La crisis del desempleo, la recesión económica, la pérdida de un familiar y la incertidumbre de no saber cuándo acabará la pandemia del Covid-19, son factores que llevan a las personas a un estado depresivo que puede conducirlos a pensamientos o intentos suicidas. Todos esos elementos, sumados la autocuarentena o confinamiento obligatorio — medidas adoptadas por muchos países en el mundo para reducir la tasa de infección del virus —, exacerba el riesgo de que una persona se quite la vida, según compartieron psicólogos a LA PRENSA.
En septiembre, en el marco del Día Internacional para la Prevención del Suicidio, la Organización Panamericana de la Salud advirtió que el coronavirus está afectando la salud mental de muchas personas e instó a los gobiernos a hablar del tema de forma abierta y responsable y aprender a identificar los signos de advertencia para prevenirlo. Pero a seis meses del desarrollo de la pandemia en el país y a poco del día de la Salud Mental — declarado el 10 de octubre por la Organización Mundial de la Salud con el propósito de contribuir a la toma de conciencia acerca de los problemas de salud mental, erradicar mitos y estigmas en torno a este tema — Nicaragua sigue sin políticas públicas ni programas enfocados en este aspecto.
«En el 2020 nos encontramos en circunstancias muy inesperadas y desafiantes mientras nos enfrentamos a la pandemia por COVID-19. El impacto del nuevo coronavirus probablemente ha tenido un impacto negativo en el bienestar mental de todos. Y por eso, este año, más que nunca, es crucial que trabajemos juntos para prevenir el suicidio», manifestó Renato Oliveira e Souza, jefe de Salud Mental y Abuso de Sustancias de la OPS.
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Según el psicólogo Roberto Ordóñez, la pandemia ha generado en las personas una gran cantidad de «duelos traumáticos» que traen consigo sentimientos de culpabilidad y un pensamiento «fatalista», ocasionando una sensación de depresión y en los extremos un intenso deseo de morir. Ordoñez indica que en el contexto actual ha sido más recurrente la atención de pacientes que presentan una crisis emocional.
«Yo en lo personal atendí a una persona que tenía sentimientos de culpas por la muerte (por Covid-19) de un ser querido, y cargar con culpas es dañino para la salud y más cuando tenés antecedentes suicidas, esta culpa puede generar un aumento del deseo de muerte», explicó el psicólogo.
¿Quiénes son los más vulnerables?
De acuerdo a la OPS, en América la mayoría de los suicidios se dan en una población entre los 25 y 44 años (36%), y en aquellas personas entre los 45 y 59 años (26%). En datos 2016, en la región se estima que aproximadamente 100 mil personas se quitan la vida anualmente.
Para la psicóloga clínica Alba Roni, la pandemia «ha tocado todas las edades» por lo que cualquier persona se vería afectada con una depresión que lleve a pensamientos suicidas por la nueva y extrema situación que está viviendo, aunque consideró que el segmento más vulnerable podrían ser los jóvenes por el círculo social al que estaban acostumbrados y las personas de la tercera edad que se sientan abandonados por su familia o aquellos que cargan con problemas o traumas del pasado.
«Hay personas que tiene un límite de soporte más bajo que otros. ¿Qué puede predisponer más a uno que a otro? Cuando traemos duelos no resueltos del pasado, traemos cargando tristeza, problemas que no resolvimos y ya traemos una predisposición que cualquier estímulo presente de tristeza y dolor puede desencadenar que los otros dolores se sumen y pueden caer en depresión», dijo la psicóloga.
Al respecto Roberto Ordóñez considera que los jóvenes son los más afectados, según el medidor de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que ubica el suicidio como la segunda causa de muerte de esta población a nivel mundial.
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«La pandemia ha generado una gran cantidad de duelos traumáticos, casi un millón de personas a nivel mundial han muerto por el coronavirus, y de ese millón de personas una gran cantidad de familias han sido víctimas de este duelo traumático», refirió el especialista.
Señales de alerta
El psicólogo compartió algunas señales que transmite una persona afectada por depresión severa o con tendencia suicida o elementos de cuidado, de las cuales las familias deben estar atentas a identificar. La primera de esas es manejar los antecedentes clínicos de su allegado, por ejemplo, si en el pasado tuvo crisis severas en las que se haya hecho daño o haya intentado quitarse la vida.
La segunda señal es que la persona lo haya expresado, ya sea verbalmente, escrito o a través de las redes sociales. «El que va a intentar suicidarse, casi siempre lo manifiesta de alguna forma», declaró el especialista.
«Llegó al consultorio una señora muy preocupada porque su niña orando le dijo a Dios que se quería morir, la señora regañó a la niña diciéndole que eso no se dice, y ese es un gran error, cuando los padres le dicen a sus hijos que no manifiesten un deseo de morir, no significa que lo dejen de pensar y un error es decirle que no lo digan, lo indicado es preguntarle por qué sienten ese deseo», aconsejó el psicólogo.
Una tercer señal de alerta es revisar su nivel de sueño, si está depresivo o duerme menos o mucho más de lo habitual o recomendado, o está comiendo demasiado o muy poco, además de manifestar pensamientos fatalistas de que nada va a mejorar. «Conviene preguntar si ha pensado quitarse la vida o lastimarse, si dice que sí, es oportuno buscar ayuda psicológica», enfatizó.
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Sobre este punto la psicóloga clínica aportó que es necesario identificar emociones, como entender el mundo desde un proceso natural en la vida, que es el nacer, crecer, desarrollarse, producir y morir. «Una vez que las identificamos, es aceptarlas, vivirlas, procesarlas y soltarlas (las emociones). El poder aceptar esa realidad, por difícil que sea, va a facilitar poder avanzar de una manera menos dolorosa a la situación que nos encontremos», remarcó Roni.
Y añadió: «Muchos decimos que quieren llamar la atención (las personas afectadas) pero recordemos que antes que una persona se suicida, ya pasó por un proceso largo y complejo en su vida y en su mente, «coqueteando» con la idea de suicidio hasta que lo llega a materializar», plantea Alba Roni.
Lo que no se debe hacer
Los especialistas llamaron a que ante este escenario no se debe invalidar ni minimizar las emociones, mucho menos menospreciar la situación que están pasando los demás. Tampoco se debe comparar su situación con alguien que está en peores condiciones porque eso les puede afectar más; tampoco hay que retarla a que consuma sus intenciones suicida. Es contraproducente. «Muchas veces la gente piensa que no lo va a hacer y lo reta a hacerlo, se han dado casos en que sí lo consuman», dijo el psicólogo.
Por su parte la psicóloga Roni recomendó no llenarlos de culpa sino de empatía. «Recordemos que la depresión es un trastorno, una enfermedad que provoca que la persona por dentro no sienta ningún interés o placer de nada, y al no haber empatía la persona se sentirá cada vez más sola. Es importante no criticar, ni juzgar».
Tome en cuenta
La psicóloga Roni destacó que es importante empezar a romper el tabú sobre los trastornos psicológicos y enfermedades, ya sea esto con la educación y más cultura orientada a la atención psicológica o psiquiátrica, para entender como sociedad que es necesario cuidar la salud mental al igual que la física. «La depresión lleva niveles y si empezamos a trabajar los niveles más leves vamos a evitar catástrofes», concluyó la psicóloga Roni.
Entre los consejos del psicólogo Ordóñez está el escuchar, aconsejar o remitir a las personas afectadas para que se desahoguen. Además de instar a que busquen ayuda profesional para que puedan canalizar sus emociones y salir de esa crisis. Tomar en cuenta la motivación y el acompañamiento a que realicen actividades de distracción, como juegos, ejercicios, salidas, en el contexto de pandemia eso puede ser una salida del encierro mental que puedan tener, eso podría ayudar al proceso de despejar ideas suicidas. Y por último, ayudarle a identificar qué planes de futuro le gustaría lograr, eso es importante que identifique los motivos que tiene para vivir y se aferre a esos motivos. Pequeños pasos como planes por días, semanas, a pequeños o medianos plazos puede motivar a retomar el valor de su vida.