medio a alto, en una olla ponga todos los ingredientes del sancocho, tape y cocine hasta suavizar la carne del hueso. Seguidamente agregue los tomates, yuca, quiquisque y culantro, tape y deje hervir 10 minutos. Finalmente incorpore el resto de ingredientes, ratifique el punto de pimienta y sal, tape nuevamente y espere que den el punto las verduras.