Desde el 26 de noviembre del 2013, cuando firmó un contrato de Ligas Menores con los Vigilantes de Texas por 22 mil dólares, el prospecto Melvin Novoa se levanta cada mañana con la ilusión de convertirse en el primer nicaragüense en llegar a Grandes Ligas siendo un receptor. Durante siete años en el beisbol organizado una serie de dramas familiares y deportivos le han hecho saber que el camino hacia la gloria suele estar lleno de espinas. Consciente de ello y pese a una suspensión por el uso de sustancias prohibidas y la muerte de una hija de apenas 11 meses, Novoa sigue de pie, superando obstáculos y manteniendo viva la esperanza de llegar a las Mayores.
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El de las Ligas Menores “es un camino bastante complicado, pero a la vez bien bonito. Complicado en el sentido de la competencia, todos los años se firman peloteros y eso hace que, como decimos nosotros, la competencia sea más apretada. Y es bonito desde el punto de vista que conocés gente de otros países y hacés amistades, incluso con quienes compiten directamente con vos”, cuenta el destacado prospecto.
Según Novoa, de su estadía en Ligas Menores “los primeros tres años fueron los más difíciles, porque tenía una tendencia a lesionarme mucho”. Pero no todo ha sido malo como prospecto de los Rangers de Texas, sino que a la par de las dificultades también han llegado los buenos momentos. “Hubo un juego que era de vida o muerte para nosotros en 2017, año en el que estuve en Clase A corta. No fui titular en ese partido, pero desde la banca mantuve una extraña seguridad de que en el último inning yo entraría a batear de emergente y a ganar el juego. Mi sorpresa fue que en el noveno episodio, con un out en la pizarra, hombre en primera y nosotros perdiendo por una carrera, el mánager me llamó para batear como emergente. Entré al cajón de bateo y conecté un doble para empatar el juego, y luego conseguimos el triunfo”, relata.
“Todo fue un error”
Un año antes de aquella noche en la que se convirtió en héroe de su equipo, Melvin Novoa fue considerado todo lo opuesto al ser suspendido por el uso de sustancias prohibidas. “Todo fue un error”, señala, antes de explicar que “lo que sucedió es que yo tuve un accidente en el 2015, y me aplicaron un cicatrizante que se llama neobol, esto tiene esteroides porque es un analgésico para acelerar el proceso de curación de una herida. Cuando me dieron la carta (de la suspensión) me explicaron todo y me di cuenta de que debía tener cuidado. Desde ese momento yo no te tomo una antigripal, ni ninguna cosa que pueda tener ese tipo de sustancias. Salvo que sea una situación en la que realmente necesite usarlas, yo las uso, porque primero es la vida”.
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“Ese 2016 fue duro, porque me llovieron críticas, pero me ayudó bastante hacer mías las palabras de ánimo que recibí de mis padres y amigos. También fue clave en este momento el haber conversado con el psicólogo del equipo, que también es gran amigo mío. Con él entendí que de un error una debe salir con un mayor aprendizaje. El apoyo de la organización también fue importante, porque yo pensé que me iban a dejar libre, pero mantuvieron en el equipo. Recuerdo que me dolió mucho escuchar a compañeros del equipo que hablaban mal de mí por la situación, pero me enfoqué en ignorarlos y trabajar duro para demostrar que yo no necesitaba de esas sustancias para rendir y que todo había sido un error”, dice Melvin, quien debutó en Ligas Menores en el 2014.
Drama familiar
Los dramas en la vida de Melvin Novoa no se limitan a lo deportivo, sino que trascienden a lo familiar. Para ejemplo está lo que vivió en el 2017, una tragedia que cataloga “como lo más difícil que he pasado en mi vida”.

Ese año, mientras estaba en el Spring Training, recibió malas noticias sobre la salud de su hija, una pequeña que tenía menos de un año de nacida. “Al darme cuenta de cómo estaba mi hija, hablé con mi jefe para solicitarle el permiso de regresar a Nicaragua, me lo aprobaron y me dieron el boleto para el día siguiente en la madrugada. Fueron días difíciles en el hospital, pero no tuve más resignarme ante la complicada salud de mi niña. Ella tenía una enfermedad tan complicada que aquí en Nicaragua no había dónde hacer la prueba requerida para ese mal. Entonces tuvimos que tomar la muestra para mandarla a Estados Unidos, y cuando el resultado vino ya era tarde. Mi niña tenía once meses cuando murió”, cuenta el pelotero de 24 años de edad.
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Como hace en el campo de beisbol cada vez que atraviesa un bajón de rendimiento, tras el fallecimiento de su hija Novoa recobró fuerzas y retomó al camino. “La muerte de mi niña sigue siendo un factor de inspiración, que me da fuerzas para seguir luchando. Cada vez que juego pienso que en el cielo tengo un angelito que me cuida y me ve jugar”, expresa el beisbolista.
En incertidumbre
Melvin Novoa está en su último año de contrato con la organización de los Vigilantes de Texas, y aún no está claro de cuál será el siguiente paso de su carrera. “Recientemente conversé con mis jefes y ellos me dijeron que el próximo año seguiré jugando en Ligas Menores, entonces me pongo a pensar que hay dos opciones: o este año, en el que no hubo temporada por el coronavirus, no cuenta para los jugadores de Liga Menores, o piensan renovarme contrato. Yo estoy consciente de que cualquier cosa puede pasar. Sé que puedo quedar libre, a disposición de otra organización, y que ningún otro equipo me quiera, pero debo seguir. Lo bueno es que en Nicaragua siempre hay beisbol”, comenta, mientras espera recibir el permiso para jugar en la Liga Profesional.