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Managua, Nicaragua. 19/12/2018. Vilma Nuñez, defensora de los Derechos humanos desde la epoca de la Dictadura Somocista cuenta su Genesis a la revista Domingo. Oscar Navarrete/ La Prensa.

Vilma Núñez: “A mí me tendrán que sacar. Yo no me voy a ir”

La defensora de derechos humanos ve un panorama incierto para este 2022. Teme que se profundicen las violaciones a los derechos humanos de los nicaragüenses, sobre todo a los presos políticos.

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Doña Vilma Núñez de Escorcia es de las pocas voces en Nicaragua que aún habla públicamente y expresa sus ideas. Dice que conoce el riesgo, pero no está dispuesta a callarse.

La incansable defensora de derechos humanos tiene 83 años, es disidente del Frente Sandinista y fue cercana a Daniel Ortega hasta 1998, cuando Zoilamérica Ortega Murillo denunció que el dictador había abusado sexualmente de ella desde que tenía 11 años.

En esta entrevista, doña Vilma nos cuenta lo que espera para este 2022, habla sobre los presos políticos, la responsabilidad del Ejército en las violaciones a derechos humanos, su pasado como vicepresidenta de la Corte Suprema de Justicia en los ochenta, entre otros temas.

Considera que Daniel Ortega se ensaña con los presos políticos porque no los ve como adversarios, si no como objeto de una venganza personal.

¿Cómo ve este 2022 para Nicaragua?

Bueno la esperanza es lo último que se pierde, eso es lo que no debemos de perder, pero una esperanza fundamentada en la lucha. No esperar por esperar que haya un milagro, que algo pase y que se nos resuelva. El pueblo nicaragüense no está dormido. El pueblo tiene su posicionamiento interno que no lo manifiesta por todas las obstaculizaciones que hay y por el miedo que es el arma principal que este gobierno ha usado para inmovilizar a todo mundo. Si no se vence el miedo, tendremos una situación compleja. Yo veo un panorama incierto, muy difícil, grave porque entramos a un 2022 donde un gobierno se posiciona ilegalmente en el país y mantiene el control total y absoluto de todas las instituciones del Estado y son las instituciones específicamente el Poder Judicial, la Asamblea, entre otras, las que tienen que garantizar la vigencia de los derechos humanos y ahí está el primer obstáculo.

¿Qué es lo más preocupante en Nicaragua en materia de derechos humanos?

En un contexto como el que estamos viviendo donde hay una crisis de derechos humanos que se agrava en cada momento, no se pueden hacer valoraciones absolutas porque definitivamente la situación de derechos humanos en Nicaragua, en este momento, la podemos caracterizar como un proceso de victimización permanente porque el Estado de Nicaragua tiene un propósito definido que es perpetuarse en el poder y con su forma de gobernar, donde un elemento importante del mismo es precisamente la represión que se traduce en violaciones de derechos humanos. Por eso es que se demanda que, lo principal para empezar a corregir la situación de Nicaragua, pasa necesariamente por la separación del poder de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

En distintas ocasiones usted ha dicho que el Ejército de Nicaragua tiene un grado de responsabilidad en la crisis

El principal causante de la destrucción de la institucionalización y la destrucción del Estado de Derecho, la situación de impunidad, el incremento de la corrupción y todas estas situaciones que caracterizan al Estado de Nicaragua, hay principalmente una responsabilidad muy clara del presidente y la vicepresidenta. Nos hemos encontrado con un gobierno que ha acaparado el control de las fuerzas militares, Ejército y Policía, además de la creación de cuerpos paramilitares que la Comisión Interamericana ha llamado parapoliciales porque no dependían directamente del Ejército, pero yo no los desvinculo. Desde que empezó la represión en 2018 hubo participación del Ejército, porque precisamente las armas largas de alto calibre, los francotiradores y todos esos que actuaron en los primeros días de la represión era un armamento que no estaba en poder de civiles y ni siquiera, al menos públicamente, en poder de la Policía. Eso es lo que mantiene a este gobierno en el poder.

¿Cómo está la represión en el interior del país?

Cada día aumenta el número de gente desplazada. Hay un desplazamiento interno. Mucha gente ha tenido que buscar cómo salir de sus comunidades buscando como ser menos visibles, huyendo de la persecución y la represión. Eso las ha hecho víctimas del robo de sus propiedades porque envían (El Frente Sandinista) intencionalmente a personas a ocupar sus tierras u otros vecinos se las toman. Estas personas son doblemente víctimas.

¿Cómo ve el aumento de exiliados nicaragüenses en los últimos meses? Hay registros que hablan de más de 100 mil exiliados

Yo fui participe de la lucha contra la dictadura de Somoza y no recuerdo, no existió ese éxodo tan masivo. Siempre han existido los exiliados en las dictaduras, pero esa cantidad de exilio forzado que se está viendo es verdaderamente impresionante y eso revela definitivamente una característica de precariedad para el gobierno porque la gente no se va solo porque quiere irse o que se van a pasear. Se van porque aquí tienen un obstáculo para desarrollarse, para vivir tranquilamente, para ejercer sus derechos y en último caso para preservar su vida y su libertad. Siempre hay una causa para el exilio y ese responsable definitivamente es el gobierno con todos sus órganos.

¿Qué ha sabido de los presos políticos?

Hay 157 presos políticos que son de 2018 para la fecha. Hay otros diez que son Marvin Vargas, el ex cachorro, y nueve acusados por el ataque armado a una caravana del Frente Sandinista en 2014. Entre esos 10, nosotros como CENIDH sumamos uno que fue Santos Sebastián Flores Castillo. Lo menciono porque somos el organismo que acompañó a la familia que insistentemente denunció que esta persona le imputaron la supuesta violación contra una fiscal para tenerlo preso en vista que él había tenido una contradicción verbal con el presidente Daniel Ortega al reclamarle abusos sexuales que el presidente había cometido supuestamente en contra de su hermana menor.

Esta persona pasó cinco años metido en la galería 300 (de máxima seguridad), sin acceso directo a su familia, se comunicaba cada vez que llegaba su mamá a través de un teléfono y mediante un vidrio. Cuando yo quise acompañar a la mamá y a su hermana, e incluso a la esposa de Marvin Vargas, por esa razón no me dejaron entrar más al Sistema Penitenciario. Eso ocurrió en 2017. Hace como dos o tres meses murió Santos Sebastián en la celda 300 y sus familiares tienen la certeza de que su muerte fue provocada. Hay otras afirmaciones de que él se ahorcó. Es el motivo que siempre dan las autoridades cuando ocurren muertes dentro de las cárceles.

Pero sobre este caso las autoridades no se han pronunciado

Nosotros como acompañantes de este caso lo que hicimos es demandar al Ministerio de Gobernación y al Sistema Penitenciario que diera una explicación y que explicara las circunstancias de la muerte. Guardó silencio ¿Por qué ese silencio? ¿Porqué no ha esclarecido si siempre salen corriendo (cuando un reo muere) a informar que se ahorcó, que se quitó la vida o esas cosas? A nosotros nos queda la presunción grave de que a esta persona la privaron de la vida dentro del Sistema Penitenciario.

Doña Vilma Núñez es de las pocas personas en Nicaragua que todavía alza su voz por las víctimas. Teme ser encarcelada por el gobierno de Daniel Ortega, pero dice que no se callará. Óscar Navarrete/ LA PRENSA

¿Sabe algo sobre los reos políticos que ya tienen más de un año encarcelados?

Hay casos que son de extrema gravedad como el de John Cerna. Prácticamente a este muchacho lo mantienen en una situación de permanente tortura. El otro caso es el de Kevin Solís o al que le dicen “la loba feroz” (Edward Lacayo), o el de otro muchacho Jaime Navarrete. Toda esta gente puede ser como el ejemplo de la represión más perversa que puede ejecutar un gobierno en contra de un privado de libertad. Puedo decir que, si bien el pueblo de Nicaragua entero está siendo víctima de diferentes formas de violación a los derechos humanos, las personas que han llevado la peor parte de esta represión son definitivamente los presos políticos y sus familias. Esta es una situación casi inédita de las dictaduras.

De las dictaduras que ha sufrido no solamente Nicaragua, si no Centroamérica, pero también no conozco, quizás algunas aproximaciones a las barbaridades que hizo Augusto Pinochet, pero tampoco esos niveles de tener tanto tiempo sin visitas a los familiares, a los reos. Eso es realmente tortura. Yo no llamo a El Chipote como Dirección de Auxilio Judicial, si no que eso es un centro de tortura. Y en la misma situación están los reos políticos que están en el Sistema Penitenciario.

¿Qué opina de que los presos políticos puedan ser utilizados como ficha de cambio nuevamente en un posible diálogo este 2022?

Así como fue una farsa electoral, eso es una farsa de diálogo porque no se puede de ninguna manera, y no es que sea condición, sino que tiene que darse para que pueda haber posibilidad de hablar, es la liberación de los presos políticos. No se puede de ninguna manera hablar con las cárceles llenas.

Ya Daniel Ortega no ve en los reos políticos a adversarios políticos, él ve a enemigos personales. Con cada uno de ellos él quiere como vengarse. Tiene como un motivo muy personal para quererse vengar. Podríamos poner muchos ejemplos de esa venganza personal. Algo les está cobrando. Algo que él tiene acumulado en su conciencia y actúa como esa persona que todavía le duele ese golpe que quizás le dieron y por eso es ese ensañamiento en contra de Cristiana (Chamorro) y todo lo que tiene que ver con la Fundación Violeta Barrios, porque él vio en la imagen de Cristiana su misma derrota a la que lo llevaron sus mismos errores, si se le puede llamar así, en 1990.

¿No cree que Daniel Ortega también pueda tener algún rencor contra usted?

Pues fijáte que ese hombre tiene enemistades mentales con todo mundo. A todo mundo lo ve como adversario. Nadie en Nicaragua está exento de ser un objetivo en cualquier momento de persecuciones de la dictadura de Ortega y Murillo.

Usted sufrió cárcel ya en los últimos meses de la dictadura de Somoza, ¿no teme sufrirla nuevamente bajo esta nueva dictadura?

Aquí todo puede suceder. Aquí ya no vale la ley que dice que una persona de 60 años para arriba ya no puede estar presa, así que ya no tomo en cuenta mis 83 años, pero aquí estamos. A mí en ningún momento se me ha cruzado por la mente salir del país y en ningún momento se me ha cruzado por la mente el dejar de decir lo que pienso. Pero ahora ya no puedo decir que soy dueña de mi voluntad y aquí voy a hacer mi voluntad hasta que me muera, porque aquí depende de cómo amanezca la luna o de cómo se les ocurra actuar en cualquier momento, pero a mí me tendrán que sacar. Yo no me voy a ir.

¿Cree que habrá justicia para las víctimas de la represión algún día?

Yo quisiera que se hiciera justicia por unas autoridades legítimamente constituidas en Nicaragua y no tengamos que ir a buscar la justicia a nivel internacional. Pero ese es un sueño y hacia allá nos encaminamos si esta situación aquí no cambia. En los años ochenta hubo una situación de conflicto prácticamente en todos los países centroamericanos, y resulta que los otros países resolvieron sus problemas a través del diálogo, de la solución pacífica y en todos hubo una comisión de la verdad. Siempre la justicia y el respeto a los derechos humanos fue parte sustancial de esos acuerdos, pero aquí en Nicaragua no.

Si vos revisas los acuerdos de Sapoá y los de Esquipulas, en ningún momento aquí se habló de justicia, de comisión de la verdad y no se hizo justicia a pesar de que había evidencia documentada de un número determinado por ejemplo de casos de muchachos en servicio militar que fueron secuestrados por la Resistencia. Las madres de ese tiempo hablaban de más de mil casos de desaparecidos y se logró documentar 700 y tantos casos concretos y jamás se tocó el caso. El Frente Sandinista y esta dirigencia tiene una deuda pendiente en materia de derechos humanos con todo el pueblo de Nicaragua. No solo por la traición a la Revolución, sino porque jamás se hizo justicia con las muertes de los muchachos del servicio militar.

Usted fue vicepresidenta de la Corte Suprema de Justicia en los ochenta. ¿No se siente parte de esa deuda de la que habla?

Cuando triunfa la Revolución en 1979 yo estoy presa. Estaba presa en Tipitapa y para mí fue una sorpresa cuando un guardia me llegó a contar: “fíjese que en la radio Sandino clandestina dijeron que usted va a ser parte del gobierno. Tenga cuidado”. Cuando triunfó la Revolución, yo paso a integrar la Corte Suprema de Justicia con seis personas más que eran del Partido Conservador, del Partido Liberal Independiente. Encontramos un Poder Judicial desarticulado. Nos tocó integrar la Corte con los jueces que conocíamos y que pensábamos que podían desempeñar los cargos. Cuando estábamos en la Corte, por el origen político de todos los que estaban ahí, la única vinculada con el Frente Sandinista era yo. Ellos (la Dirección Nacional) ven la composición de la Corte y empiezan a desconfiar e internamente se estableció que quienes iban a establecer las relaciones con Tomás Borge como ministro del interior eran el doctor Argüello Hurtado como presidente y yo, y desde el primer momento empezaron a darse contradicciones, incluso con el ministro de justicia porque jamás quisieron que el Poder Judicial normal juzgara a los miembros de la guardia. Desconfiaron que nosotros por falta de pruebas los pusiéramos en libertad porque el hecho de pertenecer a la Guardia no era un delito. Ellos lo tipificaron irracionalmente como delito de asociación para delinquir ¿Cómo iban a tipificar ese delito si pertenecían a una institución legal en ese entonces?

Las contradicciones de carácter jurídico las manejaban políticamente por la desconfianza. Nosotros no tuvimos nada que ver con eso precisamente por esa situación de desconfianza. Nos decían conservadores, legalistas. Y creo que en lo que a mí me respecta, pensé que la Revolución era auténtica, de que, así como se habían unido para derrocar una dictadura, iban a cumplir con el estatuto fundamental en donde estaba el principio del respeto a los derechos humanos como uno de los postulados. Haber creído que se iba a combinar en la práctica esa acción fue una ingenuidad, pero lo peor de todo fue haber idealizado tanto a esos dirigentes sin analizar y creerles absolutamente. Y ese cuento de que los Estados Unidos nos iban a invadir definitivamente fue un factor determinante para que muchas cosas se silenciaran o se trataran de encontrar explicación y había también algún nivel de temor de ser excluidos del proyecto revolucionario y ser considerado contra y cualquier cosa te podría pasar.

Doña Vilma Núñez tiene 83 años. La mayor parte de su vida se ha dedicado a defender derechos humanos. Óscar Navarrete/ LA PRENSA

Plano Personal

Vilma Núñez de Escorcia nació en Acoyapa, Chontales, en 1938. Tiene 83 años.

A los 20 años se fue a estudiar a León y dice que algunos piensan que es oriunda de esa ciudad. Es sobreviviente de la masacre estudiantil del 23 de julio de 1959.

Estuvo en cinco prisiones diferentes en un periodo de tres meses durante la dictadura de Anastasio Somoza Debayle. El triunfo de la Revolución Sandinista se dio mientras ella estaba en la cárcel. “Yo pensaba que la guardia iba a llegar y nos iba a matar a todos los que estábamos presos”, recuerda aquellos días

Tiene dos especialidades en Derecho, fue presidenta de la Corte Suprema de Justicia hasta 1988 y fundo el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH) que preside hasta la fecha.

En 1963 se casó con el dentista leonés Otto Escorcia. Tiene un hijo y una hija, cuatro nietos y una bisnieta.

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