La unidad, arma indestructible

Cada vez que veo lo que ocurre en mi país, me doy cuenta de que la única salida es la unidad de todos los sectores. En Nicaragua cientos de personas se han sacrificado pensando en el futuro.

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Siempre he creído que la unidad es un arma indestructible, pero muy difícil de conseguir. Recuerdo ese 1994. Acababa de firmar un contrato con los Indios de Cleveland por tres años y en la primera temporada ganaría 4.5 millones de dólares. A mis 40 años mi brazo me respondía muy bien. Tenía un récord de 11-6 (en ganados y perdidos) y en mi última salida había blanqueado a Boston, solo había permitido dos hits y dado una base por bolas en nueve entradas. De repente en agosto todo se detuvo.

Tocaba renovarse el acuerdo entre jugadores y dueños de equipos. Los dueños de equipos estaban coludidos para destruir el sindicato de peloteros, querían instaurar un techo salarial, modificar las cláusulas de arbitrajes, agencia libre y evitar la escalada de salarios, en otras palabras, querían controlarlo todo. A los jugadores no nos quedaba otra opción que ir a paro para exigir nuestras demandas.

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La huelga se profundizó y el encargado del sindicato de los jugadores, Donald Fehr, mantenía su postura contra los grandes empresarios y dueños de equipos. No olvido cuando me llamaron para que fuera parte de la representación de peloteros latinos. Era un veterano y me respetaban mucho. Mi misión junto a otros era mantener a ese sector unido. Viajamos a República Dominicana, Venezuela y Puerto Rico, en donde les explicábamos a los jóvenes y también veteranos lo que se buscaba.

En una reunión escuché que los dueños de equipos aseguraban que los latinos nos íbamos a quebrar primero y que a partir de ahí todo se iría a la basura, porque éramos los de menor educación y veníamos de familias con más necesidades. Yo me puse de pie y les dije: “Están equivocados, los latinos tenemos más dignidad, valores y principios que muchos nativos”. Soportamos férreamente, a pesar de sacrificar los salarios que no cobramos. El siguiente año hasta el presidente Bill Clinton abogó para que se diera un acuerdo y, en abril, se firmó el convenio. No nos doblegamos ante las élites. El pueblo de jugadores unidos pudo más que la voracidad de los dueños de equipos.

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Cada vez que veo lo que ocurre en mi país, me doy cuenta de que la única salida es la unidad de todos los sectores. En Nicaragua cientos de personas se han sacrificado pensando en el futuro. El pueblo quiere respuestas, está unido en las partes de abajo y buscan cómo salir de una dictadura: quieren justicia, libertad y sobre todo vivir en paz. No obstante, hay otros sectores como los políticos y muchos empresarios que ven otras cosas como prioridades. Unos hablan de querer democracia o cambiar la situación cuando ni siquiera aceptaron un debate; a otros solo les interesa seguir la misma línea para continuar acaparando capital. Mientras no pongan su mirada en el punto de la mayoría de nicaragüenses y coloquen a un lado sus intereses personales, la unidad cada vez será más lejana.

Veo divisiones por todos lados, le damos vida al enemigo. Recuerden que el país no es de unos pocos, sino de todos. Logremos alcanzar esa arma indestructible llamada unidad y así conseguir la meta, como aquel grupo de jugadores que nos enfrentamos a las élites en 1994.

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