Detrás de cada héroe en el deporte, hay siempre una historia que seduce. No hay deportista dueño de una hazaña que se escape de dicha norma. Tal es el caso del legendario Julio Juárez, quien forjó en el Mundial de 1972 una de las victorias más recordadas y queridas del beisbol nicaragüense. Pero antes de tocar el cielo como lanzador, Juárez fue un mal bateador y un defensor regular, según contó el legendario pícher en una entrevista con el escritor y analista deportivo Edgar Rodríguez a través de Facebook.
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“Cuando empecé a meterme a la pelota de cuero, yo iba a practicar al San Felipe, y me iba caminando descalzo desde mi barrio Guadalupe hasta el Estadio. Argelio Córdoba, que en paz descanse, era el que daba el entrenamiento del San Felipe, que era el equipo antesala para llegar al León de la Profesional”, contó Juárez, con la elocuencia que le caracteriza.
En el San Felipe, Julio intentó convertirse en defensor del cuadro interior, pero las cosas le salían a medias. “Yo jugaba tercera base, las agarraba todas pero nunca tiraba bien hacia la primera. Entonces me aburrí y no volví a ir. Después me probé jugando short y lo mismo me pasó, las agarraba todas pero tiraba mal a primera”, narró el otrora miembro de la selección ancional.
“Después me mandó a llamar desde Chinandega el Barbería Central para jugar como center field, tenía buen brazo y buena cobertura, pero cuando iba a batear le hacía swing a tres lanzamientos y no le daba a ninguno”, contó, añadiendo que aún sigue sin poder entender el porqué no lograba chocar la pelota.
El día que cambió su historia
Después de tantos intentos fallidos, el mismo destino le preparó el escenario para que se convirtiera en lanzador y forjara una carrera de números admirables. “Pero un día de tantos, la historia cambió. Recuerdo que hicimos una revolución aquí por mi casa, con un señor que se llamaba Francisco Méndez, y entre un grupo de muchachos recogimos para comprar la pelota y nos fuimos un poco de muchachos a jugar a un campo de la Ermita de Dolores, ahí piché por primera vez sin saber nada de cómo hacerlo. Fue ante un equipo que se llamaba al San Miguel, que era de la Alcaldía de León. Yo tiraba duro, pero no tenía strike ni nada”, recordó.
Tras el juego, “el dueño del San Miguel me contrató para jugar en el equipo y ese fue el primer trabajo que yo conseguí en el beisbol. Fui campeón con ellos. Después pasé a la UNAN, luego llegué al San Felipe ya convertido en pícher, y más tarde me mandó a llamar el Albañilería Central del Ingenio San Antonio. Del año 68 en adelante es cuando crece mi picheo. Luego fui a representar a occidente con un equipo que se llamaba Nicaragua Sugar State en un campeonato nacional, y a raíz de eso me preseleccionaron para ir a República Dominicana (Mundial 1969) y me gané el viaje. Así fue como empezó todo”, narró Julio Juárez, quien ganó nueve juegos en Series Mundiales con la selección nacional y venció a Cuba en el Mundial de 1972, en un Estadio Nacional abarrotado por 20 mil aficionados.
Así comenzó la historia de uno de los mejores pícheres que ha visto desfilar el beisbol nicaragüense.