Maritza González y su hija Dayiris Boniche fueron asesinada por uno de sus trabajadores. LA PRENSA/Cortesía

Maritza González y su hija Dayiris Boniche fueron asesinadas por uno de sus trabajadores. LA PRENSA/Cortesía

El desconsuelo de María Elsa, quien perdió a su hija y a su nieta en el doble crimen de Mulukukú

Mientras tanto, al principal sospechoso, Wilmer Antonio González Méndez, “parece que se lo tragó la tierra”, dice una familiar de las víctimas

Contenido Exclusivo CONTENIDO EXCLUSIVO.

María Elsa Valle, de 80 años, sufrió la muerte de su hija hace 42 días. No fue la única pérdida, ya que ese mismo 21 de julio perdió a su nieta en el mismo lugar. Desde entonces, su vida no es igual. Su salud desmejora con el pasar del tiempo. Se alimenta poco y para evitarle mayor sufrimiento sus familiares le han pedido que trate de no llorar y evitan dejarla sola.

Luz Maritza González, de 53 años y su hija Diagnnie Dayiris Boniche, de 29, fueron asesinadas de forma atroz en su finca San Jerónimo, de la comunidad Kurinwacito, localizada a seis kilómetros de Mulukukú, Caribe Norte del país. La Fiscalía responsabiliza del doble crimen a Wilmer Antonio González Méndez, quien era el mandador de la finca y este miércoles cumple 42 días prófugo.

Lea además: Nueve testigos declaran en audiencia en contra del supuesto asesino de madre e hija en Mulukukú. Esto dijeron

Larissa Vallejos es también nieta de doña María Elsa y ha sido testigo de su sufrimiento. “Mi mita es bastante fuerte, pero últimamente la hemos visto diferente. Está muy decaída. Acongojada. Hay días que se desvela”, lamenta. Dice que el asesinato de su tía y de su prima les ha afectado tanto como familia, sin embargo teme por la salud de su abuela. “No acepta la realidad”, agrega.

La señora vive en Río Blanco, ahí fueron sepultadas madre e hija. Por muchos años Luz Maritza y Dayiris vivieron en Costa Rica, donde tenían una panadería, pero al morir el patriarca de la familia (padre de Luz Maritza) y heredar la finca San Jerónimo, decidieron hacerse cargo de la hacienda y regresar a Nicaragua.

Esperando noticias

“Parece que se lo tragó la tierra”, dice Larissa Vallejos respecto al principal sospechoso de los asesinatos de Luz Maritza y Dayiris. Esta familiar explica que a diario esperan escuchar una noticia, pero no hay ni una mínima señal de su paradero. Ni siquiera la oferta de los 300 mil córdobas de recompensa por alguna pista hecha por otro miembro de la familia de las víctimas ha llevado a la captura de Wilmer Antonio González Méndez, de 30 años.

Lea también: Madre e hija dejaron su vida en la playa para ponerse al frente de una finca y un hombre las mató por «machismo y envidia»

“Yo le digo a mi abuelita que trate de no llorar para que dejemos descansar la memoria y que las abracemos espiritualmente. Solo nos resta pedirle a Dios que le dé fortaleza para que le pueda llenar su corazón”, dice esta nieta y agrega que lo peor de todo es saber que mientras esta madre y abuela sufre, hay un culpable del que todavía no saben nada.

Apoyo psicológico

Una especialista consultada para esta nota explica que es “muy difícil aliviar el dolor para una mamá” ante la pérdida de una hija, aún si la situación fuera por muerte natural. Sin embargo, es mayor cuando todo se trató de un crimen y que también le arrebató de golpe a su nieta. “Yo he visto mujeres más jóvenes que ella perdiendo a sus hijos y la verdad es que no tienen posibilidad de recuperarse pronto y por ser ella tan grande de edad es más complejo de entender que haya visto morir no solo a su hija también a su nieta”, dice la psicóloga, quien solicitó omitir su nombre.

Lea además: Fiscalía asegura que asesino de madre e hija en Mulukukú violó a la joven

Agrega que en el imaginario social no es concebible que los hijos mueran antes que los padres. “Con ochenta años, siendo una campesina fuerte, ella está muy consciente de su doble pérdida y de la forma como ha ocurrido este hecho”. Explica la especialista que el hecho de que se capture al femicida podría llevarle un cierto nivel de alivio, pero no completamente. “No se va a aliviar totalmente. Siempre va a estar este sufrimiento por esta situación tan traumática y es muy difícil que ella lo supere”, señala.

La psicóloga recomienda a la familia de doña María Elsa Valle que le brinden acompañamiento, escucharla, arroparla y aunque ella en lo profundo de su ser desee justicia para su nieta y para su hija, no está en manos de sus seres queridos asegurarlo. “Lo que sí la familia no debe hacer es decirle: ya pasó, ya hay que olvidar. Esas expresiones no se deben hacer jamás porque es una ofensa para alguien que tiene un dolor de este tamaño”, añade.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí