Armado de un curva de arco grande y caída repentina en las cercanías del homeplate, Joaquín Avendaño hizo historia en el beisbol nacional e introdujo su nombre entre la élite de los tiradores locales.
Él está ahí en la todavía angosta lista de lanzadores con 100 victorias (139) y 1,000 ponches (1,015). Es también el tirador más ganador en la historia de los Dantos (82), tras ocho años en ese equipo.
Y sin embargo, él deseaba jugar en el Bóer. A ese club se presentó en 1986 en busca de un lugar, pero en una de las peores decisiones que directiva alguna haya tomado, lo botaron y se fue a los Dantos.
Después de su accionar en ese año de debut (1986) en el que registró 0-2 y 4.20 en 15 innings, quizá nadie sospechó el gran pitcher oculto en la escuálida y apacible figura que proyectaba Avendaño.
No obstante, un año después, junto a otros dos “corridos” de la tribu como Pedro Centeno y Leonel Rojas, Avendaño se convertiría en pieza clave en la victoria de los Dantos sobre el Bóer en la Final.
Ese año registró 6-4 y 2.08 pero a partir de 1989, vino su mejor época: resumió 15-5 y 2.48 en ese 1989; 15-7 y 3.20 en 1990; 18-10 y 2.64 en 1991 con 239 innings lanzados y 14-9 y 3.43 en 1992.
Bajó a 12-10 y 4.54 en 1993 en su último año en los Dantos, pero en 1995, lanzando para Granada, logró 16-10 y 4.09 en 200 episodios, mientras en 1996 tenía 13-4 y 3.70, en su última gran faena.
Avendaño aún jugó en las siguientes siete temporadas aunque debió hacer un tour por Chinandega, Matagalpa y Estelí, antes de volver a los Tiburones y en ese período, solo agregó 21 victorias.
Al final, se retiró con marca de 139-91 y 3.53 en 1,759.1 innings, con 1,015 ponches y 75 juegos completos, de ellos 16 blanqueadas. Avendaño se anotó también 30 salvados a su paso por el beisbol.
Fue también miembro del staff de lanzadores de la Selección Nacional en el Mundial de Edmonton en 1990, cuando se ganó el subcampeonato, entre otros torneos de notable desempeño.
Sin embargo, su más grande impacto lo registró a nivel local, donde se convirtió en un brazo estelar, gracias a su gran curva, pero también a la combatividad que mostró.
Cuando se haga el recuento de los grandes curvistas nacionales, ahí debe estar Joaquín, llamado el «Curvero de Los Ángeles» por Pedro «El Pelón» Torres en sus días de gloria con los Dantos.
Avendaño nació en la comarca Los Ángeles, en Nandaime, Granada. Y además de trabajar de forma esporádica en algunos equipos como coach de lanzadores, también cultiva la tierra.
«El beisbol solo te deja recuerdos», dijo la última vez que lo vimos en Managua, para la celebración de los 20 años de la Final Dantos-Bóer en 2017. Su figura estaba más angosta que de costumbre.
Pero su huella no pierde peso.
Edgard Rodríguez en Twitter: @EdgardR