Pablo Alvarado mientras talla un monito de la felicidad en Ojo de Agua, donde pone sobre una mesa sus variadas obras. LA PRENSA/ Gloria Acosta

Pablo Alvarado, un isleño que ha dedicado parte de su vida a labrar piedras y cocos secos

Pablo Alvarado es el artesano que se roba las miradas de los turistas tanto nacionales como extranjeros que visitan Ojo de Agua, fuente natural de aguas cristalinas, ubicada en la comunidad Santo Domingo, en el municipio de Altagracia.

Asegura no haber asistido a ninguna escuela de arte, por tanto su talento es natural como la belleza única que alberga la Isla de Ometepe.

Pablo Alvarado es el artesano que se roba las miradas de los turistas tanto nacionales como extranjeros que visitan Ojo de Agua, fuente natural de aguas cristalinas, ubicada en la comunidad Santo Domingo, en el municipio de Altagracia.

Desde Mérida, un pueblo ubicado en las faldas del volcán, este artesano de 59 años se moviliza a este sitio turístico para ofertar sus obras, y también elaborarlas ante la vista de sus visitantes.

De sus casi 60 años, 20 de estos los ha dedicado a la labor artesanal. Empezó con madera haciendo muebles, sillas, luego labrando piedras y desde hace diez años le sumó los cocos secos.

Asegura no haber asistido a ninguna escuela de arte, por tanto su talento es natural como la belleza única que alberga la Isla de Ometepe. LA PRENSA/Gloria Acosta

Rebuscando materiales

Para crear cada pieza, Alvarado se rebusca el material, algunas veces le toca ir a las faldas del volcán Maderas a buscar las piedras. “También voy a ciertas partes donde las máquinas están trabajando, cerca de la carretera, porque como el volcán está cerca, ahí cotizo y elijo personalmente, porque hay mucha variedad de rocas”, dice el artesano, mientras diseña un monito de la amistad.

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En cuanto a los cocos los compra por docena y para trabajarlo se asegura que estén bien secos y no tengan nada de humedad para que la pieza pueda durar muchos años.

Alvarado talla con este fruto seco tropical, tortugas, búhos, variedad de tipos de monos, elabora lanchas con un mono encima simulando que este lo dirige, monos pescando con sombreritos, así como pájaros, elefantes, leones, entre otra variedad de animales de la fauna que habita en este rincón de Nicaragua.

El mono triste, el mono de la amistad y el de la felicidad no pueden faltar en sus diseños. “El triste es el que se está agarrando la cabeza, simboliza a las personas cuando están estresadas, el de la amistad, este no habla de su amigo, no dijo lo que escuchó de su amigo porque trata de conservar su amistad y la confianza”, explica el isleño.

Asimismo aclara que el pelo que les diseña a los monitos simboliza el hombre y el monito significa la fauna, “entonces yo hago una combinación como se hacía en tiempos precolombinos, que elaboraban la cabeza de un animal en el cuerpo de un hombre, eso significa que ellos se llevaban bien, la idea mía es que la amistad entre el hombre y la naturaleza debe de convivir, de esa manera lo promuevo a través del arte”, explica Alvarado, uno de los pocos artesanos que se pueden encontrar en la isla.

Para simular los ojos de los monos, utiliza semilla patacón o jaboncillo, que Alvarado se las encarga a amistades que tienen árboles que dan esta semilla, en otras ocasiones él mismo se encarga de recolectarlas en la isla.

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Los tótem

Para dar vida a las piezas elaboradas en piedras don Pablo compra las rocas bolones en diversos tamaños, de donde extrae una variedad de obras.

Si es grande la piedra puede sacar hasta cuatro piezas y si es pequeña bien saca dos. “Yo trabajo en piedra la representación principalmente de Ometepe, el Dios Águila, el jaguar, la Diosa de la fertilidad, el chontal, Dios de la agricultura, entre otros”, refiere.

A esto se suman los volcanes representativos de la Isla de Ometepe, como es el volcán Maderas y volcán Concepción, petroglifos, la fauna no podría faltar, hay desde iguanas, tortugas, peces, monos y más.

Desde hace 20 años Pablo Alvarado trabaja en piedra y hace 10 le da vida a los cocos. LA PRENSA/Gloria Acosta

Para aprovechar la piedra menciona que con un disco diamantado corta la piedra, luego la tajadea para no desperdiciarla y con ayuda de cinceles y martillo da forma a las piezas, el último proceso es la lijada.

Don Pablo asegura llevar las culturas pasadas en su sangre, por lo que con gusto y amor elabora cada pieza. “Antes habían más artesanos en la isla, pero se han perdido, pero como yo tengo sangre de esas cultura pasadas, entonces me he encargado de promover, principalmente la cultura moderna que es el respeto a los demás y el recordar las culturas precolombinas”, dice don Pablo quien asegura que desde niño le gustaba dibujar y una vez que se dio cuenta que algunas cosas que la gente desecha, como el coco seco, se tiró al campo y la agricultura y aprovechó la llegada del turismo a la isla.

“Me fui enamorando de este trabajo y me he ido innovando, recuerdo que algunos turistas me encargaban cusucos, mojarras grandes y yo las hacía, siempre en piedra, pero de ríos”, finaliza.

Extranjeros compran más

Don Pablo Alvarado compra la docena de cocos secos a 60 córdobas, al mes puede adquirir 150 unidades.

Al día asegura que puede vender unos cinco cocos y de quienes más demanda tiene es de los extranjeros.

Patacón o jaboncillo es la semilla de color negro que utiliza para simular los ojos monitos diseñados en coco, para lo cual se apoya de cuchillas.

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Departamentales Escultor Ometepe archivo

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